Odio ser mujer

agosto 22, 2014

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Articulo

No pretendo que estas líneas se conviertan en un manifiesto feminista, ni una lista de cien motivos más por los cuales odiar a los hombres y al “machismo feroz, rapaz y violento” que nos ha hundido, por siglos, en la subalternidad. Tampoco busco hacer conscientes a unos cuántos de mi situación, o de la situación de varias mujeres, o usar este espacio como vertedero de opiniones subjetivas, y mucho menos que se entiendan las razones por las que he odiado ser mujer al menos una vez al día desde que fui consciente de que era una. Una más.

 Odio ser mujer porque muchas noches he llorado hasta quedarme dormida pensando en que la naturaleza, Dios, o la vida se han equivocado muchas veces. Lo odio porque desde los seis años he provocado enojo a causa de mi precocidad. Darle mi primer beso a una niña, enamorarme y ser rechazada (por ser muy alta) a los 10, menstruar y desarrollar mis senos a los 11, robarme una tanga del supermercado cuando me fui de pinta en sexto de primaria, y que cuando mi mamá la descubrió, me dijera que las tangas eran ropa interior de prostituta (la palabra prostituta entró a mi vida en ese concepto tan horrible); dejar de usar blusas de tirantes o shorts porque en la calle me gritaban cosas horribles referentes a mi cuerpo (coger, chupar, nalgas, mi verga…). También odié ser mujer el día en que mi papá me sorprendió a punto de tener relaciones sexuales con mi noviecito de la secundaria, siendo el motivo de que me propinara una de las peores golpizas de mi vida. Tenía 15 años. Mi niñez y adolescencia me dejaron en claro que ser mujer valía para pura chingada.

 Y sí que lo es, por eso en este momento de mi vida me da asco ser mujer, más cuando pienso en otras mujeres. Desde sentir celos de una chica más guapa que yo, con mejores calificaciones, mejor cuerpo, mejor novio, mejores amigas, hasta sentir la mayor tristeza del mundo cuando me vengo frente a la computadora o en la boca de mi novio, y pensar que mientras eso sucede, a una niña africana están mutilándole el clítoris a causa de una tradición insana que no tiene perdón. El perdón, mismo que Dios no le dio a Eva por “caer en la tentación” y llevarse el fruto prohibido a la boca, siendo así expulsada del “paraíso”, condenando a sufrir a cada una de las mujeres que pisaran esta tierra, por los siglos de los siglos. Amén. Amar a Dios nunca fue más doloroso desde entonces.

 Sufrir es más o menos parecido a cuando un(a) desconocido(a) te toca la vagina, el culo y las tetas en el vagón del metro en plena hora pico, o cuando tu novio te penetra sin condón aunque le hayas dicho que no. Sufrir es odiar tu cuerpo, aunque seas delgada o estés “buenona”, y aún así sentirte deprimida e insatisfecha cada que miras las fotos de las modelos de moda. Sufrir es no tener permitido amar a más de dos y prohibirte sentir una atracción incontrolable por un hombre más sensual y guapo que tu marido, y peor, si es una mujer la que empieza a despertar en ti más interés de lo debido. Sufrir es que mis compañeras feministas me tilden de superficial y “sexista” porque me depilo, me maquillo, voy al gym y uso tacones. Sufrir es pensar en Beyonce y Rihanna, pero también en las demás mujeres negras del mundo sufriendo el peor de los rechazos. Hay tantas formas de sufrir siendo mujer. No me alcanzan las palabras.

 Y no creo que ninguna de estas razones tenga tanto peso como para ser tomada en cuenta, pero sí la razón misma de odiarse por haber nacido con vagina, caderas y senos. Mirar a mi al rededor y ver toda esa mierda reflejada en el espejo cuando miro mi cuerpo desnudo en el baño. Son como cicatrices. Y también heridas abiertas e infectadas, dolorosas de tanto odio y enojo. El enojo, el miedo y la violencia que denota la palabra puta cuando viene de los labios de tu padre, o de otra mujer, o del mundo. Un mundo que se alimenta del odio entre mujeres y del odio a las mujeres, y del odio que se tienen ellas mismas.

 Por esto y más, es que odio tanto ser mujer.

 

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Cynthia García

Casi licenciada en Estudios Latinoamericanos, FFyL UNAM. Tauro. Amo a los gatos. Amo la pizza. Hip-Hop. ¡QUESO! En la escritura he encontrado lo que jamás imaginé: libertad.