Nao ninshiki: ¿Quieres ser un cíborg?

enero 30, 2015

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Críticas, Extras, Random, Sexto Sentido, Tacto

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Hace unas semanas atrás, por calamidades que ya están escritas en la palma de mi mano (las cuales, por desgracia, ninguna bruja quiere enseñarme a leer), visité un hospital y digamos que, ahora sé porque es uno de los lugares más desagradables que existen.

 Gradualmente, y con el paso del tiempo infinitamente más largo dentro de estos edificios, es inevitable entrar en preocupaciones de índole espiritual, reflexivo, psicológico y hasta ficcional… como lamentar no haber nacido en el 3000 d. C. y solucionar los problemas de salud con un simple reseteo y un contrato en el que se lea: Este documento establece su autorización para el formateo de su corazón y cerebro electrónicos, después del cual, usted podrá seguir viviendo normalmente. Cualquier posible daño o pérdida colateral es bajo su pleno consentimiento. Firme aquí.

 Quizás, convertirse en un cíborg (un organismo parte humano, parte máquina) ayudaría a eliminar muchos males humanos, enfermedades por ahora incurables, incluso la eliminación de defectos y debilidades arrastradas por miles de milenios como la vulnerabilidad del hombre al clima o a los accidentes… qué decir de la evolución de los hospitales a modernas boutiques de prótesis, chips y trueque de células madre.

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 Pero ¿debí usar la palabra ficcional para el ejemplo? ¿de verdad implica la absolución de mi empacho de hospital y de enfermedad, el convertirme en un ciborg? Para algunos, es sólo cuestión de tiempo que estos nuevos seres sean más que una realidad, uno de ellos es el más grande defensor y pionero en investigaciones de vinculación humano robot que habita el planeta, Kevin Warwick.

 El Capitan Cyborg, así bautizado por The Register (portal londinense de noticias sobre tecnología y ciencia), ha iniciado un plan para enlazar exitosamente los organismos humanos con los mecanismos electrónicos y cibernéticos, y para ello, él ha apostado la cosa más admirable para su misión: experimentar con su propio cuerpo.

 El profesor en cibernética y robótica por la Reading University de Londres, tiene entre sus diversos e importantes reconocimientos el ser considerado una de las personas más influyentes en el curso de la humanidad, debido a los hallazgos y resultados de sus experimentos, enlistado junto a personajes como Galileo, Einstein, Curie, Nobel, Oppenheimer y Rotblat… así que ya puedes imaginar la talla de lo que a continuación te contaré.

Gallery_Image_6608 Su nombre es Proyecto Cyborg y su objetivo es responder qué sucedería si el hombre se fucionara con un ordenador. En 1998, a las 4:00 pm, en algún lugar de Gran Bretaña, un chip transmisor fue incrustado en el antebrazo de Warwick. Después de la cirugía, el científico podía controlar remotamente puertas y otros dispositivos gracias a este chip en su organismo.

 El éxito de este experimento radica en la excelente aceptación del cuerpo por aditamentos sintéticos dentro de él. Cuatro años después la segunda parte del proyecto (Project Cyborg 2.0) fue realizada nuevamente en el brazo del profesor Warwick, pero esta vez, el implante probaría la fructífera comunicación entre un ordenador y el sistema nervioso del hombre.

 El resultado: el Capítán Cyborg logró controlar una prótesis de brazo y una silla de ruedas con los impulsos recibidos y enviados al ordenador desde su brazo y viceversa. Otros datos recogidos en esta prueba fue la comunicación entre dos sistemas nerviosos de manera puramente electrónica a través de Internet (para lo cual un dispositivo similar fue injertado en la esposa de Kevin Warwick).

  Estos dos hechos probados hace 12 años, dan cuenta de lo palpable que es un futuro cercano lleno de estas interacciones cada vez más profundas. Y es a partir de estos sucesos que el camino se torna mucho más complejo.

 La tecnología siempre ha contado con dos caras de su realidad: una tan oscura que nunca se prevee el alcance negativo de su mala o inadecuada implementación; y una tan clara y brillante que nos enamora y nos rendimos ante las mieles que nos vierte en los labios.

 La bioética junto con los distintos cuestionamientos sobre la implementación y prejuicios de una posible sociedad cíborg o humanos cibernéticos, aterriza e intenta protegernos de la cara negativa de este paso evolutivo. Una aterradora pero factible idea de sometimiento, de un control interno y a distancia que superaría los terroríficos sueños de Orwell y Huxley, donde la vigilancia y coacción cuarten la libertad de los seres humanos desde los cuerpos.

 La Corporación VeriChip, subsidiaria de Applied Digital Solutions, ( compañía estadounidense) vende desde el año 2001 implantes con información del portador así como un localizador GPS. Es de suponer que esto es con el consentimiento del usuario, firmando un acuerdo como el que imaginé anteriormente; sin embargo, el asunto va más allá.

 Es inevitable no imaginar un escenario prematrix o post apocalíptico cuando estudios (especulativos, es importante aclarar) de Francisco Varela y Humberto Maturana, biólogos chilenos autores de la teoría de la autopoiesis (concepto que dicta que todo ser vivo es autónomo y capaz de producir sus propios componentes para preservar sus relaciones internas) respecto a la inteligencia sintética como los organismos cíborg, estos últimos declarados como homeostáticos (capaces de conservar estables las condiciones internas en diferentes ambientes) con la capacidad de adaptarse para sobrevivir.

 Lo anterior puede ser el mayor conflicto entre ambas partes, pues de existir divergencia de decisiones o intuiciones entre la parte humana y sintética, una desconexión u obligada conexión puede tener consecuencias inesperadas. Esto se discute después de que algunos robots modernos han desarrollado una inteligencia superior, tal como ocurrió en el año de 1999, cuando Warwick hizo el primer robot que aprendía en Internet cómo moverse en un entorno y luego le enseñó a otro robot a comportarse de la misma manera. El nuevo programa del segundo robot no fue hecho por un humano, sino por otro robot que se basó en lo que él, por sí mismo, había aprendido.

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  Otra cosa que me parece importante mencionar es el hecho simple y humano (al parecer, pues no hay otra explicación) de la discriminación por cualquier causa. Me refiero al posible costo de tales “productos”. Evidentemente, no todos podrán beneficiarse de estos implantes u órganos cibernéticos, lo que segregará quizás ya de forma irreparable y definitiva a la humanidad, ya no en pobres y ricos, sino en cíborgs y humanos simples.

sterlac 2 A pesar de estos aspectos para nada insignificantes, en la actualidad existen manifestaciones en apoyo a una evolución humana, a la consagración del hombre con la máquina. Nombres como Sterlac, un artista único y genial desde mi punto de vista, que empecinado en ser un cíborg, crea performance con brazos biónicos, orejas cibernéticas incrustadas en su antebrazo o exoesqueletos manejados por músculos de su cuerpo, con lo que busca promover la nueva era del hombre.

4701a9_863e53d641dd8be38d7f51b65dd94f14.jpg_srz_300_180_85_22_0.50_1.20_0.00_jpg_srz Hoy en día ya existe la primera institución cíborg en el mundo. Se trata de la Cyborg Foundation, creada por la bailarina y coreógrafa Moon Ribas, quién se ha implantado sensores sísmicos en las orejas; y Neil Harbisson, primer cíborg reconocido, artista y activista que tiene añadida una antena diseñada por él mismo, con la cual puede escuchar los colores, ver rayos ultravioleta y recibir Neil-Harbisson-Cyborgcualquier interacción desde otro dispositivo directamente a su cabeza. Ambos, alientan a las personas a ser cíborgs y promueven los derechos y legislaciones para ello.

 Sería útil también, echar un vistazo a las muchas películas, cuentos, novelas, fotografías y esculturas sobre todo tipo de implicaciones que acarrea el juego de ser Dios. Robots y cíborgs inundan nuestro imaginario colectivo, hoy y desde hace mucho tiempo. Tenemos desde la hermosa historia de identidad y búsqueda interior, divertida y ligera cinta coreana I’m a Cyborg, But That’s OK,  o el anime de culto Gosth in the Shell que aborda el tema de manera profunda; hasta los tristes desenlaces de Frankenstein y  el poema El Golem, del gran Borges.

 Lo primordial, al final y en mi opinión, recae en la adaptación, comprensión y equidad de la coexistencia en el planeta, cosa que el hombre, tanto en sus épocas doradas y oscuras, tanto en sus estratos bajos y altos, nunca ha conseguido, y de ahí que resulten tan factibles los peligros que traen consigo desear ser o crear una raza superior… porque de eso estamos hablando, de la llegada de un mejor ser humano.

 Quizás, el precio de ser humano es enfermar y tener hospitales, tener limitantes y cuidarlas hasta la muerte, sin segundas oportunidades, sin poder ver las ondas radiales viajando en el viento o sentir la sensación de destrozar una roca con la palma de una mano biónica… ¡Pero a quién quiero engañar!, yo quiero ser un cíborg. ¿Tú?

Seck

Adorador del árbol prohíbido, coleccionista de imágenes, admirador de las letras y dicípulo del arte