Museo de Arte Moderno: 50 años, 50 obras

septiembre 26, 2014

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Exposiciones, Extras, Museos, Vista

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Erigido a las afueras del pulmón más grande de la ciudad de México, el Museo de Arte Moderno se viste de gala para recibir a sus visitantes en una exposición retrospectiva que se compone de obras maestras, cuidadosamente elegidas de entre su vastísimo acervo artístico, para conmemorar sus primeros cincuenta años de vida.

 Es en una de las salas de la parte superior del recinto donde la directora del MAM, Sylvia Navarrete, da la bienvenida a los asistentes con un pequeño texto introductorio a la muestra, en el que rescata un poco del pasado del Museo, su transición para llegar a ser lo que ahora conocemos, su relevancia, históricamente hablando, y la reunión de algunas memorias.

 El Museo de Arte Moderno posee un acervo de, aproximadamente, dos mil 500 piezas, constituyendo así uno de los fondos institucionales más exhaustivos del siglo XX.

En sus numerosas exposiciones se han exhibido trabajos de 773 destacados artífices de la pintura, la escultura y la fotografía, entre otras disciplinas.

 En la muestra La colección. 50 años, 50 obras se reúnen ejemplares de pintura y escultura de 36 distintos artistas activos durante la primera mitad del siglo XX. Destacan nombres como el de Frida Kahlo y Diego Rivera, Ángel Zárraga, José Clemente Orozco, Remedios Varo y Leonora Carrington, María Izquierdo, Dr. Atl, David Alfaro Siqueiros y Rufino Tamayo, entre otros.

 Además del valor estético que implica el tener grandes obras concentradas en un mismo espacio, se suma un valor histórico, puesto que un número considerable de las piezas ahora expuestas, también formaron parte de la ceremonia de inauguración del MAM, en el año de 1964. “El fiel público del MAM, el que asistió a su inauguración, el que correteaba en la infancia por sus salas y jardines, el que sigue visitando sus exposiciones y pendiente de sus actividades académicas y lúdicas, volverá a identificarse con este patrimonio que es suyo”, refiere Navarrete.

 A lo largo de la muestra se incluyen detalles de algunas de las obras para contextualizar a los visitantes, lograr una mejor comprensión y, por tanto, un mejor recibimiento.

 

La vendedora de frutas, de Olga Acosta (1951)

Fue realizada por un encargo que le realizó Fernando Gamboa —en nombre del
Instituto Nacional de Bellas artes (INBA)— a Acosta para la Exposición de Arte Antiguo y Moderno Mexicano, en el Museo de Arte Moderno de París, en 1952.
El cuadro se simboliza la diversidad y riqueza natural de México.

 

Paisaje con piña, de María Izquierdo (1953)

Izquierdo solía representar la vida cotidiana del pueblo. En este ejemplar de altos contrastes
se observa en primer plano una piña tirada y, como antítesis de esa vivacidad
el conjunto de troncos secos y desnudos, en punto de fuga.

 

Huerta del ex Convento de Guadalupe, Zacatecas, de Francisco Goitia (1940)

Goitia recurre al género del paisaje para retratar su natal Zacatecas.
La escena realista se retrata con la técnica del impresionismo.


La espina, de Raúl Anguiano (1952)

En 1949, Anguiano es convocado por Fernando Gamboa para formar parte de la expedición
a la Selva Lacandona para registrar los murales descubiertos en Bonampak en 1946.
Anguiano escribe en su diario acerca de María, su guía durante el viaje,
y de aquella ocasión en que se le clava una espina en el pie y recurre
a él para pedirle su navaja y poder sacarla.
Tres años después, pintaría este cuadro.

 

 En la parte media de la exposición, se acapara una pared entera para explicar de manera dinámica la historia del MAM en una línea del tiempo que comienza en 1921 con la mención de José Vasconcelos como primer Secretario de Instrucción Pública y la creación del Departamento de Bellas Artes, la posterior creación del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), la construcción del Museo de Arte Moderno basada en un diseño del Arquitecto Pedro Ramírez Vázquez y el inicio de su funcionamiento el 20 de septiembre de 1964; la mención de todos los Directores del MAM —desde Carmen Barreda y hasta Sylvia Navarrete— y memorias de los eventos que ha cobijado el Museo: exposiciones colectivas e individuales; de artistas nacionales e internacionales; temáticas, de alguna corriente artística en particular; de pintura, fotografía, diseño industrial, arquitectura; homenajes, retrospectivas, coloquios, filmaciones de películas y un largo etcétera.

 La exposición culmina  en una pequeña sala en la que, literalmente, se dan cita artistas y personalidades implicados, de alguna u otra manera, en la historia de este quincuagenario recinto. La estética del diseño se resolvió en blanco y negro, acaso para remontarnos un poco más al pasado, un viaje en el tiempo, como si nos hicieran parte de ese montaje en el que se encuentran. Divididos en dos secciones que simulan hileras de butacas, los invitados permanecen ahí, como mirando a los asistentes, como agradeciendo la visita a éste, uno de los patrimonios físicos artísticos más queridos y visitados de la ciudad.

 

 

 Una muestra con grandes ejemplares artísticos que provocan el despertar de esa noción nuestra de la riquísima cultura que poseemos, y que por momentos pasamos por alto. Bien vale la pena darse la oportunidad de visitarla con tiempo para empaparse del propio legado artístico y reencontrarse con este grupo de piezas célebres. Imperdible.

 El MAM mantendrá abierta al público su muestra la colección 50 años, 50 obras hasta la segunda semana de febrero.

Karla M. Ricalde

(Ciudad de México) fue un jueves de la segunda mitad del año de 1992. Licenciatura en Comunicación y Periodismo por la UNAM. Fotografía y especialidad en producción radiofónica, aunque gusta también de la ortografía y la puntuación.