Más de 43

octubre 17, 2014

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Fue el 26 de septiembre, a principios de otoño. Esa noche, el sonido de las balas ensordeció muchos corazones, muchas esperanzas, muchos sueños. El aire tropical guerrerense dejó de exhalar brisa templada cuando todos supimos la noticia: eran 43, un número sordo, un número impar. Cuarenta y tres, 40+3, 4-3…43 puede ser un número pequeño, pero pesado: cargaba con tantos anhelos…

 43 anhelos que han permanecido amordazados, maniatados, sino es que dormidos, quemados, enterrados. Llanto por doquier, llanto de la madre de Jorge Aníbal, del padre de Felipe, de la hermana de Antonio… de la esposa e hija de Julio César, a quien le arrebataron el rostro en su intento por huir de las balas. Su cuerpo mutilado es el reflejo de la más dolorosa indiferencia, del sadismo de los que todo lo tienen, de la desesperanza, la miseria y el despojo.

 Ellos eran (no, no eran, son)… Ellos son esos chavos que provienen de familias campesinas, pero quieren superarse. Son quienes tienen el interés de compartir sus conocimientos, de enseñarles a leer a niños indígenas de la montaña que no hablan español. Caminaban de dos a cuatro kilómetros de sus casas a las escuelas cercanas a su comunidad. Por eso decidieron ir a la Normal, donde podrían comer y dormir para así aligerar los gastos familiares y valerse por sí mismos. Aunque fuera entre cucarachas, aunque tuvieran que dormir 10 en el mismo cuarto, no importaba, el fin justifica los medios.

 “¿Quiénes son esos pinches indios revoltosos?”, se leía y se escuchaba por ahí…quizás no lo sabemos, porque no son nuestros Emilianos, Israeles o Alexanders, porque sólo los hemos visto en las fotos que andan circulando. No les conocemos el rostro, pero sabemos que somos nosotros. Te das cuenta de que eres tú porque también eres estudiante, porque también corres el peligro de que te arranquen la vida por el simple hecho de ser joven y cuestionar lo que te rodea. Porque también te persiguen por pensar que puedes sacar del atraso a tu comunidad, porque te indigna nadar en la mierda y quieres salir de ella…

 Da rabia y coraje que los sueños de Abel y José Ángel “estén” enterrados en fosas clandestinas. Da terror imaginar el miedo y la incertidumbre de sus padres, de las madres campesinas que apenas hablan español, que no pueden entender por qué… ”¿Por qué nuestro muchacho? si él sólo venía a estudiar y superarse, ¿por qué me lo quitaron?”

A relative of one of the missing students from Ayotzinapa Teacher Training College "Raul Isidro Burgos" cries during prayers at the basketball court in the school at a private mass in Tixtla

 Iguala ya no será la misma. Iguala está salpicada de la sangre de David Josué, quien con apenas 15 años sólo sabía de amigos y fútbol. Se los arrebataron. Las huellas dactilares del odio son la única y más palpable evidencia de esta soledad infinita que recorre los huesos de todos y cada uno de nosotros, quienes les lloramos. Y su cadáver está repleto de ellas.

 El rostro de Julio César vive en nosotros, no nos lo arrancaron. Aún tenemos ojos para mirar y boca para gritar que vivos se los llevaron y vivios los queremos. Y mientras “ellos” buscan a 43 muertos, aquí esperamos a 43 vivos, para gritar con esta misma rabia que queremos justicia. Juntos y vivos o que todo arda. Somos más de 43.

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Imágenes tomadas de internet, la última del facebook de Semanca Huitzilin https://www.facebook.com/temixoch

Cynthia García

Casi licenciada en Estudios Latinoamericanos, FFyL UNAM. Tauro. Amo a los gatos. Amo la pizza. Hip-Hop. ¡QUESO! En la escritura he encontrado lo que jamás imaginé: libertad.