Margaret Keane, Big Eyes y el cine de Tim Burton

febrero 10, 2015

Por:

Arte, Cine, Extras, Vista

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MargaretKeane La historia llevada al cine de Tim Burton, comprende un periodo de la vida de la pintora Margaret Keane, conocida con varias firmas: Peggy Doris Hawins, Peggy Ulbrich, MDH Keane y Margaret Mc Guirre; variables a través de los procesos de la vida de la artista. La mujer es conocida por los grandes ojos que llenan el rostro de los niños lastimosos de sus pinturas, que en algo recuerdan a la serie de pinturas de Bruno Amadio, pintor Italiano.

 La decisión de si es arte o no está y estuvo como siempre al debate. La historia aquella en que el esposo de Margaret, Walter Keane y de quien tomó el apellido como es costumbre, hizo fama y fortuna a través de los lienzos que ella cubrió en los estados de soledad más profundos, encerrada en un cuarto denso por el olor a thinner, oleos y viniles, en tanto él se regodeaba con un trabajo que no partió de sus manos ni de su capacidad creativa o devastadora, es el tema central de la película. Si bien el tema es bueno y a Burton no se le puede pedir mucho porque siempre lo da, hay un ligero ambiente festivo a lo largo de toda la película, sobreactuaciones que entregan desencanto, que la tornan de pronto en producto comercial para ser llevado a cualquier pantalla y no para entregar la historia en el nivel puro. A saber si la intención era esa. A mí francamente me sobra y me hace ruido.

 La cosa aquí es este estado que no pasa por encima de las imágenes, de la soledad desgarradora que padeció Margaret, los demonios de que fue presa, porque a medida que avanzaban los años, entregada al silencio del pacto hecho con el marido: los niños aquellos, sus hijos, su creación se tornaba más sombría. El llanto que los caracterizaba, el hambre. Hambre no como un mero acto humano sino un hambre más allá de todo, como a Frida le dolía la vida, con trazos infantiles; esto pasa un poco de largo, pero el lugar de donde procede, la pasión, la introversión excesiva que a ésta artista en particular la llevo al encierro, sola con los caballetes y los pinceles, eso me falta. Y lo otro, el asunto de destinos: ella abre una galleta justo antes de la hecatombe de popularidad que se avecina y que ciertamente se lo anticipa.

 Que si bien el otro hizo abuso de lo que denominaremos talento de la mujer con la que compartía la vida, fue de algún modo necesario para el hecho, porque de no ser por los actos por él cometidos, la obra no habría sido el fenómeno que fue, y que nadie que lo haya conocido niega. Porque el hombre ciertamente era atractivo, físico no importa, en un asunto de energía atrayente, carismático vamos, capaz de atraer atención sobre sí mismo, pero el manejo del actor en este sobresalto, con tanta energía disparada, aventada a la cámara como cubetadas de agua, lo pierde por completo.

 Entonces el asunto de la historia (real también) del juicio que determina quién verdaderamente es el autor de los “Big eyes” y el juez concede una hora para que los dos hagan un cuadro del mismo estilo, en el que él alega tener lastimado el brazo que sostiene al pincel, parece a pantalla más bien una farsa irreal. Una pena. Pero vean la película y después ya si se sirven, me cuentan. Se estrenó en Estados Unidos y España el 25 de Diciembre del 2014.

Brenda Mitchelle

Licenciada en mercadotecnia, actriz, productora, directora de teatro y escritora con frecuentes vaivenes de fe en la humanidad y miedos portentosos de ella. Convencida de ser hombre desde los ocho años.