MAHO: el arte de florecer

diciembre 10, 2014

Por:

Extras, Objetos, Random, Sustentabilidad Ambiental, Tacto, Vista

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La inspiración, como sucede muchas veces, apareció de la nada. A finales de octubre de 2013, el escultor botánico de origen japonés Azumo Makoto vino a México en el marco de las actividades del Abierto Mexicano de Diseño. Además de impartir un taller, realizaría la instalación de un conjunto de esculturas florales gigantescas situado en la Alameda Central. Ella presenció la elaboración de dicho montaje sin imaginar que ése sería motivo de un entusiasmo tal, que le llevaría a comenzar una etapa nueva, espontánea, imprevisible y llena de satisfacciones.

 «Algo vibró en mí» es como lo explica María, y fue así que en las flores vislumbró la motivación que no buscaba, pero acogió como empuje de crecimiento a nivel personal y profesional. Como si se tratara de un arranque incontenible que de pronto despertó, María abandonó lo que tenía seguro en aquel entonces y se aventuró de lleno a emprender ese inquietante viaje de pétalos y sépalos, con destino incierto.

 Su visión, determinada pero aún poco orientada, la orilló a comenzar una especie de bitácora herbolaria diaria en noviembre de ese mismo año, apenas unas semanas después de aquella eclosión producida por Makoto. «En ese momento me sentí muy plena, y dije “creo que  esto es lo que quiero sentir por un buen rato”». Compró decenas de plantas, de todos los tipos y colores, adaptó una terraza  como hogar temporal de esa flora y sólo así, y acompañándose de libros, cuadernos y manuales, comenzó a aprender de manera autodidacta de ese universo natural, totalmente ajeno a ella hasta entonces.

 María tenía como experiencia previa la iniciativa de una pequeña empresa personal en venta de productos, Sandía, y, aunque continuaba en busca de solidificar este nuevo proyecto, sabía que quería dirigirlo hacia un rumbo distinto. «Más que querer un negocio como tal, me gustaba mucho la idea de ser la intermediaria en historias. Las flores eran como ser parte de una pareja, de algo; es ser parte de un momento en particular, y eso no se vende como mercancía. Cuando intentaba aterrizarlo, llegué a ese punto de entender que más allá de que fuera por solvencia económica o porque fuera algo mío, yo quería hacer feliz a otras personas. Sí, que reconocieran mi trabajo, pero que estuvieran contentos con algo que yo pudiera crear».

 Es allí que radica la esencia tan particular de lo que, al comenzar en su etapa temprana bajo el nombre de El Jardín de María, evolucionaría a la actual MAHO, esta pequeña firma de diseños florales al mando de María José Constantino, que está cumpliendo su primer año de vida. Ella, con preparación artística profesional en la actuación, involucra en este quehacer manual la pasión y sensibilidad que sólo se queda tras años en contacto directo con las artes.

«Cuando estoy por preparar algún pedido, yo lo veo como dibujándose imaginariamente, así como sucede con cada acorde o nota dentro de la música.
Y es que toda la música es bonita, y a mí todas las flores me parecen bonitas,
pero imagino las formas y colores que puedan gustarle a cada persona»

comenta María, la florista y feliz creadora de MAHO,
manera con la que se nombra como carta de presentación.

 

 Durante este primer año de trabajo activo de la firma, las flores de María se han esparcido en distintos tipos de eventos y dejado a su paso numerosas anécdotas para dichosa remembranza de la joven dueña y emprendedora. Eventos comunitarios, delegacionales y empresariales, participación con firmas discográficas, en fiestas anuales como las correspondientes al 14 de febrero o 10 de mayo, y cómplice en todo tipo de historias de amor —desde el encargo de un chico argentino para su novia en México, hasta la accidentada historia del ramo de novia que debió viajar del DF a Monterrey y de allí a su destino final, Cancún—, MAHO busca involucrarse, de lleno y de la manera más íntima posible, en cada suceso de que se hace partícipe.

 10 de diciembre es la fecha en que la flora de este jardín se engalana para celebrar a lo grande su primer aniversario, y MAHO sigue cultivando lo que sólo podría resultar de un trabajo constante, dedicado y adicionado con amor, que, en palabras de María, es la fuerza más grande e impetuosa que puede haber para dar rumbo a todo alrededor.

 Culmina el primer calendario de muchos en la vida de este mágico proyecto, con la certeza de un futuro próspero, nutrido por la dedicación de la batuta de María, pero en gran parte forjado por la convicción de sus compradores y de los seguidores amantes de la naturaleza que perciben el inequívoco cariño y empeño depositados en cada ejemplar expedido por MAHO

 

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Karla M. Ricalde

(Ciudad de México) fue un jueves de la segunda mitad del año de 1992. Licenciatura en Comunicación y Periodismo por la UNAM. Fotografía y especialidad en producción radiofónica, aunque gusta también de la ortografía y la puntuación.