Los amigos que perdí y las rayas que gané

enero 1, 2015

Por:

Notas, Objetos, Oido, Random, Reseñas, Tacto

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Ya empezó el año, tiene unas cuentas horas y pienso en los comienzos. Todo se define al inicio, como en la literatura o las películas: las primeras líneas definirán tus ganas de quedarte o de abandonar el trabajo de otros. Entonces pienso en enero, como la columna estructural del año, pero luego me acuerdo que no siempre importan las primeras impresiones, sino las conclusiones.

 Pienso que soy afortunada y maldita a la vez, gracias a esa y otras tantas dualidades es que no estoy recibiendo un vasito con medicamentos en el Fray Bernardino Álvarez u otra institución mental.

 También pienso que el pasado no es un lugar cómodo para vivir –lo leí por ahí–. Me dejo llevar por la hermosa sorpresa del minuto siguiente. Porque cuando apenas te acostumbras a algo o alguien, de pronto cambia y avanza, para evitar que te encariñes y sufras desilusiones. Ya es demasiado con tener que lidiar con la misma familia toda la vida, como para ir conservando nuevos lazos sociales, que no siempre son necesarios o gratos. Permanece simple y con un círculo pequeño y será más fácil contar con los dedos a los que de verdad importan.

 Observo mi vientre y noto los kilos que aumenté desde el consumo desmedido de comida y aunque no estoy orgullosa, tampoco arrepentida.

 Si se trata de hacer un balance como los que observé en las redes sociales, con todo y serios reclamos al 2014 por lo mal que los trató, considero que es cada individuo el que decide cómo será tratado. El que se construye la “suerte” y se debe desafiar todo pronóstico negativo. La victoria es algo que se elige y se afronta, no una suerte echada con una moneda.

 Entre las cosas que sé que pasarán en este nuevo comienzo, están los placeres de la carne, a los que jamás he podido decir que no. Me temo que tampoco haré dieta. Esperaré hasta que la temperatura se eleve para retomar mis pasatiempos en el exterior. Mis patines y mi bicicleta están abandonados desde que el viento es más frío.

 Perdí a varias personas fundamentales en mi existencia por una borrachera –que ni estuvo tan buena–. A ver sí aprendo a conservar la cordura aunque esté algunos grados de alcohol arriba.

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 Ésta, mi nueva oportunidad para corregir y hacer del borrador un cuento perfecto, con todas las fallas que la perfección necesita.