Lecturas compartidas: Alfonso Reyes.

junio 6, 2014

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Otra nueva entrada de la sección “Lecturas Compartidas”, que ésta vez propone un salto al pasado, a la augusta primera mitad del siglo XX, para recordar y rememorar a un poeta, narrador, ensayista, dramaturgo (y también diplomático) mexicano que desgraciadamente ha sido olvidado por las nuevas generaciones: Alfonso Reyes, nacido un 17 de mayo de 1889 en Monterrey y fallecido el 27 de diciembre de 1959 en la ciudad de México.

 Dícese por algunos críticos que su trabajo se encuentra entre los mejores de la historia de la literatura mexicana. Cuenta con un listado de características que lo posicionan en un lugar excéntrico dentro de las letras, gracias a su estilo, su capacidad descriptiva, su emanación tan natural de sentimientos que glorifican la patria, e incluso por las casualidades de su vida, que se encuentran esparcidas por toda su obra. Produce un interés fascinante que el lector aprecia en todo momento (un poco lo que se siente leer Memorias de mis tiempos de Guillermo Prieto).

 Al buscar los detalles en su biografía te encuentras con un mar de historias y anécdotas, dignas de ser contadas. Sus años formativos se revistieron con la capa militante de la revolución mexicana, su condición aristócrata (muy complicada ya que su familia era simpatizante con la dictadura porfirista) se antoja casi poética cuando se observa desde un punto analítico según las diferentes caras de la revolución.

 Justo en esos momentos de graves tensiones que vivía México, Alfonso Reyes se exilia en España desde 1914 hasta 1924.  Durante este periodo en territorios madrileños se consagró firmemente a la literatura, y sus creaciones alcanzaron la fama de escritor de altos vuelos.
Después de que los problemas en su tierra natal se aquietaran, el gobierno lo incorpora al servicio diplomático, que le dio la oportunidad de estar en países como Argentina, Francia y Brasil, donde conoce a personalidades de la vida intelectual, tales como Victoria Ocampo, Leopoldo Lugones, Jorge Luis Borges, entre otros.

 Tuvo la virtud de escribir en un español perfecto, que no era de España ni de México, era de él, él lo inventó, le puso su sello y pasará a la historia de la literatura como un estilista de primera fila.

Emmanuel Carballo.

 Hoy en día, el legado de Alfonso Reyes está presente en un México que ha buscado la conservación y el rescate de su memoria a través de su obra. Lo podemos observar año tras año con el Premio Internacional Alfonso Reyes  que se otorga por la distinción a la trayectoria, los méritos y las aportaciones dentro de la investigación literaria de autores que tengan esa excelencia en sus trabajos, como lo tenía Reyes.

 También se encuentra La Capilla Alfonsina (la casa donde vivió Reyes, cuando regresó después de su exilio) que se convirtió en un Centro de Estudios Literarios que “además de difundir y promover la obra del autor, durante años ha contribuido a la difusión y promoción de la cultura.” En este recinto se dan cursos, seminarios, mesas redondas, conferencias, boletines, etc. y además se encuentran fotos, documentos, cuadros y objetos diversos   que representan una parte de la vida del escritor.

 Si les interesa conocer la obra de este autor mexicano (bastante extensa, por cierto) aquí les dejamos una recomendación que seguro te interesará si eres amante de las letras:

  • Visión de Anáhuac, que en palabras de Armando González Torres : “Cauda de imágenes que celebra el tiempo prehispánico y, a la vez, conforma una compleja perspectiva de la historia y la cultura mexicana. Puede ser un ensayo poetizado, una prosa poética o una pieza de historia lírica que encomia el paisaje del valle de México y la ciudad indiana.”
  • ¡A Cuernavaca!, un poema sobre un viaje a esta hermosa ciudad que te embelesará con su sencilla brillantez.
  • Sol de Monterrey, un poema con un fulgor infantil hermosísimo, que te hará recordar las tardes de juegos cuando eras niñ@
  • Glosa de mi Tierra, poema que en lo personal me es impresionante debido a la cadencia tan lograda que tiene.
  • Visitación, ni hablar, de mis poemas favoritos y uno de los más famosos de Alfonso Reyes.

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