Las complicaciones de ir creciendo: ¿Extrañas la niñez?

diciembre 29, 2014

Por:

Críticas, Fotografía, Objetos, Tacto

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Con mente, espíritu e ímpetu caminas los primeros años de tu vida, con más apego y destreza. Poco a poco, la monotonía va embargando el cuerpo, las esperanzas y el pensamiento;  te quedas  despoblado de un sentimiento que en realidad te pertenezca. Pasas por el sendero de las cruces, de las piedras …te resbalas, caes, tal vez lloras y quisieras quedarte ahí para olvidar la aflicción que se te ha impuesto implícitamente. Ya no es el tiempo donde jugabas e ibas a la escuela con el ardor de conocer y disfrutar sin esperar nada a cambio, estabas dispuesto a entregar más no a recibir. Escuchabas como la gente peleaba, lloraba y se preocupaba, a ti nada de eso te quitaba el sueño, sólo querías consolar la desesperación de los que te rodeaban, querías dar amor, del puro y noble que se extingue conforme creces y poco a poco se evapora con la mente.

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 Te preguntaban con frecuencia: ¿Qué quieres ser de grande? Y tú no pensabas mucho la respuesta y decías cosas como bombero, policía, carpintero, bailarina, actriz, ama de casa sin tomar en cuenta si ese oficio o profesión te generaría recursos económicos a largo plazo o si podrías vivir cómodamente, la respuesta estaba cargada de sentimiento y simplicidad a la vez, a lo cual los grandes sólo reían y se quedaban viendo. Los adultos eran tan extraños para ti ¿Recuerdas?

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 Si tus padres te regañaban, parecía que el enojo sólo aparecía en un lapso instantáneo, después estabas como si nada, platicabas con ellos sobre cómo te había ido en la escuela y la próxima pijamada que Juanito iba a preparar en su casa, llegaba la noche y jugabas lotería con tu hermano mayor, mientras que tu mamá preparaba hot cakes (creo que eran tus favoritos). Siempre que terminabas de comer decías: “Te quedó muy rica la comida, mami” y tu madre sonreía tiernamente. La vida era serena y tranquila, excepto cuando la junta de padres de familia llegaba y la amonestación sobre una mala calificación o conducta indebida ameritaba el regaño del tutor; y si la falla fue muy alta, tal vez el castigo hacía su aparición, sin embargo, a los dos días se levantaba y salías como si nunca hubieras visto el sol…¡Eras tan dramático! Así como eras, te amabas, sin importar que tan flaco o gordo estuvieses.

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 Veías el día desde una perspectiva más amable; tu preocupación cotidiana más abrupta era la tarea. Sólo esperabas que no fuera de la materia que más detestabas, ya que querías pasarla bien por la tarde con tus amigos, sin tener que pensar en la maqueta que te dejarían para el siguiente día. ¡Era terrible! Sólo querías jugar a las muñecas,a la casita o echarte un cascarita.¿Por qué no entendían que las complejidades del mundo no te quitaban el sueño? Bueno, al menos entendías que hacer lo que te dejaban tus maestros, era tu mayor obligación.

 De esa manera vas adoptando patrones y compromisos que te complican poco a poco la existencia, ya no era nada más la tarea, ahora te preocupabas por gustarle al chico o chica que te llamaba la atención, empiezas a compararte con los demás, y crees que no le gustarás debido a tu falta de seguridad, piensas que seguramente esa persona busca algo más, y ese algo no eres tú.Pierdes la ilusión, y ahora empiezas a divagar. Tremendo problema, te has enamorado.

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 Ahora, quieres dinero; esos artilugios te han embobado, quieres parecer grande como cuando veías a tus hermanos, vives esa etapa que se carga de cosas que te eran desconocidas pero que adoptas rápidamente. ¿Cómo conseguirás recursos monetarios? Tienes que estudiar arduamente para conseguir un mejor trabajo,(eso te dijeron)  y estudias como enfermo y ahora llega otra gran preocupación: Conseguir empleo. Y ya son obligaciones tras obligaciones. Pareces ser dueño de tus ideales, aunque de cierta forma, sabes que no te pertenecen, han sido arraigadas con el paso del tiempo. Todo fuera tan fácil como ser niño.¿No extrañas esos momentos?

Alma Torres

El viaje es entre letras y utopías. Estudiante de Economía del IPN. Hagamos de la escritura, la revolución del amor mismo.