Labor Day: el infinito síndrome de Estocolmo

marzo 10, 2014

Por:

Cine, Vista

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Es un lugar común decir que el amor sin locura no es amor, a veces sin importar las consecuencias de semejantes premisas. Nuestras sociedades modernas han querido ver en el acto de amar sin medida ni razón una suerte de redención para nuestra nada afable condición humana. Amar, adorar, reverenciar, conquistar, seducir o coquetear son verbos que necesitan (cuando menos) de dos seres en un continuo intercambio de fuerzas donde, frecuentemente, uno resulta como el dominado, el subyugado, el sumiso.

 Mientras el contrario, aquel ser indómito, difícil y rebelde impone su voluntad, a veces sin dejar notar al primero su calidad de reducido. El síndrome de Estocolmo (aquel donde una persona retenida contra su voluntad desarrolla una relación de complicidad con su captor) y el amor parecieran presentar patrones de locura no tan lejanos uno del otro. Este conflictivo lazo emocional que surge es el cauce principal de Labor Day.

Labor Day film still

 Aires de Esperanza (Labor Day) es una película basada en la novela homónima de Joyce Maynard y dirigida por Jason Reitman, en la cual emana de improviso (como suele ocurrir) un lazo que atará el destino de distintas personas que jamás hubiera ocurrido de no ser por estar en el momento y lugar necesarios. Es también una alegoría que intenta dejar en claro que las segundas oportunidades son siempre necesarias, especialmente porque no sabemos cuándo podremos necesitar una.

 ¿Qué es aquello que nos impulsa a caer en semejante síndrome? ¿Cómo logramos establecer un vínculo afectivo con un ser que nos somete? Podría ser parte de la respuesta la soledad que debemos atravesar en algún momento de nuestras vidas. Adele Wheeler (Kate Winslet) es una madre soltera que, atravesando por un momento depresivo, se encuentra de la forma menos esperada con Frank Chambers (Josh Brolin), un convicto que se ha fugado. Así, en compañía de Henry (Gattlin Griffith), el hijo de Adele, comienza a crearse un vínculo entre los tres que tienen un pasado en común, algo que de alguna forma les ata y les lleva al lugar al que se encuentran. Durante la película podremos descubrir que Frank tiene un historial que le condena por algo que, tal vez, nunca quiso hacer y sin embargo debe asumir las consecuencias.

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 Jason Reitman se consolida como un director maduro en cuanto a sus historias se refiere (trabajos previos como Juno o Thank You for Smoking lo vaticinaron). Si bien Labor Day es una película basada en una novela ajena, Reitman logra pulir a sus personajes encarnados por los actores de una forma detallada y natural, lo que asegura consumir un cine creado de forma noble y sincera, que intenta liberarse del grillete hollywoodense. Aunque la trama toma su propio tiempo para cocinarse, de forma general la historia logra desarrollarse de una forma sincera pero no ingenua, sin caer en formas caprichosas ni repeticiones de algo más. El director logra un manejo adecuado de la cámara para resaltar aquellos momentos más emotivos de la cinta, situaciones en las cuales podremos descubrir pequeños detalles que crean un relieve único de los personajes; se logra, con todo esto, un equilibrio entre forma y fondo, adecuado para la historia que se narra. Reitman logra un producto que sin duda dejará una huella en aquellos que la vean, especialmente en aquellos que logren descifrar cuál es el lugar que toman en su relación amorosa: el ser indómito o aquel subyugado.

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