La verdad del amor en la palabra y los actos

junio 4, 2014

Por:

Arte, teatro, Vista

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Padre de la comedia francesa, el autor más interpretado, arduo defensor de la razón sobre la pretensión y el absurdo social: Jean Baptiste Poquelin, osea Molière,  escribió en 1666 El Misántropo o el violento enamorado, texto que bajo la batuta de David Olguín revive en el Centro Cultural Helénico.

 Quiero comenzar con una postura: no porque el texto sea un clásico y toda la obra de un autor sea ya dominio público (háblese de Molière, Shakespeare, Lope de Vega o quién en mente tenga) se vale el que  el genio del autor no merezca siquiera 3 líneas de descripción breve en el programa de mano, por supuesto que el director David Olguín comienza  su puesta con la firma y nombre del autor, pero vamos, una firma proyectada con un audio en francés no es precisamente el tipo de elemento que toda la audiencia pueda apreciar. Supongamos a un nuevo espectador, ajeno al teatro y al autor ¿no merece poder leer en un breve párrafo quién fue la mente maestra tras la pluma?

Sergio Zurita & David Hevia

Sergio Zurita & David Hevia

 Habiendo manifestado mi descontento a esta omisión, proseguiré con la descripción de la trama: Alceste, hombre misántropo, honorable y abominablemente sincero manifiesta el desencanto a la humanidad que le apodera, está rehusado a rodearse de las complacencias y falsas virtudes de la sociedad, su inquebrantable rectitud es suficiente prueba para el mismo ante el acto de apreciar la vileza humana. A pesar de todo ha encontrado la figura del amor en una fémina envuelta de pecado, su nombre es Celimena, una viuda joven que disfruta de ser pretendida por los hombres y dice amar a Alceste ¿Será que en realidad es un amor correspondido? Y de ser así ¿Cómo es que el hombre que odia a su propia raza encuentra encanto en la misma?

 Olguín entrega la naturaleza y base de los personajes del autor francés conservando tanto el diálogo original (impecablemente adaptado por Carmina Narro) como el ambiente aristócrata francés, pero actualizando los elementos de vestuario a combinaciones neutras y actuales que buscan lucir en una breve pasarela de las vanidades el estilo e identidad de los personajes. El director apunta un trazo activo con acotaciones (o dejos) de mexicanidad inmediatos, generando que la audiencia conecte directamente al ritmo que va llevando esta crítica a la hipocresía social.

 Para dar vida al hombre firme ante su voluntad, convencido de que su amor cambiará la conducta de desaires de su enamorada, Olguín convoca a David Hevia, que como nos tiene acostumbrados entrega al respetable una cátedra de actuación despampanante. Hevia ahonda en la naturaleza complicada del personaje, su esclavitud al encanto del pecado y la cómica frustración – mezclada con odio- al amor verdadero  logrando el reconocimiento e identificación inmediatos, provoca que el espectador ame desde sus primeras líneas la conflictuada mente de este entrañable ser para vivir junto a él su desdicha ante el mundo ciego de carácter. Los únicos problemas para con su actuación se encuentran en los breves atropellos de dicción, pero cuando el resto de la madera es de calidad una diminuta astilla no es perceptible.

Silvia Navarro & Judith Inda

Silvia Navarro & Judith Inda

 Junto a Hevia, Silvia Navarro da vida a la encantadora Celimena y es precisamente encantar lo que Navarro logra en escena, construyendo el personaje como una diva moderna que detesta la pobreza de espíritu y es tan viperina como su lengua le permite, por supuesto, con el tono correcto para manejar sus palabras  e indicar su pensar sin ser tan directa. Una grata sorpresa el ver a esta actriz desenvolverse tan bien en escena tornándose la carne del arrebato correspondido. Si bien su proyección vocal es disminuida en ciertas partes, logra salvar su interpretación con solidez y elegancia.

 Del resto del elenco me permitiré destacar las atinadas intervenciones de Sergio Zurita y de Judith Inda, fieles al espíritu de Molière, francos, correctos en dicción proyección y tono. Logran dar el soporte que sus respectivos roles deben aportar a la historia y los manejan con apuntada gracia y carisma sin perder el trasfondo que conllevan, por el contrario, analizando muy bien la identidad y deseos objetivos de sus personajes.

estimar a todo el mundo equivale a no estimar a nadie

Molière

 Pero pese a todo esto ¿A dónde apunta el autor con este texto? Molière narra el lenguaje de la naturaleza y la fuerza de la palabra tomando como elementos a los amorosos verdaderos. El misántropo odia el amor ajeno porque no le es correspondido, se podría decir que la complejidad de la psicología del rol es que su odio no de deposita en la forma humana, sino en las falsas poses que la cubren en una sociedad cegada a la verdad, así pues resulta estar empeñado en encontrar la realidad que a su corazón le plazca para liberarse de su propia debilidad y de las máscaras que los otros ponen ante él.

Foto Roberto P. Vázquez. Consulte cartelera

Foto Roberto P. Vázquez. Consulte cartelera

 La visión de Olguín respeta el ideal original, atreviéndose a romper en momentos con la inclusión de elementos de la falsedad social actual dentro del espacio y tiempo de la historia, dichos atrevimientos funcionan con gran efecto. Pero por cuidar estos detalles tan atinados, se pierden otros como el foco, el trazo de cada personaje (donde a momentos uno tapa al otro o queda completamente de espaldas al dar un diálogo importante) y la pérdida de ritmo en una parte (no se alarmen, afortunadamente esta es breve y se recupera). A esto aunar en que los personajes de menor peso se sienten planos, de ahí que el conjunto actoral no se sienta en absoluto en el mismo tenor.

 Pese a sus minucias, El misántropo o el violento enamorado es una fascinante oportunidad para ver a un actor de la talla de David Hevia lucirse en el escenario y para llevarse un muy buen sabor de  boca descubriendo otro aspecto actoral de una actriz como Silvia Navarro. Altamente recomendable.

Saúl Campos

Comunicólogo, apasionado del arte y la información. Adicto al teatro.