La soledad de la condición humana

mayo 27, 2014

Por:

Arte, teatro, Vista

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No hay forma de luchar contra lo que es forzoso
Sófocles

Siempre es un placer el encontrar textos poderosos, de los cuales uno pueda enamorarse con facilidad. Un vaso de agua no se le niega a nadie, pues el buen teatro tampoco y el Teatro La Capilla nos sirve agua nueva y fresca con En La Soledad De Los Campos De Algodón.

Daniel Bretón y Fernando Bueno

Daniel Bretón y Fernando Bueno

 Dos personajes, un dealer, un comprador. Los dos presentes en una calle durante la plenitud de la noche, los dos sujetos a su estrato social y al ritmo que la acción truculenta que planean debe convocar. Y entonces el panorama entra a la tensión del verbo, el aura cambia y la palabra se encarna, se siente física, algo está sucediendo en el diálogo de ambas partes, algo más allá de la transacción ¿será que comienzan a sentir simpatía por ellos mismos y entre ellos mismos? Y si es así ¿Dónde quedan los prejuicios y las barreras que podrían separar a dos personas tan distintas para sostener un diálogo?

 Bernard Marie Koltés, autor de breve vida pero legado pleno para el teatro francés contemporáneo, escribió esta puesta como un ensayo dialogado entre dos partes acerca de su condición humana y la fuerza del deseo y la pasión sobre los actos cometidos por inercia de la misma. Un discurso casi poético, exquisito en rima y con una narrativa natural, corpórea. Precisamente esta última característica otorga movimiento propio al texto cuando cada palabra entra en un espacio físico propio, perteneciente.

 Los subtemas revolotean en el intercambio de posturas y palabras: la distinción social entre el ciudadano promedio y el mercader ilícito. Narcotráfico como respuesta a la opresión gubernamental, discriminación, etc. Lo interesante (y de por medio complicado) de la aparición de estos es el desdoble de cada uno ¿realmente un probable adicto se acerca a un proveedor de drogas para adquirir el elemento impuro, o buscan algo más?

 Nora Manneck dirige con limpieza absoluta a sus actores en un plano escénico en pos de lograr el autodescubrimiento de su sentido pasional. A través de una enérgica coreografía, la directora marca un trazo que mantiene la fuerza del libreto en cada movimiento y ejecución vocal, cediendo al espectador la posibilidad libre de lar la lectura conveniente a cada circunstancia. Coordina luz, sonido y movimiento en una pieza franca, propositiva y dura que no necesita más utilería que un cajón de madera.

Los personajes del autor están solos dentro de sí en la quietud de la noche, a la espera ansiosa de algo que va más allá de sostener un negocio, así el choque de polos,  bajo el miedo a descubrir algo nuevo, hace que dos seres humanos encuentren su raíz gregaria, condición natural y persistente primitiva, son individuos que necesitan reconocerse en sí mismos a través de la mirada social que ahora hace reflecta en ellos, en la oscuridad no hay dónde esconderse pues sus almas son del mismo color, es el espacio idóneo para la autoconfrontación. La evolución de estos resulta interesante y compleja, pero ante todo bien resuelta, Manneck parte de la vulnerabilidad de los mismos para sostener un diálogo de sentimientos expuestos a la volatilidad de caracteres. La interacción es total, en ningún momento un elemento se aleja del otro, al contrario, juntos adquieren palmo a palmo la totalidad del texto apoderándose del escenario para construir en él un purgatorio con dejos Beckettianos.

 Fernando Bueno y Daniel Bretón son los actores encargados para dar vida a la puesta del dramaturgo francés. Ambos actores son viva imagen de la construcción inteligente y dedicada del personaje, de la psicología a la vestimenta, pasando por los tonos e intenciones correctas y colocadas al hablar. Los actores entregan un trabajo integral, dónde ejecutan con firmeza y suavidad los violentos actos coreográficos y entregan calidad de impresión al sentir de los seres a los que interpretan. Actuaciones que uno compra desde el primer diálogo. Orquestadas a un ritmo armónico y ágil. Amén del correcto trabajo de maquillaje para el personaje de Bueno, que a juego con la impecable combinación de luces de Lydia Margules ofrece un Dealer  bien retratado en cultura y contexto.

 En La Soledad De Los Campos De Algodón es una puesta que se torna propia al espectador, es un diálogo ubicable en nuestro país y circunstancia. El diseño de audio nos sumerge en los arrebatos actitudinales que conllevan al desequilibrio, tal vez mental, tal vez espiritual, tal vez físico. Muestra de cómo un trabajo de mesa y corporal evoluciona correctamente en sus etapas para conformar un producto de gran espectro y marca profunda.

 Lo único que uno puede decir al final de esta catártica experiencia teatral es ¿Dónde puedo conseguir ese texto?, sé que yo sí. Imperdible.

Sábados, Teatro La Capilla, consulte cartelera.

Sábados, Teatro La Capilla, consulte cartelera.

Saúl Campos

Comunicólogo, apasionado del arte y la información. Adicto al teatro.