La sensibilidad e irreverencia de Arthur Rimbaud

enero 1, 2015

Por:

Arte, Críticas, Literatura

No hay comentarios


La poesía francesa de Arthur Rimbaud (1854-1891), instantáneamente transporta a un mundo de melancolía, a un paisaje fuera de órbita, que va más allá del sentimiento humano. No se le podría afirmar como una emoción que altere negativamente los sentidos, tampoco algo que sea en un término de mera benevolencia. El desaire y la hostilidad eminente del siglo XIX, tocaba la puerta de los más sensibles y con pocas veneraciones hacia lo que sólo se adecua de año a año; a esta clase de personas, inteligentes, brillantes, con un apego hacia la humanidad misma, pertenecía el poeta francés. Con una gran pasión y contrato hacia lo inadmisible, apareció la exquisita lírica de su extensa obra.

Rimbaud

“El nuevo año ha consumido ya la luz del primer día;

luz tan agradable para los niños, tanto tiempo esperada y tan pronto olvidada,

y,envuelto en sueño y risa, el niño adormecido ha callado…

Está acostado en su cuna de plumas; y el sonajero ruidoso calla,junto a él, en el suelo.”

-Fragmento“El ángel y el niño”

  Paul Demeny (poeta destacado de aquélla época) fue su gran inspiración, formando en el joven Rimbaud una pieza de artilugios sobre letras y expresiones que le permitían ir más allá de lo que se veía en la creación literaria parisina. Fue el eco de la rebelión y de la subversión ante quien no aceptaba sus acciones de libertad. Un lapso de tiempo que se desplumaba por una actitud pueril, que no permitía que el talento de un ingenio se llegará a percibir con la magia que destilaba en cada poema.

 Presa de lo difícil , del hecho controversial, trató de salir airoso, alejándose en primera instancia, de sus raíces primarias y luego del círculo intelectual francés. Víctima de una infancia precaria -emocionalmente hablando-, buscó el hueco sobre la prosa desde muy pequeño, el arreglo hacia su dolor se plagó de instantes llenos de sensatez y hostilidad también.

“En la horca negra bailan, amable manco.

Bailan los paladines,

los descarnados danzarines del diablo;

danzan que danzan sin fin

los esqueletos de Saladín.

¡Monseñor Belzebú tira de la corbata de sus títeres negros, que al cielo gesticulan,

y al darles en la frente un buen zapatillazo

les obliga a bailar ritmos de Villancico”

-Fragmento “El baile de los ahorcados”

 El invierno fue una estación del año decisiva en el francés, ya que en 1870 el Colegio de Charleville (al cual había asistido) se convirtió en un hospital militar, lo cual ocasionó un extraño sentimiento en el joven de 16 años, que regresaba después de una fuga; razón de esta fue la horrible voluptuosidad social a la que se veía sujeto.El regreso le provocó una oleada de sensibilidad mayor, y su desarrollo en la poesía se enalteció conforme se separaba más de la burguesía. Desde sus escritos, se notaba un cierto resentimiento hacia la clase que manipulaba constantemente el trabajo de los artistas; los que se salían de dicha área, no eran bien aceptados, como lo fue para él, ya que desde el principio se le trató de desprestigiar.

“Mi triste corazón babea en la popa,

mi corazón está lleno de tabaco de hebra:

Ellos le arrojan chorros de sopa,

mi triste corazón babea en la popa:

Ante las chirigotas de la tropa

que suelta una risotada general,

mi triste corazón babea en la popa,

¡Mi corazón lleno de tabaco de hierba!

¡Itifálicos y sorcheros

sus incultos lo han pervertido!”

– Fragmento de “Cartas del vidente, primera: El corazón atormentado.”

 Un gran aventurero de la vida y la muerte, incidentes que van desde lo ocurrido con Paul Verlaine (que atentó contra su vida) hasta la unión en el ejército colonial holandés. “Las iluminaciones” y “Una temporada en el infierno” han sido de sus máximos escritos que han permitido que el legado de Rimbaud prevalezca hasta el presente siglo.Llena de suspenso, melodrama y caos, su obra aparece como la rebeldía de una flor que se negaba a marchitar, como un lobo que se aferraba al frío de la temporada, como un depredador sobre la mejor víctima y con el enorme amor hacia los desafíos que se presentaban.

Alma Torres

El viaje es entre letras y utopías. Estudiante de Economía del IPN. Hagamos de la escritura, la revolución del amor mismo.