La prosa cortante y oscura de James Sallis

mayo 20, 2014

Por:

Arte, Cine, Extras, Literatura, Reseñas

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Colaborador: Haroldo Piña Mendoza

 El nombre James Sallis (Helena, Arkansas, 1944) no me sonaba de nada hasta finales del 2011. Como muchos, me acerqué a su literatura gracias a Drive (Dive, 2011) película dirigida por Nicolas Winding Refn y protagonizada por Ryan Gosling. La cinta fue un verdadero suceso. Y tal fue la buena impresión que me dejó que no me atreví a leer a Sallis de manera inmediata. Me esperé un tiempo, dos años. Pensaba que el libro no estaría a la altura de la película, o viceversa, que es lo más común.

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 El caso de Drive es una de las pocas películas que ha logrado alcanzar el nivel de su fuente literaria. Lo curioso es que haya críticos que aplaudan mucho la película, etiquetándola incluso como de culto, mientras que al libro no se le toma en cuenta. O peor aún, comentan que es aburrido. Una de las críticas que leí señalaba que Sallis se entretenía demasiado en describir situaciones que no ayudaban a la historia y que lo único que lograban era dormir al lector. Definitivamente, decía la nota, vale la pena solamente la película. Recomendaba no acercarse al libro.

  Sí creo que la forma en que nos seduce la película es más efectiva que la forma en que lo intenta hacer la novela. El manejo de la cámara y los silencios en que ésta parece flotar y desplazarse es simplemente fenomenal. Si le agregamos la explosión de colores y sonidos, nos encontramos ante una película nada difícil, únicamente nos tenemos que dejar conducir. Pero recordemos que la actividad que realizamos al apreciar una película es meramente pasiva. Por lo contrario, con el libro, está en juego la imaginación del lector. En mi caso nunca me aburrí o perdí interés, ni con Drive (The Drive, 2005) ni con El regreso de Drive (Driven, 2012). Y cómo lo iba a hacer si tratan de la incapacidad de su protagonista de escapar de la violencia de la sociedad, y sobre todo de la violencia que yace en el fondo de sí mismo.

  Su concisa prosa me atrapó. El inicio de Drive, así como el de su continuación, son auténticas joyas. En el primero leemos: “Un rato después, sentado y con la espalda apoyada en la pared de un Motel 6, en la salida norte de Phoenix, contemplando el charco de sangre que avanzaba hacia él, Driver se preguntaría si no había cometido un grave error. Más tarde aún, ya no habría ninguna duda. Pero ahora Driver se encuentra, como dicen, en el momento. Y el momento incluye esa sangre que avanza hacia él, la apremiante luz del amanecer sobre las ventanas y la puerta, el tráfico de la autopista cercana, el llanto de alguien en la habitación contigua.”

2 Sallis es un auténtico maestro de la novela corta, sus palabras son contundentes y oscuras. En un extremo de una balanza coloca el universo pulp, y en el otro ubica la filosofía existencial. La manera en logra mantener el equilibrio es lo más notable de su narrativa. Al centrarnos en la historia, descubriremos que roza el cliché, por lo menos en lo que toca a Drive. Sin embargo, Sallis no cautiva por la historia en sí, sino por su manera de fragmentarla. Es capaz de concentrar en poco más de cien páginas una historia con un método narrativo que te hace pensar en el cine. Cada escena que plasma está repleta de detalles, y es en éstos donde se adquiere  el verdadero placer de sus letras, donde se percibe su habilidad para ir destilando de a poco la violencia. Sallis no tenía pensado escribir la continuación de Drive hasta que se lo preguntaron. Su respuesta fue que no lo sabía. Esa misma noche se sentó a su mesa y comenzó a escribirla. El resultado es igual de bueno.

 En El regreso de Drive, en su primera página, leemos: “Vinieron a por él justo después de las once de la mañana de un sábado; eran dos. Cada vez hacía más calor; la luz solar relucía en la fina película de sudor que cubría la frente de Elsa. Un atisbo de movimiento por el rabillo del ojo mientras ellos pasaban por un breve callejón: ahí estaba el primero. Saltó, golpeando con el pie y con todo su cuerpo la rodilla derecha de ese sujeto: la oyó crujir.”

De nuevo está ahí la cadencia, la respiración de Sallis que suda en cada página y que es un verdadero signo de identidad.

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