La Poesía Maldita Mexicana: Baudelaire y Paz

junio 23, 2014

Por:

Arte, Literatura, Vista

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La interpretación de la vida –como la conocemos en hipotéticos sueños y supuestas realidades- la basamos en la relación que encontramos entre el cuerpo y el alma. El alma necesita del cuerpo y viceversa. Para explicarlo de otra manera, la sustancia y la materia experimentan el más puro amor cortés; se encuentran fundidos, son inseparables.

 El alma le proporciona al cuerpo (específicamente al del hombre) autonomía, y es esa libertad la que lo hace un ser  único, pero sobre todo, un ser correspondido y amado. Dentro de la naturaleza del hombre, converge la obligada posibilidad del amor. Ya sea amor hacia uno mismo, a los demás, hacia un solo ser, a la naturaleza, al sexo, entre otros. La representación de dicha pasión se traduce en diversas manifestaciones artísticas, especialmente en el campo literario; es decir, la poesía.

 La historia del hombre es inherente a la historia del arte, específicamente a la de la poesía. El estilo poético, decía Octavio Paz, “se presenta como una liberación de la condición humana”, nos eleva, nos sublima; emerge en el momento en que el lenguaje nos resulta insuficiente.

Charles Baudelaire

Charles Baudelaire

Para profundizar en el tema central, cabe nombrar a un personaje determinante en la historia del arte literario. Fue a mediados del siglo XIX que surge una de las figuras más importantes dentro de la poesía francesa. Charles Baudelaire nació en París el 9 de Abril de 1821.  De su pluma florece la genialidad de la naturaleza intentando imitar el ejercicio de las letras, y la peculiaridad del hombre moderno. Las flores del mal –quizá su obra más reconocida- aborda la parte humana atormentada, triste y oscura. La melancolía es el elemento imprescindible de su poesía. Baudelaire exterioriza la pena de su propia alma, convirtiendo al dolor en sombra.

La poesía parnasiana hunde al hombre en lo más profundo para luego pronunciar y aclamar la única salida. Baudelaire logra mitificar el tiempo y así, mostrar la gracia de aceptar la ventura; destino fatal.

 “Emplearemos nuestra alma en sutiles intrigas, y demoleremos más de una pesada armadura, antes de contemplar a la gran Criatura ¡cuyo infernal deseo nos llena de sollozos!”

La muerte de los artistas. Baudelaire

 Han transcurrido casi 200 años y pareciera que Baudelaire escribió para mí y para todos ustedes. La poesía no esboza fronteras ni específica idiomas; la poesía es para quien la lee, la vive y la siente. El mexicano se siente aturdido y desgarrado por la historia. Asocia la muerte con la fiesta, le rinde un tributo y sin pesar alguno, se olvida de ella al procurarse desnudo para sí mismo.

“La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida. El mexicano no solamente postula la intrascendencia del morir, sino la del vivir”

El laberinto de la soledad. Octavio Paz

Octavio Paz

Octavio Paz

Antes habíamos comentado sobre la conjunción del espíritu y el cuerpo, y la libertad del hombre. El problema al que se enfrenta el mexicano, alude no solamente a la fragmentada desunión entre estos dos elementos, sino a las consecuencias de dicha herida. Sin la plena libertad, el mexicano no determina por sí mismo sus ideas, sus pensamientos, las revoluciones. En otras palabras, el mexicano no puede ser ni es dueño de su propia muerte.

 El que nace aquí padece de dos dolores: la intriga que genera la muerte del cuerpo más la de la identidad. El foráneo puede ver en el mexicano lo que habitaba en Baudelaire: la melancolía muestra al hombre tal y como es; el nativo se exhibe desnudo ante el mundo, y esos esfuerzos de los que hablaba Octavio Paz para esconder su verdadero rostro, son en vano. La balanza claramente está desequilibrada.

“Lo que se puede ver a la luz del sol es siempre menos interesante que lo que pasa detrás de un cristal. En ese agujero oscuro o luminoso vive la vida, sufre la vida.”

Las ventanas. Baudelaire

 Hace falta un estudio preliminar más profundo de la obra completa tanto del poeta francés, como de Octavio Paz y otros autores que han reparado en la actitud del mexicano frente a la vida que él mismo erige para sí. Para ser justos, es necesario decir y argumentar que la situación de miedo y soledad que experimenta el indígena y el mestizo no son culpa de él mismo, sino de su historia impuesta, la religión obligada, y la extinción de tradiciones considerables para nuestros ancestros.

Para nosotros, se nos hace más fácil renegar las raíces a diario y pretender un orgullo en fiestas y eventos internacionales.

La poesía, esa “otra voz” nos mantiene alerta y nos recuerda la fragilidad de nuestra identidad. El dolor de ser mexicano nació hace más de 500 años, y siempre necesitamos de la pluma y la letra para no olvidarlo.