La pintura expresionista: la irreverencia del pensamiento

agosto 14, 2014

Por:

Arte, Pintura, Vista

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Dama con chaqueta verde.                          Crédito:August Macke.

¿De qué manera es posible mantener una definición acerca  de la pintura expresionista como movimiento cultural? Sin duda, surge del desequilibrio social del hombre; expresado en  su crisis para poder mantener una relación relativamente óptima con su desarrollo en general.

 Sus raíces se remontan a mediados del siglo XIX; época embestida por el abrupto cambio de condiciones sociales, teniendo como antecedente a  la 1ª. Revolución Industrial  y que a su vez, alcanza un mayor impacto en Europa.

 Alemania fue  el país sede, que fungiría como portavoz de dicho movimiento; dándole el mérito a su gran precursor el irreverente y tenaz pintor, Edvard Munch. Su trabajo, refleja la singularidad del dramatismo de aquellos días y la encrucijada emocional en la que se encontraba la sociedad.

 Llena de sutiles matices y manchones que le abren el paso a la expresión, se vincula el patrón de sentimientos que al plasmarlo sobre un  lienzo, permea el rastro de una ola de irreverencias para la mayoría de la sociedad, que se asombraba; pero a la vez reprimía el sentido más conspicuo de sus primeros pasos .

 Lo anterior es la conjunción de aborrecimiento y frustración que acechaba a los más ilustres personajes que trataban de desbordar su miedo y su locura en la pintura, esquematizada en esta corriente. Y que a su vez, retrata la vivencia de un temor incontenible, de una negativa hacia lo normal, de la profunda soledad y desasosiego por la que atravesaba el hombre.

 Individuos que se negaban a pintar un cuadro renacentista, mucho menos un paisaje que vislumbrara tan sólo el panorama agradable de la vida. Mezclaban una realidad que hasta ese entonces no se había visto ni mucho menos pensado, formando un paradigma para la creación de las más recónditas emociones del ser humano.

Describiendo la situación de esos días, el mismo Munch decía:

“Queremos más que una simple fotografía dela naturaleza. No queremos pintar cuadros bonitos para ser colgados en las paredes del salón. Queremos crear, o al menos sentar las bases de un arte que le dé algo a la humanidad. Un arte que los atraiga y enganche. Un arte creado de su corazón más íntimo”

Selvportrett foran husveggen, 1926

Autorretrato de Edvard Munch, 1927.

 La forma no se halla en las líneas, se encuentra dentro de todos esos singulares rostros desquebrajados e iracundos. Dicho esto, el claro ejemplo es “El grito” de Edvard Munch; que describe una cara hiriente, llena de ansiedad, de un incontrolable deseo de furia, dándole el toque final con colores oscuros y sombríos; a excepción del naranja, que tal vez la intención de tomar en cuenta dicha tonalidad, fue para crear un mundo menos melancólico, a la espera de que la luz saliera para los que no seguían un patrón.

 A Munch, le procedieron otros personajes que también le dieron sabor al expresionismo; entre los cuales se destacan Emil Nolde, August Macke, Ernst Ludwing Kirchner, Emil Nolde; entre otros no menos importantes.

 ¿Cuántos fantasmas atrevesaban por la mente de los más irreverentes? ¿Cuántos por día? El grado de abismo entre la vida y la muerte parecía reflejar los entes en cada delineado, sutilmente dejando rastro para cada circunstancia.

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   Pentecostés.                                                                  Crédito:Emil Nolde.

 No sólo coincidían en querer plasmar la sobriedad y la angustia del camino, sino también compartían el  deseo incontrolable por encontrar un espacio en el que se respetara y se celebrara lo que hacían; no por reconocimiento, sino como pauta para que los que veían sus lienzos y su trazos, dejaran la mentira y pudieran transformar la hipocresía a un sentimiento sincero de expresión.

Además, la pintura expresionista alcanzó una racha de auge notable unos años antes de la Primera Guerra Mundial, cuestión que impactó posteriormente para que el desarrollo de sus demás aportes fueran más salvajes en su ya peculiar forma.

Contemplar un dibujo de dicha índole, no significa ver  y quedarse con una opinión seca. Para mí, es una mezcla de admiración y melancolía, que llega a descubrir el más etéreo de nuestros insaciables deseos, sabiendo de antemano, que tan satisfechos estamos con nosotros mismos y con nuestro entorno. Significa descubrir el horizonte del desasosiego mortal y a través de eso, descubrir las bases de las conmociones que explican el ritmo de vida al que estamos sujetos.

La pertenencia del ser humano no sólo esquematiza su relación con los demás, sino también consigo mismo. El arte expresionista fue la puerta que apareció para abrir paso a la disyuntiva del ser humano, a su caos existencial y al fatalismo ante la supervivencia. Más allá de ser únicamente un filtro de trazos, implícitamente se desbordan palabras, instintos, frustraciones y los deseos más anhelados del ser, entre los que destaca la libertad.

Alma Torres

El viaje es entre letras y utopías. Estudiante de Economía del IPN. Hagamos de la escritura, la revolución del amor mismo.