La ofrenda de Día de Muertos: elementos puros de la cultura mexicana

octubre 31, 2014

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Al fin llegó esa época tan colorida y preciosa del año. Entre los olores, el clima y los sabores, el Día de Muertos en México es una fecha muy especial. En lo personal, mi favorita. Y es que, además de las fiestas, los dulces, las ofrendas, las catrinas, niños disfrazados en las plazas centrales de cada ciudad o estado, obras de teatro alusivas a la celebración y demás eventos culturales, es una de las tradiciones más antiguas y enraizadas del país.

 Si bien en otras culturas, como los egipcios o los griegos, la muerte representaba un objeto de culto mayor, en México la tradición no se quedó estrictamente en lo prehispánico y, aunque a lo largo de los siglos se ha ido mezclando con prácticas especialmente católicas, la esencia permanece. Cabe destacar que en 2003, la UNESCO declaró la celebración del Día de Muertos en México como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reforzando así el carácter trascendental de esta hermosa fecha.

 Pero lo que interesa destacar en el presente artículo, son las características del elemento más importante de esta festividad: la ofrenda. Sin ofrendas el Día de Muertos simplemente no nos daría esa sensación que yo podría definir como “estar en casa”. Es lo que distingue a la celebración de las demás fiestas típicas mexicanas, ya que representa el elemento clave de la presencia de sus raíces prehispánicas. Las ofrendas son un puente entre lo antiguo y lo cristiano/católico. Sin embargo, muchos pensamos (o pensábamos) que la ofrenda sólo consistía en poner los alimentos que más les gustaban a nuestros difuntos, algún objeto que nos hiciera recordarlo y claro, su fotografía. Pero más allá de eso, existen elementos simbólicos que nos ilustran esa ligadura de lo antiguo con las prácticas espirituales católicas que se fueron introduciendo poco a poco en las tradiciones prehispánicas desde el momento de la conquista. No obstante, cabe destacar que se empalman muy bien, y que en la actualidad sería difícil imaginar un Día de Muertos sin misas, sin rezos y sin santos.

 En fin, empezaré por decir que la ofrenda tradicional de Día de Muertos tiene elementos que enmarcan muy bien la cosmovisión de los mexicas: la muerte no representaba un fin como lo concebimos actualmente, sino que ésta se convertía en un paso hacia el ciclo infinito de la vida en compañía de los dioses. Y hoy en día esa visión permanece: cuando ponemos la ofrenda se cree que nuestros difuntos vuelven para degustar a través del olfato los alimentos y bebidas que dejamos en la misma. Creemos en una especie de vida después de la muerte, y eso resulta muy interesante cuando pensamos en los elementos característicos de una ofrenda.

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 Dependiendo de la región, las ofrendas son variables, sin embargo, estas deben tener siete niveles o escalones. Cada escalón del altar representa los niveles que se supone un alma debe superar para llegar al descanso eterno. Dentro de la cosmovisión mexica existía un proceso tanto para nacer como para morir, y en este caso, morir traía consigo estas pruebas en el momento que el alma abandona el cuerpo físico. Muchas veces los siete niveles también son relacionados con los siete pecados capitales.

 En cada uno de estos niveles deben incluirse elementos variados, por ejemplo, en el primer nivel se coloca la imagen de algún santo o virgen, por aquello de la influencia católica en la celebración. El segundo nivel de la ofrenda representa al purgatorio y, haciendo uso de hierbas de olor, incienso, copal etcétera, se cree que se ayuda al difunto a salir de esa fase y así poder continuar en su camino a la eternidad. Es el paso de la vida a la muerte.

 El tercer nivel está dedicado a los niños muertos, y ahí es donde se coloca la sal, que representa un elemento de purificación. En el cuarto nivel de la ofrenda es donde se coloca el pan de muerto, el cual tiene una forma muy interesante, ya que es un bizcocho redondo cubierto de azúcar, que representa el cráneo y los huesos. En muchas regiones de México, como por ejemplo en Mixquic, Xochimilco, podemos encontrar una gran variedad de panes de muerto, los cuales representan, también, el cuerpo, siendo de igual forma un elemento católico. No debemos olvidar esa estrecha relación de la religión católica con el cuerpo y la sangre de Cristo.

 En el quinto nivel del altar es donde colocamos la comida favorita de nuestro difunto, tomando en cuenta también la comida tradicional mexicana: tamales, mole, dulce de calabaza y de tejocote, así como también tortillas de maíz. No se deben olvidar las bebidas predilectas: café, chocolate, agua de fruta, tequila, pulque, rompope. Ahí depende más de los gustos personales. Incluso en algunos lugares se acostumbra a dejar la ofrenda la noche del 2 de noviembre, y al día siguiente ingerir los alimentos en razón de compartir con los seres queridos ya muertos.

 Finalmente, el sexto nivel está destinado para poner la foto de la persona o las personas de la familia a quienes está dedicado el altar y, en el séptimo nivel se forma una cruz de semillas o flores, representando así a la tierra como elemento. También esto lo podemos ver en los famosos tapetes de aserrín. El fuego está representado con cirios o veladoras en cada nivel del altar y el agua en un vaso, la incluimos para calmar la sed del espíritu. También se concibe como las puertas al inframundo, tal cual eran en la cosmovisión maya los cenotes.

 No debemos olvidar mencionar el uso del papel picado y las flores no sólo para adornar, en sí mismos representan elementos importantes dentro del altar u ofrenda. Por ejemplo, el papel picado representa al viento; y las flores como el cempasúchil, la nube y la flor de terciopelo, por sus colores representan diferentes cosas: las primeras, por su color naranja o amarillo nos habla de la tierra, la segunda con su color blanco, el cielo y la tercera de color morado representa sin lugar a duda el luto.

 Así pues, aquí tenemos cada uno de los elementos de la ofrenda tradicional de Día de Muertos, representando a la festividad con sus raíces prehispánicas, como ya vimos, y sus ligaduras con la tradición católica. Si bien otras tradiciones como el Halloween (celebración cuya raíz es completamente pagana) en México se han ido introduciendo, la celebración del Día de Muertos no pierde fuerza, y aunque varía dependiendo de cada región donde se celebre, aún es considerado un elemento fuerte de la identidad nacional. Y yo creo que año con año se fortalece. Y eso me pone muy de buenas. ¡A celebrar a (con) nuestros difuntos!

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Cynthia García

Casi licenciada en Estudios Latinoamericanos, FFyL UNAM. Tauro. Amo a los gatos. Amo la pizza. Hip-Hop. ¡QUESO! En la escritura he encontrado lo que jamás imaginé: libertad.