La música Concreta de Amparo Dávila

mayo 5, 2014

Por:

Arte, Literatura

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“Así pasó varios días, sin hablar, sin querer saber de sus negocios, sin importarle nada. Después, y casi sin darse cuenta, empezó, de tanto pensar y pensar en la muerte, a familiarizarse con ella, a adaptarse a la idea.” El Entierro

Amparo Dávila escribe acerca del miedo sin temor alguno, sobre la muerte a partir de la vida, de los hombres siendo mujer, y de las mujeres como si fueran todas una sola.

Amparo Dávila

 Sus cuentos son significativos para todo y cada uno que los lee. Dávila es el ejemplo desde 1950 –año de su primera publicación: “Salmos bajo la luna”- que la literatura es un río que se convierte en aire; es libre, es fluida, es vida.

 Música Concreta, editado en 1964–donde la misma autora y Alí Chumacero estuvieron al tanto de la publicación que realizó el Fondo de Cultura Económica-, es el tercer libro de cuentos de esta escritora.

 Consta de 8 relatos perfectamente narrados. La ambientación de dichos cuentos nos somete a la experimentación de las sensaciones de los personajes, por ejemplo: la asfixia, la desesperación, la confidencia con la muerte, la demacración del rostro, el odio, la bondad, la ingenuidad, la fatalidad.

“La mano de Sergio se apodera de unas tijeras y clava, hunde, despedaza…El croar desesperado empieza a ser cada vez más débil como si se fuera sumergiendo en un agua oscura y densa, mientras al sangre mancha el piso del cuarto.” Música Concreta

 Nació en Zacatecas en 1928. Fue galardonada en 1977 con el Premio Xavier Villaurrutia gracias a los relatos, publicados en el mismo año, que llevan por nombre “Árboles petrificados”; reconocimiento que ha sido otorgado a grandes figuras de la literatura mexicana, tales como Juan Rulfo, Octavio Paz, Alí Chumacero, José Emilio Pacheco, Rosario Castellanos, entre otros; también, en 2008 fue homenajeada y reconocida por el Palacio de Bellas Artes. Su literatura ha trascendido a nivel internacional y traducido a diferentes idiomas.

 La fluidez de su escritura resulta admirable; la fatalidad de sus cuentos bien termina por ser desconcertante sin dejar de ser maravillosa; sin embargo, mucho se han esforzado por catalogar la escritura de esta gran autora mexicana pretendiendo ubicarla en algún género.

 El aspecto onírico, la muerte, la obediencia, el amor, la locura…el ser humano. Ese es el género de Dávila. Busca y profundiza magistralmente sobre las diversas condiciones humanas –mujer y hombre- que atormentan y terminan por ubicarnos en una pesadilla donde no se encuentra lógica ni un fin.

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“Los ojos de Luciano me miraban fijamente, fijamente, como si quisieran traspasarme. Y yo ahí a mitad del cuarto con su corazón latiendo entre mis manos, latiendo todavía…latiendo…” El desayuno

 Así vive Carmen, protagonista de “El desayuno”. Despierta como si la muerte le hubiera dormido encima. Les intenta explicar a sus familiares la terrible pesadilla de la noche anterior, pero no lo logra. Soñó que se habían apoderado de la vida de Luciano. Pero, no despierta para sobreponerse, más bien despierta para darse cuenta que el corazón que tenía en sus manos fue lo suficientemente real…

Dávila respira entre la realidad y la fantasía. Quizá no sea ni una ni otra. Las pesadillas se sienten tan reales, que muchas veces cuesta trabajo escapar de ellas, vivir sin pensarlas; son pocos los que despiertan y se atormentan ante la presencia de una vida llena de delirios.

 Uno escribe lo que recuerda, lo que vive, lo que anhela e imagina, una mezcla de todos esos elementos. Amparo Dávila escribe y escribe y escribe…