La mujer que no se quería

octubre 27, 2014

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Extras, Literatura, Objetos, Tacto

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En una parte recóndita de la vida, existía una mujer que no quería ser ella. Buscaba la forma de compenetrarse con el exterior, y poder admirar la banalidad del mundo que tanta depresión le ocasionaba. Corrompía el delito de sentir más de la cuenta, su grado de sensibilidad le permitía frustrarse día a día por tanto dolor e iniquidad humana, quería olvidar que el mundo parecía estar despierto pero que a su vez, solamente estaba adormecido por el temor contemporáneo.

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Crédito:La Vanguardia.

 Parecía ser una mezcla de antónimos y más con los estereotipos que le bombardeaban la cabeza, una y otra vez. Cansada de andar por el camino con otros zapatos, quería adoptar unos de color más chillante – de esos que la gente aprecia más-, y la emoción le llegó de una forma tan ingenua, que quiso ser como las demás mujeres, tan asfixiadas de falsedad. Ella pensaba, que las personas sólo querían a las chicas que eran agradables a la vista –según los requerimientos sociales-, y todas las noches anhelaba ser otra persona, ser como las demás, porque ya se había cansado de llorarle e implorarle a la luna, que solamente quería ser aceptada.

 Le gustaba la noche, porque la magia de las estrellas le permitía soñar despierta y además, podía confiarle todos sus secretos a unas hojas de papel plagadas de tinta negra. Parecía que la oscuridad se conjuntaba con sus miedos, y así se hacían mejores aliados para poder platicar con el muro sobre las angustias que la acechaban cada día, cada tarde, a cada momento. Mientras las lágrimas brotaban de repente, las manos parecían articular todo el dolor que sentía, y plasmaba sobre el cielo un mar de esperanzas por cumplir, y una de ellas era ser normal y aceptada.

TE ECHO DE MENOS

Crédito:Blogspot.

 Tal renuencia para amarse a si misma, le provocó grandes inseguridades y trató de ahuyentar los miedos de miles de formas, pero siempre fallaba y la aflicción llegaba para corromper su estado de ánimo, cuando éste tipo de situaciones la acechaban. No creía en ella, y desgraciadamente no podía ver la hermosura de sus pensamientos, de su espíritu y de su gran talento para amar, lo malvado de esto es que siempre la abrumaban tantos complejos que no podía sentirse completa. Ella sólo quería ser como las demás, como esas chicas que eran normales, esas que la gente acepta rápidamente y que parecen no tener problemas, porque su mente es tan superficial que no pretenden ir más allá del presente. Esa  mujer se la vivía soñando, era su pasatiempo favorito. Divagaba tanto, que se perdía entre la gente para tocar los pétalos de las flores en el parque, para dibujar caritas felices en los dedos de los demás, le gustaba oír ruidos extraños mientras la gente peleaba, disfrutaba caminar en medio de la noche, porque la noche era tan hermosa, que todos parecían olvidarla y se consolaban con la diversión que ofrecía, pero no con su significado real.

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Crédito:Blogspot.

 Mientras los hombres pasaban y se detenían a ver a la chica más guapa, ella pasaba inadvertida bajo sus letras y sus pensamientos, sabía que eso no le pesaba, sino que creía que no era tan divertido ser tan diferente, eso a la gente parecía aturdirle y la hacía más vulnerable hacia el dolor. Todo pasaba mientras ella caminaba, sólo escuchaba el rumor del mundo para poder entender el porqué de tanta injusticia… y así, pasaba la vida, llena de suspenso y de una grotesca pizca de advertencia.

 Harta del mundo, fastidiada de su propia persona, decidió ser como las demás y empezó a celebrar las cosas más estúpidas del mundo; planeta en el que se augura una mujer aceptable. Buscó pertenecer al mundo, siendo como las demás y obviamente, se sintió más infeliz que nunca por adoptar lo más somero de la existencia. Se preocupó tanto por dejar de ser ella, que de repente se encontró con la espada que le haría más daño. En ese afán por buscar un cambio, olvidó la belleza de toda su singularidad, ese toque que la hacía tan especial a la vista de los demás, sólo que ella no quería darse cuenta de lo que era realmente; era la gota de aceite sobre el agua, pero se empeñaba en no serlo.

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Era lo que el viento le dijera. Crédito:Blogspot.

 El espejo parecía mentirle y ser su peor enemigo, es por eso que no se llevaba muy bien con él y su trato siempre fue ofensivo, no había una situación cordial entre ellos, al grado de que mandó a quitar todos los espejos de su casa, para poder sentirse más tranquila. Ellos no eran amigos y parecía que no iban a tener una relación de respeto. Porque esas láminas resplandecientes, le mostraban algo que no quería ser.

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Lo sublime del viento fue su guía. Crédito: Flickr.

 Pasaba el tiempo, y de repente encontró que el mundo merecía pensamientos sinceros y bellos. Y decidió por primera vez ser ella, con esa luz tan deslumbrante que se negaba a ver, con toda esa lluvia de emociones que no quería que le invadiera, puso un espejito sobre su tocador, para verse de vez en cuando y poder quererse poco a poco. La aceptación comenzaba a fluir y de repente sin demora alguna, llegó alguien que la haría sentir más especial de la cuenta, era un alma que también disfrutaba de los detalles más sublimes de la vida. Eran unos soñadores entre el mundo que está dormido. Así comenzaron la existencia de lo desconocido. Ella, ahora es lo que siempre quiso desechar. La vida no se equivoca.

Alma Torres

El viaje es entre letras y utopías. Estudiante de Economía del IPN. Hagamos de la escritura, la revolución del amor mismo.