La mujer ejerce su derecho de réplica

abril 24, 2014

Por:

Arte, teatro, Vista

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“La violencia no es sino una expresión del miedo”

Arturo Graf

En un paraje desértico está María Woyzeck, aunque  lleva muy pocas cosas en su bolsa, ha perdido algo en la misma sin poder hallarlo de ninguna forma. Pronto Franz, su marido llega, y ella comienza el diálogo a partir del objeto extraviado. María expone a su marido las vicisitudes que la han llevado a no poder encontrar “lo más importante” que venía cargando al tiempo que con el resto de los objetos en su bolso, cuenta la posición que juega en el aquí y ahora.

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Marta Cristiana

 Georg Büchner murió sin finalizar su obra Woyzeck, en la cual exponía los límites que la presión social ocasionan sobre los estratos más indefensos, la condición humillante de la pobreza, la fidelidad, los celos y el ímpetu por ser libre en una sociedad opresora. Todo esto se relata por medio del personaje de Franz Woyzeck, soldado cuya mujer ha sido ultrajada por un superior, y al ser fiel a su idea de que fue infidelidad premeditada, la ira ciega su pensar y da muerte a su mujer; entre otras acciones importantes de la trama.

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 Hoy, Luis López escribe y dirige este monólogo corto,  titulado tal como el personaje víctima del párrafo anterior, María Woyzeck. Lo presenta en el Teatrino del Foro Shakespeare, con la interpretación de tres fabulosas actrices: Marta Cristiana (quién en verdad ofrece una experiencia humana), Inés De Tavira y Lorena Del Castillo.

 Al excluir un personaje incomprendido del texto original, López comienza a fragmentar la memoria de María, para otorgarle el derecho a réplica que le fue negado, dando cómo resultado que cuente su historia y su pensar ante la misma sociedad que orilló a su marido a asesinarla.

 Aunque es un texto con momentos redundantes y elementos tal vez ya conocidos, éste acto es un valioso material de crítica social que se adecúa a las necesidades actuales, presentado en un formato atrevido y una narración no lineal que adentra al espectador de lleno.

Junto a María, escucharemos una posición feminista acerca del cómo sería para las mujeres el poder ver a los hombres como las ven a ellas, como productos que se pueden adquirir, aprovechar y desechar, cual latas de comida por ejemplo. Equidad imposible será la tesis, comprobarla será tan sencillo que asusta.

 El director rescata de la muerte a María, un personaje perturbado y caótico por dentro (“¡Soy Iraq!”, grita exhausta de sí misma) para ubicarla en un limbo dónde sólo puede seguir adelante gracias a la persistencia de los recuerdos en su memoria, de sus demonios encarnados y de los sueños que le fueron robados y claman poder ser aunque sea contados de manera idílica.

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Martes y Domingo. Consulte cartelera.

 Es la historia de una mujer que vivió siempre rodeada de la violencia y fue víctima física y psicológica de la violación hasta el final de sus días; sin embargo, nunca pudo explicar su historia, sólo se le adjetivó como una puta, una provocadora, una inmoral y una indecente. Todo sin darle permiso de defenderse del ataque. ¿Familiar al día a día acaso?

 La composición escenográfica es el talón de Aquiles (junto a los detalles del texto ya mencionados y a ligeros tropiezos de ritmo), puesto que no es coherente al discurso relatado que evoca a un páramo desértico, mostrando pues una pradera verde. A sumar con el radioarte que crea un sensorial al inicio de la trama y contiene información necesaria para planear la circunstancia, pero pasa desapercibido por su pobre combinación con el resto de los componentes, como la iluminación.

 A pesar de los aspectos técnicos, María Woyzeck es un atrevido reclamo a la violencia de género (y en general) que vale la pena presenciar. Toma fuerza de la sociedad actual para darle vida al contexto clásico, situado en la historia original en Europa durante 1800, apuntando con fuerza hacia puntos que nos hacen ver que en realidad ni el sistema social en que vivimos, ni el modo de pensar de las personas, han dejado de ser tan retrógradas como deberían de contrastar en ésta actualidad, por el contrario, apenas y hemos percibido cambios. Y ésa condición de víctimas y victimarios de nosotros mismos, ha permitido que vivamos en el caos dónde la idea de respeto y comprensión es un absurdo.

Saúl Campos

Comunicólogo, apasionado del arte y la información. Adicto al teatro.