La muerta que no se fue, pero tampoco regresa

noviembre 4, 2014

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Extras, Notas, Random

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De cuando hay festejos que por más que quieras, no puedes festejar.

 Sé que podría decirse que los mexicanos esperan con fervor a sus muertos, que les sirven comida, alcohol y demás, sin embargo, la tradición era para mí todo un lujo, dejó de serlo hasta que murió mi sobrina, aunque mucho más que ese parentesco lejano, yo la sentía como a una hermana.

 Ni siquiera quiero hacer la cuenta de los años que han pasado desde que se colgó en el borde de su cama y no lo recuerdo, porque hasta la fecha no había escrito al respecto. Pero las fechas me obligaron a recordarlo y no es que no pueda asumirlo, o aceptarlo o superarlo. El caso es que no le ponemos ofrenda, no podemos, nos duele. Nos aniquila el tema, el poder de la palabra suicidio y su edad (11 años) es suficiente para evitar el tema y casi anular el hecho.

 Veo muchas ofrendas con fotos y guisados deliciosos, lo respeto, me gusta. Pero cuando se trata de “honrar” a la que se fue, el tema se complica. Un sólo año le pusimos un altar con flores naranjas y toda la parafernalia, pero para ser sincera, me retumbaba el interior el sólo pasar por ahí.

 Aunque me gustaría serle fiel a las “tradiciones mexicanas”, hay algo más profundo que me lo prohíbe, ni siquiera quiero ir a su tumba. No es que no quiera recordarla, es que sigue bien presente y no regresa con velas y flores. Vive en mi casa todavía y la herida brota. Duele menos, pero siempre lastima.