La llama doble: Octavio y Paz

abril 21, 2014

Por:

Arte, Literatura

No hay comentarios

“Aquello que nos muestra el poema no lo vemos con nuestros ojos de carne sino con los del espíritu.”

No sabría decirles si la verdadera tragedia de la vida sea no amar o no ser amado (que en todo caso sería estar muerto en vida por un lapso indescifrable).

 Cuando no se es correspondido, lo que verdaderamente se atormenta es la piel que calla desnuda y el corazón; pero cuando se ama, amas a la persona como unidad -cuerpo y alma- ; sin embargo, se ama un cuerpo que obedece al tiempo y un alma que sólo está de visita. “El amor humano es la unión de dos seres sujetos al tiempo y sus accidentes: el cambio, las pasiones, la enfermedad, la muerte.”

 Podemos amar desde distancias largas a través del lenguaje, la palabra. Hacemos uso de una lengua “subversiva” que glorifica al ser amado, al sexo lo erotiza y, finalmente, lo ama. Eso es poesía. Poesía es lo que dice el alma a través del cuerpo y así trasciende. El lenguaje pretende comunicar; el poema no dice, el poema es.

william-dyce-paolo-and-francesca

 El poeta cumple dos funciones fundamentales: “la poesía es la otra voz”, se atreve a decir lo que guardamos o pretendemos no decir; la poesía funciona como historiador del amor o viceversa, “la historia de la poesía es inseparable de la del amor.”

 Octavio Paz (1914-1998), poeta, hace una revisión íntima de esta historia inherente a la humanidad con La llama doble. Amor y erotismo. Desde la Antigua Grecia con Safo de Lesbos y su poesía erótica por excelencia, y Platón con los seres andróginos que bien podrían explicar sutilmente esa necesidad y atracción hacia otro ser; Catulo y Propercio, por nombrar algunos poetas latinos, quienes preparan el terreno de la poesía como elemento distintivo de la libertad; Ibn Hazm, Dante, Quevedo, Shakespeare, Bretón…

 El amor y sus accidentes le ofrecen al sujeto y su amante experiencias que van más allá de la sensualidad, incluso del entendimiento. “El amor es una atracción hacia una persona única: a un cuerpo y a una alma. El amor es elección; el erotismo, aceptación. Sin erotismo -sin forma visible que entra por los sentidos- no hay amor pero el amor traspasa al cuerpo deseado y busca al alma en el cuerpo y, en el alma, al cuerpo. A la persona entera.”

 El concepto de libertad de hace 20 años se ha visto alterado de la misma manera en que Octavio Paz reflexionó sobre la libertad de los siglos pasados. Es cierto que nos enfrentamos a una política (moral) hipócrita donde se vende el cuerpo –antes concebido como un microcosmos admirable- como un objeto propio de la mercadotecnia y la publicidad.

 Me refiero a la libertad porque el amor nos hace libres y humildes. Esta última carente en las personas, así como la responsabilidad, no sólo de la vida sexual como acto reproductivo sino en el erotismo. Octavio Paz nos dice que “el amor es siempre humano”, y como todo lo humano -tanteando entre lo terrenal y lo divino- juega, como las religiones, a ofrecerles un cacho de paraíso pero, a diferencia de éstas, el amor hace partícipe al roce de la piel (lengua del alma) y los labios.

“Hace muchos años escribí: el amor es un sacrificio sin virtud; hoy diría: el amor es una puesta, insensata, por al libertad. No la mía, la ajena.”


amorcortes