La literatura latinoamericana y los pueblos originarios: Eduardo Galeano

septiembre 18, 2014

Por:

Literatura, Medios, Objetos, Reseñas, Tacto, Vista

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El pasado 3 de Septiembre, cumplió años el gran escritor uruguayo  y exponente de la literatura latinoamericana, Eduardo Galeano: hombre que se ha distinguido por tener la virtud de plasmar la emoción más recóndita del ser humano a través de palabras neutrales y sencillamente envueltas de pulcritud, en conjunto con la sensibilidad que pone la piel de gallina.

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Crédito: Periódico el clarín.

 Tuve la oportunidad de verle, hace dos años casi y recuerdo ese día como si fuese ayer. Asistí al cierre de una serie de conferencias que organizó CLACSO (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales)  y estuve parada por dos horas en la enorme fila que aguardaba fervientemente su llegada –la esperanza por verle; quizá una vez nos hacía un vuelco en el corazón–.

EDUARDO GALEANO[1]

Crédito:Nuestrocanto.net

 Tuvimos que sentarnos unos cuantos jóvenes en la alfombra – el lugar está abarrotado -, juré que no cabía un alma más en ese sitio, que se estaba llenando de borlote, de chiflidos y de una que otra voz que decía “Queremos ver a Galeano, ya”. Todos aguardábamos atónitos,  la desesperación se apoderaba ante cualquier sonido del micrófono o ante el aviso de que en veinte minutos empezaría la clausura, cosa que no fue cierta pues tardaron más de 40 minutos. La impuntualidad fue la intolerancia del momento, parecía que todo el público mencionaba las palabras más grandotas de toda la existencia.

 Recuerdo que sólo fueron a lo mucho 15 o 20 minutos en los que habló y trató de dar un breve pero, singular mensaje que nos dejó pensado por varios días; dio cuenta de la reflexión hacia el mundo, hacia la vida y hacia sí mismo. Tres ejes, que parecieron ser la mezcla perfecta para detonar una oleada de ideas que nos dejaron más perplejos de lo común.

 Desde ese día, supe que Galeano; además de tener un gran legado cultural, también posee un gran aporte histórico que nutre la retrospección de los pueblos originarios y su coexistir. Tal es el caso de Las Venas abiertas de América Latina (1971), Crónicas latinoamericanas(1972), América Latina para entenderte mejor (1990) y entre otros escritos. Su importancia revela la majestuosidad de la nigromancia del pueblo, de sus artilugios…de sus objetos más preciados, de sus lugares más recónditos y ancestrales. Porque como bien dice el autor:

 Quien no se hace el vivo, va muerto. Estás obligado a ser jodedor o jodido, mentidor o mentido. Tiempo del que me importa, el qué le vas a hacer, el no te metas, el sálvese quien pueda. Tiempo de los tramposos: la producción no rinde, la creación no sirve, el trabajo no vale. En el Río de la Plata, llamamos ‘bobo’ al corazón. Y no porque se enamora: lo llamamos ‘bobo’ por lo mucho que trabaja.

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Crédito:Tumblr.

 He de admitir, que unas lágrimas rodearon mis mejillas con todo el mensaje que dio, con todas esas palabras que quedaron marcadas en mi mente; por todas esas cosas por hacer y que se nos recalcan constantemente en la vida.

 Particularmente, ese día todos atendían las palabras y los ademanes del gran Galeano, del soñador empedernido, del defensor de lo inconcebible, el gran artífice de obras que plasman la memoria y el olvido de nuestras raíces…de nuestros cimientos. Historias y narraciones, que se han contado miles de veces; quizá unas menos peores que otras, pero ninguna guarda la esencia de América Latina y sus pasos.

 A pesar, de que hubo muchas trabas en el camino para reconocer el gran trabajo de Galeano; el cometido se ha logrado y su legado nos transmite reflexión y amor por lo que es nuestra tierra, por su fertilidad expresada en cada rincón, en cada partitura, en cada cimiento…en cada ambigüedad.

 Cuando palpé su mirada expuesta en la presentación, sentí que el mundo se apropiaba de cada expresión y cada palabra matizada con ese acento uruguayo; que desplazaba todo el tumulto de voces que yacían en cada espacio del salón, quince minutos…y nadie decía nada, la mirada de todos estaba dirigida hacia él, logró apoderarse del tiempo y el espacio en tan poco tiempo.

 Olvidé que hora era, ya no recordaba ni siquiera el hecho de escribir el reporte que dejó mi profesor, olvidé que mis pies se habían dormido y el hormigueo no dejaba de cesar; inclusive postergué mi hambre desorbitante. Y fue cuando recordé, una frase del autor:

“Mucha gente pequeña,en lugares pequeñas,haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo.

 El deseo por permanecer ahí me duró poco tiempo…pero sus palabras se quedaron fijas para  no olvidar que las raíces de este mundo, nosotros las construimos y que somos los herederos de nuestros propios sueños y fantasías, así como de la oscuridad en la que nos empeñamos en vivir.

 

Alma Torres

El viaje es entre letras y utopías. Estudiante de Economía del IPN. Hagamos de la escritura, la revolución del amor mismo.