Jamás incontables

octubre 31, 2014

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Me parece justo, a conciencia de no ser hipócrita e indiferente, prestar la voz, mis manos y lo que he de considerar más poderoso que un arma: la palabra.

 El arte, la literatura, o cualquiera de sus múltiples formas claman lo que ha sido arrebatado desde hace mucho tiempo: libertad. Miles de personas han cantado indignación, y miles más lo han susurrado en un aliento casi imperceptible, en silencio. El país no agoniza del todo; se levanta.

 Tlatelolco, la guerra sucia, las muertas de Juárez y el Estado de México, Atenco, Gregorio Jiménez…Ayotzinapa. Más de 6, de 43, pero jamás incontables. Cada uno de los hechos vive y no se puede prestar a la comparación y mucho menos al aislamiento.

La ausencia de aquellos  que sirven de cura es nuestra muerte en vida, la que más duele, la que quema, ahoga, entierra, mutila, lastima cuerpos y almas.

 Se nace cargando una condena, y es ella la que se ha convertido en nuestra cuna. Nadie se pregunta hasta que le toca de cerca, cerquita.

 ¿Por qué hemos decidido gritar precisamente en este instante? Porque esta situación va más allá de quebrar la expresión, el derecho, la igualdad, la justicia: es romper con lo que concebimos humano, puro; y es de esa idea que se desprende lo corruptible, ya institucionalizado como alguien dijo. La muerte como parte de un sistema. Dualidad tardía para una conmoción como la de hoy.

En México, las matanzas se hacen “bajo el contexto de la ley”.

 ¿Quiénes somos?, ¿por qué lo permitimos? No se trata simplemente de cuestionar y juzgar a los autores de una transgresión o injusticia, sino a quienes lo permitimos. Cansada nos resulta, pues, la historia de siempre, la inmersión del crimen en las funciones públicas y viceversa; aun así, hemos permitido que suceda. Que ahora asesinen estudiantes, y para conveniencia de algunos, “guerrilleros”.

 Y, para ser honestos, si lo somos. Las verdaderas guerras se hacen en clase, con diálogos, con educación; con la propuesta de maestros que prefieren dar clase a manifestarse, porque esa es la mejor manera de expresarse.

 Se habla en los medios de la exigencia internacional por recuperar a los desaparecidos, se atienden a sus llamados con promesas caducas y falsas, de más de 40 años. ¿Qué importa que México se encuentre en la mira mundial? La mira de cada uno de los mexicanos es la que cuenta.

 ¿Prestigio? ¿preocupación? ¿reformas? ¿Saving qué?

 Politización del dolor, imitación de un estado vecino que utiliza políticas de terror en países lejanos y ajenos, políticas de invisibilidad, de poder.

 Guerrero es otro estado de mi país que no conocemos, que no sentimos ni queremos sentir, al igual que Michoacán, Veracruz, Tamaulipas, Morelos…Guerrero, Iguala, Ayotzinapa son tierra de todos. Entendamos que México no es un partido, no es una mancha de sangre, no es un cuerpo sin rostro, no es una familia rota. México no está en guerra con estudiantes ni jóvenes, está en guerra con las ideas, con una revolución.

“En cuanto la bendita llama hubo dicho su última palabra, empezó a girar la santa rueda, y aún no había dado una vuelta entera, cuando otra la encerró en un círculo, uniendo movimiento a movimiento y canto a canto…”

— Dante Alighieri. La Divina Comedia, Paraíso