#IlustradoresConAyotzinapa: a un mes del siniestro

octubre 28, 2014

Por:

Arte, Diseño, Ilustración, Medios, Noticias, Vista

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Se ha cumplido un mes ya. Poco más de treinta días transcurridos desde aquél en que comenzó a correr la noticia de la atrocidad que para algunos —acaso los crédulos, ingenuos— parecía algo falaz, bárbaros actos inhumanos que simplemente no figuraban en la idea de realidad que se concebía.

 Menuda realidad… Que con este hecho vino a destaparse lo legítima y brutal que es para los desventurados, carentes de oportunidades para hacerse escuchar, de armas para defenderse, y de medios para hacer justicia a todos los futuros amordazados, los caminos coartados, los anhelos arrebatados. Víctimas, mártires del terror, la cobardía, la miseria y la repulsión de la misma especie. Esos desventurados que fueron seis, son 43 y la cifra se agrava a cada día que pasa.

 Continúa siendo estremecedor tocar el tema. ¿Qué tan vago es referirse a ellos con la palabra «desaparecidos»? ¿Es todo esto una suerte de sinécdoque que se sitúa ante nosotros a manera de reality check? ¿Ya despertamos? ¿Y qué con el repudio que despiertan estos reprobables sucesos hacia la pesadilla que han hecho los dirigentes de nuestro país con él? ¿Qué remedo de autoridades tenemos? ¿Qué se hace con la indignidad y la humillación como el sentir común de una nación entera? Por si eso no fuera suficiente, ¿qué se hará con la desaprobación categórica hacia tal infamia por parte de países, intelectuales y ciudadanos del mundo que no dejan solidarizarse?

 Hay muchas preguntas que se formulan al instante y pocas respuestas que puedan sosegar la urgencia de resolverlas. Tampoco es fácil encontrar soluciones para llevar a la práctica ante incidentes que se detonan como consecuencia de un truculento trasfondo del que incluso hay temor por conocer. Potenciar la lucha o apaciguar la resignación, es el dilema. Aunque el incalculable compendio de muestras de apoyo y fraternidad que se han hecho a las familias de los 43 normalistas de Iguala resulte, sin lugar a dudas, un empuje inequívoco a no darse por vencido. Que la unión hace la fuerza, lo sabemos.

 Recientemente comenzó a aparecer por las redes la leyenda #IlustradoresConAyotzinapa. Este proyecto nació de Valeria Gallo con la intención de humanizar las cifras y dar rostros a los desaparecidos puesto que, señala, puede tratarse de algún conocido o familiar cercano, y cualquiera de nosotros podría verse envuelto en la vulnerabilidad de las circunstancias. Invitó a colaborar a Margarita Sada y otros colegas, se fueron esparciendo los resultados y a apenas pocos días de haber arrancado, ha sido acogido de manera satisfactoria entre la comunidad artística aludida con más de 200 aportaciones a la causa, y contando.

"Yo, Valeria Gallo, busco a Benjamín Ascencio Bautista".

“Yo, Valeria Gallo, busco a Benjamín Ascencio Bautista”.

 

"Yo, Margarita Sada, busco a Carlos Lorenzo Hernández".

“Yo, Margarita Sada, busco a Carlos Lorenzo Hernández”.

 La sensibilización que trae consigo el arte es, en ocasiones, difícil de expresarse con palabras. Como al ver un cuadro o una fotografía, es casi imposible traducir a la oralidad la cantidad de emociones que despierta y de ideas que evoca.

 Sucede justamente así. Es sobrecogedor cómo miles de voces claman aún por Saúl Bruno García, por Leonel Castro Abarca, por Cutberto Ortiz Ramos y por Alexander Mora Venancio.  Cómo personas que ni siquiera conocían a Carlos Iván Martínez Villareal o a Doriam González Parral exigen que se les regrese con vida a sus familias. Vivos se los llevaron y vivos los queremos.

 Porque para la reparación de esa realidad mencionada, no bastarán cientos de noches más que reflejen cambios significativos y poco podrá revertirse a como antes era. Porque a veces hace falta creer. Porque el mínimo gesto del prójimo, la empatía y el brindar apoyo sin que se pida, puede traer consigo una resonancia inconmensurable, como el aleteo de una mariposa. Porque son más de 43. Porque no es sólo México, es cada persona del globo que se solidariza con ellos. Porque ¿quién dijo que todo está perdido?

| Galería completa de #IlustradoresConAyotzinapa

"Yo, Choper Nawers, busco a Jhosivani Guerrero de la Cruz".

“Yo, Choper Nawers, busco a Jhosivani Guerrero de la Cruz”.

 

"Yo, Daniel Nieto, busco a Cutberto Ortiz Ramos".

“Yo, Daniel Nieto, busco a Cutberto Ortiz Ramos”.

 

"Yo, Bea Ortiz, busco a Jorge Aníbal Cruz Mendoza".

“Yo, Bea Ortiz, busco a Jorge Aníbal Cruz Mendoza”.

 

"Yo, Eugenia V. Cano, busco a Marco Antonio Gómez Molina".

“Yo, Eugenia V. Cano, busco a Marco Antonio Gómez Molina”.

 

"Yo, Levhita, busco a Abel García Hernández".

“Yo, Levhita, busco a Abel García Hernández”.

 

"Yo, Charles Boguer, busco a Giovanni Galindes Guerrero".

“Yo, Charles Boguer, busco a Giovanni Galindes Guerrero”.

 

"Yo, Kosme Katlipoca, busca a Julio César López Patolzin".

“Yo, Kosme Katlipoca, busca a Julio César López Patolzin”.

 

"Yo, Omar Martínez, busco a Abel García Hernández".

“Yo, Omar Martínez, busco a Abel García Hernández”.

 

"Yo, Genrus, busco a Doriam González Parral".

“Yo, Genrus, busco a Doriam González Parral”.

 

"Yo, Hugo Castillo Rivera, busco a Israel Jacinto Lugardo".

“Yo, Hugo Castillo Rivera, busco a Israel Jacinto Lugardo”.

 

"Yo, Jorge Penné, busco a Marco Antonio Gómez Molina".

“Yo, Jorge Penné, busco a Marco Antonio Gómez Molina”.

 

"Yo, Alejandra Saavedra, busco a José Luis Luna Torres".

“Yo, Alejandra Saavedra, busco a José Luis Luna Torres”.

 

"Yo, Juan Carlos Jiménez, busco a los 43 estudiantes desaparecidos".

“Yo, Juan Carlos Jiménez, busco a los 43 estudiantes desaparecidos”.

 

Karla M. Ricalde

(Ciudad de México) fue un jueves de la segunda mitad del año de 1992. Licenciatura en Comunicación y Periodismo por la UNAM. Fotografía y especialidad en producción radiofónica, aunque gusta también de la ortografía y la puntuación.