Il Visore Lunatique, para volverse (literalmente) locos de gusto

abril 1, 2014

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Discos, Música, Reseñas

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Es complicado imaginar que una banda que suena como Descartes a Kant, no sólo esté teniendo cada vez más éxito y reconocimiento, sino que lo esté consiguiendo dentro de México. La primera vez que escuché “Buy All My Dreams”, su primer sencillo del disco Il Visore Lunatique (2012), sencillamente no podía creer lo que estaba escuchando (conózcanlo aquí). Y no es cuestión de ponernos a valorar si son mejores o peores que las otras bandas que normalmente escuchamos en este país, sino que son indiscutiblemente originales.

Descartes a Kant 1

 Es complicado encasillar a este disco en un estilo definido, aunque definitivamente una de las características que mantienen la cohesión es el uso constante de la contraposición entre melodías dulces con tintes infantiles y la energía disonante del Noise Rock. Aunque también podemos encontrar familiaridades con la música de cabaret, los musicales de Broadway, el jazz, el rap, y el blues.

 Ellos mismos han mencionado como una influencia importante de toda la banda a Mr. Bungle, conjunto musical lidereado por el legendario vocalista Mike Patton y caracterizados por no poder (ni querer) estarse quietos en ningún estilo. Yo me atrevería incluso a ir un paso más atrás y decir que tienen algo de la tradición musical de John Zorn (lo cual no es sorprendente si tomamos en cuenta que Zorn fue el productor del primer disco de Mr. Bungle): no tanto por los rasgos musicales que utilizan, sino por la cualidad casi caricaturesca con la que manejan sus materiales, donde no hace una falta una transición calculada o una preparación auditiva para pasar de un elemento a otro sumamente contrastante.

Así como sucede en la pieza para cuarteto de cuerdas “Cat O’ Nine Tails”, de John Zorn, en Il Visore Lunatique los cambios anímicos suceden de golpe y sin aviso.

 Algo digno de notar es la evidente evolución musical que han sufrido (o disfrutado, más bien) desde su primer disco Paper Dolls (2008). No sólo les costó más de 3 años de afinación, sino algunos cambios de alineación y una intensiva investigación estilística. Pero es claro que valió la pena. No sólo obtuvieron un disco que es muy disfrutable y que mantiene al escucha al borde del asiento preguntándose qué pasará después, sino que la abundancia de detalles en los arreglos musicales resulta tanto gratificante como sumamente interesante. Tomemos por ejemplo la “reexposición” (me abstengo de llamarle “segundo verso” por el simple hecho de que el “coro” funciona más bien como una parte B contrastante) del tema principal en “The Peter Pan Syndrome”. En poco más de un minuto y medio de música suceden muchas cosas que vale la pena mencionar: Por sobre una base rítmica con motivos reiterativos llevada por la batería y el bajo, un teclado lleva una especie de riff melódico que enloquece con bendings, cambios repentinos de octava, glissandos disonantes y secciones que parecen sacadas de una pieza electroacústica. Las voces femeninas se quejan, gritan desgarradoramente y lloran sin consuelo. Sin aviso alguno, el tempo se acelera repentinamente y sentimos que caímos vertiginosamente en la desesperación. Y todo esto intercalado por unos característicos “truenos” musicales: momentos de ruido e intensidad máxima que duran tan sólo un instante, un golpe de adrenalina para llamar nuestra atención (como si esto fuera necesario).

 Para terminar, me gustaría mencionar que el ambiente general de locura que transpira esta producción no es para nada un atributo fortuito: para llevar a cabo este proyecto, Descartes a Kant se basó en la vida y obra de la escritora neoyorquina Victoria Dickens. Tomaron a algunos de los personajes que dicha escritora ha creado mientras se encuentra en una clínica de rehabilitación psicológica y los plasmaron en cada una de las 11 canciones que conforman el disco. No sólo influenció esto el estilo tan bipolar de la música y de las letras, sino también el interés tan particular de la banda por ejercitar la teatralidad en sus shows en vivo. Para lograr esto, se apoyan en diversos vestuarios, actuaciones excéntricas y elementos de performance. Resulta muy emocionante ver cómo las cantantes salen del escenario (como ilustraciones que escaparan de un libro) para interactuar con el público y arrojar espuma y confeti sobre sus cabezas.

 Espero que esta nota baste para incentivar su curiosidad acerca de esta increíble banda. Busquen sus discos y, sobre todo, asistan a sus tocadas. El apoyo que les podemos dar es lo que se necesita para que más agrupaciones con esta calidad y originalidad surjan y se mantengan en este país.

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