Ideas vestidas: Baudrillard y Monsiváis

junio 25, 2014

Por:

Arte, Literatura, Vista

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Eso de la “cantinfleada” se les da a todos. Es más fácil decir nada con muchas palabras; es más divertido insinuarlo y que los demás entiendan lo que quieran. Si les gusta, lo compran, y si pasa lo contrario, también. Ya decía Carlos Monsiváis que si se trata de pasarla bien, los espectáculos dejan de ser buenos o malos y se convierten en arte a la medida del bolsillo.

Carlos Monsiváis

Carlos Monsiváis

 Propiamente dicho, el espectáculo se llevaba a cabo en las fiestas familiares y debajo de las lonas o carpas improvisadas de la calle. Los espectadores de dichos actos salían doblemente muertos y, por otro lado, salían con un nuevo motivo para sentirse gloriosos y felices. Quiero decir más muertos porque no sólo sentían deslomarse de la risa con los chistes propinados por el artista de barrio (a razón de que “callejero” representa otro nivel), sino también muertos de hambre, simplemente porque así es la costumbre del pobre.

 Lo que ellos nunca supieron, ni sabrán, es que a pesar de la carencia intelectiva de la función, nunca fueron estafados. Nunca. Los pobres, desde la incomodidad de la silla rota, pagarían poco por mucho de poco. Los pudientes, bien acomodados, pagan mucho por nada de nada. Ahora, si sólo desde las palabras podemos ser justos: la nada ya es algo. El rico juega a entender al mísero vecino desde las galerías. Quiere ser como él, pinta por él, canta por él, escribe por él, protesta por él.

No se trata de una burla ni de un juego hipócrita; por el contrario, se alude a una conciencia mutada y revertida. Esa sensibilidad artificial rompe con todos los esquemas vanguardistas. Rompe, pero no construye.

 El nuevo espectador oscila entre dos vertientes completamente opuestas; tiene que dejar de ser para luego no saber qué es lo que es o debe ser. La fragmentación entre artista-obra-espectador se traduce al ideario inocuo propio de nuestro tiempo. El arte ya no genera un discurso. La obra desarraiga el orden de espacio-tiempo; es decir, se perturba y se confunde la certeza de la comunicación. La obra no se sitúa ni maneja una percepción que nos identifique con la creación o con el artista. La obra y el artista se contradicen.

 Las ideas están vestidas. Vestidas de manera estrafalaria, desproporcionada. Dejan ver todo lo que no es. Por ejemplo: la guerra. Todos aquellos que necesitan hacer algo, acuden a la guerra. Disfrazan de encanto blanco el discurso político, la poesía y la música, cuando irónicamente, lo que genera la hostilidad es la muerte anunciada por los ídolos confundidos. Proponen la rebelión para generar incertidumbre y unir a todo aquel que le dedique el tiempo necesario para cambiarle a la televisión o leer el encabezado. ¿Cómo es posible que la izquierda pueda ser derecha frente a un montón de dinero? Pues sí, así se pagan las prótesis.

Jean Baudrillard

Jean Baudrillard

 Sin darse cuenta, tanto la prensa como la política, se transfiguran en la bella dama aclamada; sin embargo, la señora del pueblo que surgió a partir de la nueva base del estereotipo anteriormente ovacionado, es atacada, denigrada y, paulatinamente, olvidada. El rechazo hacia el mismo reflejo se va dando a través de los años de forma involuntaria; cegados por el propio deseo de una vuelta a los orígenes.

La belleza viene callada; se dirige y nos habla con poses y labial barato. El sexo está perdido en el performance de la mera improvisación que solamente busca miradas y portadas de revista. El líder casado con la empresa más cercana, mata dos gaviotas de un tiro. La imagen está adherida a nuestra piel, tan tóxica como es. El arte se vende y se cubre de la luz hasta que alguien lo quema desde un libro mal escrito. Los medios son la guerra; matan y acusan al artista de barrio que actuaba bajo la lona improvisada. El amor sigue sin existir hasta que alguien lo vea.

La imagen, los medios, los líderes, la belleza, el sexo, el amor, el arte. Víctimas de la confusión.

 ¿Cómo actuaría la señora del pueblo si se enfrentara a los principios naturales?

Basado en los ensayos:

Todos somos transexuales de Jean Baudrillard.

Instituciones: Cantinflas. Ahí estuvo el detalle de Carlos Monsiváis.