Hacer zoom a la lejanía

julio 16, 2014

Por:

Arte, teatro, Vista

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Cuidado con el hombre que habla de poner las cosas en orden. Poner las cosas en orden siempre significa poner las cosas bajo su control.

Denis Diderot

El ambiente es denso, futurista, es una galaxia lejana a la tierra. Ahí la doctora Úrsula, miembro de una tripulación encargada de experimentar en el espacio, acerca de los efectos de la velocidad del zoom del horizonte, comienza a narrar su confesión sobre los hechos que acontecieron en los últimos días de la tripulación a bordo de la nave que llaman El Animal. En medio del mar estelar, criaturas semejantes en estructura a los humanos logran proyectarse fuera de la mente de los pasajeros, son los “visitantes” y han aparecido para comprobar una teoría y desencadenar una revuelta ideológica alineal a cualquier estimación del equipo, la pérdida de la estabilidad.

 Dirigida por MartínAcosta, escrita por David Gaitán, la Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultural Del Bosque abre sus puertas a una nueva temporada de La Velocidad Del Zoom Del Horizonte. La puesta se basa en Solaris, la novela de los 60’s escrita por el polaco Stanislaw Lem, en la cual una tripulación viajaba al planeta del mismo nombre para tratar de establecer contacto con la forma de vida de este, un gigantesco océano. La misma dinámica de los “visitantes” aparece aquí.

 A partir de esto, Gaitán cierra brechas generacionales y acerca a su público a una historia de ciencia ficción escrita en el tono correcto para envolver con su dramaturgia y explorar las facetas del empoderamiento humano a partir de la amenaza a la razón y lo tangible. Este autor nos expone un panorama del miedo del hombre a saberse ajeno de conocimiento y del control, el hombre como esclavo de una búsqueda para tratar de entenderlo todo, cuando a veces es necesario entender que no se puede (ni debe) entenderse todo en la vida.

 Con la propuesta del autor, la visión de Martin Acosta inquiere un brillante juego de iluminación y audio (diseños de Miguel Moreno & Xicoténcatl Reyes, respectivamente) junto a algunos pases de magia escénica que serán los efectos especiales de esta odisea espacial y otorga una pieza de calidad. El ritmo de la historia es inquietante, la trama se vuelve circular y se va desmenuzando en nuevas hebras cada que descubre un aparente fin. La investigación que estos humanos llevan realizando se torna en una búsqueda referenciada a la humanidad por obtener la respuesta de su existencia en la lejanía, ahogados en el movimiento de una mar que no pueden controlar o entender, pero que se comunica.

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 Martín Acosta ejemplifica la necesidad de sentir control en todos los aspectos posibles, Por un lado los tripulantes fueron seleccionados por carecer de un pensamiento lineal y objetivo, ellos no tenían control alguno en la tierra, pero ahora lo tienen todo y quieren mantenerlo, cada uno el propio, luego el general. Esta es una obra acerca de la comunicación extrema, con aislantes totales y proyecciones de alto rango. Pero ojo, pese a las condicionantes humanas naturales, la puesta no es frívola, es más bien elegante y sarcástica. Una vacilación que calibra el entendimiento ante el miedo a lo incontrolable.

 Para dar vida a la historia, el director conjunta un elenco de gran solidez y calidad: Úrsula Pruneda como siempre impactante, entregada y con una admirable capacidad de manejo de su instrumento actoral. Junto a ella Tomás Rojas en una actuación medible a la de sus compañeros, esta es quizás la tercera ocasión en la que encontramos a este actor yendo  en la misma marcha que el resto del elenco (anteriormente logrado en Un Charco Inútil y Litoral) y controlando los matices de su personaje con oportunidad. Raúl Villegas y el propio David Gaitán aparecen con personajes de peso sustancial, ejecutados con el tono preciso y propiciando un crecimiento apreciable y deleitante en sus roles.

 Esmirna Barrios complementa la dupla femenina, mención honorífica a esta genial actriz cuya capacidad interpretativa es atrapante y conmovedora. Sin duda una actuación igual de memorable que su magnífica participación en Tío Vania. Finalmente Antonio Alcántara y Jorge Escandón cierran el catálogo de investigadores espaciales como una dupla que comparte pensamientos y formas de percepción, aferrados a un carisma auténtico, explotan la base de la sencillez a la ironía congruente con el pensamiento auténtico de la mente. Junto a Christian Cortés es un elenco que denota el arduo trabajo de mesa y trazo que tuvieron a simple vista. Son auténticos.

 La importancia de esta obra oscila en un primer plano hacia la  realización de ciencia ficción teatral llevada con inteligencia y cautela. Es viva muestra de las propiedades del motor teatral para transportar verdaderamente al espectador a regiones inesperadas dentro y muy fuera de sí mismo mediante una historia nueva. En segundo, a la enorme virtud de David Gaitán por poder llevar una idea literaria bastante compleja a un paraje dramático que entrelaza la manifestación del encierro con la ilusión y en sensorial. Y en tercer aspecto es testigo de cómo un director puede tomar un texto y manipular su estructura para satisfacerse a sí mismo, al escritor, a los actores y aún sorprender al público.10513535_344833245668248_7978685745546274566_n

 El discurso de la obra encierra en sus arcos la disertación de los peligros de la memoria y la necesidad del control. Es fresca, constante y tiene una coreografía que apuesta por la proximidad sin desaprovechar la reducción del espacio. Una atrapante pieza escénica digna de ser vista por todo aquel que guste de la acción, ciencia ficción y por todo aquel que se tienda a cuestionar su humanidad. Amén del sencillo y conceptual vestuario de Mario Marín Del Río.

 

 Imperdible.

Saúl Campos

Comunicólogo, apasionado del arte y la información. Adicto al teatro.