Gabo, Fidel, Arenas y otras mentadas de madre (Segunda Parte)

noviembre 19, 2014

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Críticas, Extras, Literatura

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Alrededor de cuatro novelas y dos décadas después de Celestino Antes del Alba, García Márquez gana el nobel de literatura. Cuatro años antes de suicidarse, Arenas vivía en Estados Unidos y logró publicar todas las obras que, debido a persecuciones y censuras, tuvo que reescribir varias veces, entre las que aparece Necesidad de Libertad (1986), dado a conocer inicialmente en Kosmos y quince años después en Ediciones Universal. En este compilado de textos de todo tipo, sobresale Gabriel García Márquez, ¿esbirro o esburro?, redactado en Nueva York en 1981, donde el cubano llama al Nobel “rata acosada”, “niño mimado de la prensa occidental” y “vedette del comunismo”, por ponerse del lado del autoritarismo en casos conocidos de Cuba, Vietnam y Polonia.

La escritora nacida en La Habana en 1959, es una de las voces más importantes de la desmitificación de la revolución cubana. 

 Zoé Valdés, la escritora más importante de la desmitificación de la revolución cubana en nuestros días, asegura que Arenas le entregó un artículo titulado La insoportable fealdad de García Márquez (1989) a Antonio Valle Vallejo, quien mecanografió Antes que Anochezca (1990) debido a que el autor ya estaba en un etapa terminal del sida. En él, Reinaldo Arenas compara a Márquez con los colaboradores de Hitler, lo llama plagiario: “hace más de veinte años que García Márquez debió comparecer ante los tribunales norteamericanos por haber plagiado incesantemente a William Faulkner” y humilla su físico, diciendo que tiene un cuerpo de – tortuga– caguama y no siéndole suficiente insulto, señala que “es un hombre casi completamente desarmado de la cintura para abajo”. Continúa señalando:

¿Cuál es el motivo de que un hombre de talento hasta para el plagio se haya plegado a los servicios secretos de Fidel Castro? La respuesta me la dio un cineasta colombiano a quien le comenté con tristeza que sus compatriotas debían sentir una gran vergüenza por ser conciudadanos de una persona como el señor García Márquez. “Es una gran pena”, me respondió. “Pero, por suerte, en Colombia, García Márquez es casi sólo conocido bajo el nombre de Cara de Fo”.

Fidel Castro y Gabriel García Márquez.

 Si hacemos un acercamiento detenido a la literatura de Arenas, este enigmático texto ofrece por lo menos una justificación que podría comprobar que Zoé Valdés no se lo sacó de la manga. En el Color del Verano (1991), la última novela del disidente cubano, como parte de una pequeña obra de teatro, insertada a manera de prólogo, titulada La fuga de la Avellaneda. Obra ligera en un acto (de repudio), en la que desfilan personajes como José Martí, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Julián del Casal, José Lezama Lima, José María Heredia, Raúl Kastro, Virgilio Piñero, Silbo Rodríguez, Fifo (Fidel Castro), Zebro Sardoya (Severo Sarduy), Delfín Proust (Delfín Prats) y muchos otros personajes de la intelectualidad cubana repartidos en coros que musicalizan desde Cuba, Cayo Hueso y el mar Caribe. Este esperpento es ejecutado, en parte por “la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por Manuel Gracia Markoff, alias Cara de Fo y Marquesa de Macondo” (El color 18).

 La misma Zoé Valdés llamó “hijo de puta” públicamente al Nobel colombiano.

Me llena de satisfacción, repito, el que se haya enterado lo que dije en aquella ocasión, por cómplice de dictadores, por arrastrapanza de dictadores, por haberle hecho la vida imposible en varios periódicos a escritores como Reinaldo Arenas y como Guillermo Cabrera Infante, y a servidora. Los tres lo hemos puesto en su lugar, el lugar de los arrastrapanza. El día en que se haga la historia de la literatura cubana habrá que decir que al menos tres escritores cubanos le cantamos las verdades en su cara, y habrá que contar también que muchos otros fueron aupados, publicados bajo su ala, y es la razón por la que todavía hoy tienen que cantarle loas y darles el culo y lamerle las hemorroides celebrarles para que, gracias a esa guataquería al Nobel colombiano que no ha sido exiliado en México ni la cabeza de un guanajo, que vive entre México y Colombia, les sigan dando bombo en los periódicos del mundo entero

 Gabriel García Márquez, que falleció hace unos siete meses, dejó impune varias de las injusticas que su gran amigo Fidel Castro llevó a cabo. Dos de las que más se le achacan son el Exilio del Mariel en 1980, el que decenas de miles de cubanos, incluyendo al propio Arenas, se abalanzaron al mar en busca de libertad; y la Primavera Negra del 2003, en la que 75 disidentes pacíficos fueron condenados entre 6 y 30 años de cárcel por escribir en actitud crítica hacia el gobierno.

Las enemistades de García Márquez no se limitaron a territorio latinoamericano: Susan Sontag, escritora estadounidense, también arremetió contra él.

 Pero Márquez encontró enemistades incluso fuera de la literatura caribeña. Las omisiones a las injusticias del régimen de Fidel Castro también fueron señaladas por Susan Sontag, según Berenice Bautista, en la feria del libro de Bogotá en el 2003. Tres acusados fueron ejecutados por secuestrar un barco intentando escapar de Cuba. Márquez se defendió argumentando que ha ayudado en silencio a incontables disidentes y perseguidos, pero Susan Sontag arremetió en su contra al poco tiempo, en la feria del libro de Frankfurt, llamándolo ridículo.

 Del mismo modo, el incansablemente homenajeado Octavio Paz, a propósito de la ausencia de García Márquez y Carlos Fuentes a la mesa “El siglo XX: la experiencia de la libertad”, que él mismo organizó unos meses antes de recibir el premio Nobel, los llamó “apologistas de tiranos” y también señaló: “Hay que aprender a decir y a escuchar la verdad: hay que criticar tanto el estalinismo de Neruda como el castrismo de García Márquez”, según apunta El País.

 Resulta interesante el paralelismo de Gabriel García Márquez con Jorge Luis Borges, ya que se dice que éste último recibió premios directamente de dictadores, apoyó la represión del 68 en Tlatelolco e incluso a la CIA; por su parte,  el escritor colombiano, según Gerald Martin (uno de sus biógrafos), también fue cercano a Bill Clinton y Felipe González. Gabriel García Márquez fue unos los principales narradores que le dieron prestigio internacional a las letras latinoamericanas sin lugar a dudas. Arenas, por su parte, inauguró un género completamente nuevo en la literatura cubana que, como reacción natural al realismo socialista, desacraliza esa izquierda cheguevarista, dejando las puertas abiertas a un realismo que algunos han criticado de soez, por donde han entrado y sabido salir adelante escritores como Pedro Juan Gutiérrez y la misma Zoé Valdés.

Gabriel García Márquez.

Reinaldo Arenas

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