Gabo, Fidel, Arenas y otras mentadas de madre (Primera Parte)

noviembre 12, 2014

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Arte, Críticas, Extras, Inicio, Literatura

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Por: Alfredo Bojórquez

El 17 de abril del presente año puso a temblar las fibras de cada uno de los morrales chiapanecos y las playeras del Ché Guevara a lo largo de América Latina. Murió Gabriel García Márquez. 24 años antes, Reinaldo Arenas se quitó la vida tratando de frenar la tradición que conformó don Gabo, acompañado de Silvio Rodríguez, el fidelismo y toda la izquierda latinoamericana trasnochada. Arenas explicó en su carta de suicidio que lo hacía por el mejor amigo de García Márquez, Fidel Castro, no sin antes dejar un legado bibliográfico de enorme calidad literaria atiborrado de críticas al socialismo cubano.

En 1999, Gabriel García Márquez fue diagnosticado con cáncer linfático y fue hasta el 17 de abril de 2014 que la muerte se hizo presente.

 Mientras los demás optan por seguir guardándole luto evitando estos temas, prefiero sacar estos trapitos al sol –tal vez sea más preciso decir a la lluvia- antes de que termine el año de la muerte del autor que le dio notoriedad internacional a la literatura latinoamericana. Se ha dicho mucho sobre la relación entre Gabriel García Márquez y Fidel Castro, aunque a estas alturas del año el periodismo cultural apunta bombo y caja hacia Efraín Huerta, Silvestre Revueltas y Octavio Paz. Más lo que acostumbra mencionarse de Gabo no suelen ser sus enemistades ni el odio que lo acompañó a lo largo de su vida, si acaso la famosa pelea del colombiano con Mario Vargas Llosa.

 El boom latinoamericano surge por varias razones, en su mayoría ajenas a la literatura misma, como la inversión de Carlos Barral y Harper and Row, la revolución cubana, el interés de Carmen Balcells, la creciente alfabetización y urbanización de América Latina, entre muchos otros factores que generaron una explosión en el arte hispanoamericano que hasta el día de hoy no pierde su prestigio.

 En los años 60’s y 70’s, el mundo entero volteó la mirada hacia la literatura que se estaba creando en nuestra región, pero no todos los escritores que publicaban en esa época fueron alumbrados por los enormes y generosos reflectores del boom. Fernando del Paso, Manuel Puig y Reinaldo Arenas, entre otros, se quedaron a la sombra de este que fue en algún tiempo un grupo de amigos. El tercero particularmente por su postura política.

Reinaldo Arenas fue conocido por su oposición al régimen de Fidel Castro.

 En 1943 nace Reinaldo Arenas, 16 años después que Márquez, en un pueblo olvidado de Cuba. Habiendo peleado con los revolucionarios, Arenas fue parte de los cambios importantes que vivió su país en la segunda mitad del siglo XX. Autor de las novelas El Color del Verano (1991), El Palacio de las Blanquísimas Mofetas (1980), El Mundo Alucinante (1969) y su contundente autobiografía Antes que Anochezca (1992), llevada al cine por Julian Schnabel, protagonizada por Javier Bardem (grabada parcialmente, por cierto, en Veracruz, Yucatán y con apariciones momentáneas de Johhny Depp y Diego Luna). Su obra, a través de la exageración de lo cómico y lo sexual, expone injusticias que sufren los escritores, intelectuales, disidentes y homosexuales en Cuba; es un parteaguas de la literatura desmitificadora de la revolución cubana tanto en lo estético como en lo ideológico, como demuestra Emilia Yulzarí en La configuración literaria de la revolución cubana, su aburridísima investigación al respecto.

 A sus 24 años, es decir en 1967, Arenas publica su primera novela: Celestino Antes del Alba, dentro del panorama de una novelística fundamental: La muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes y El siglo de las luces (1962) de Alejo Carpentier; Rayuela de Julio Cortázar, La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa (1963); Paradiso de Lezama Lima (1966), y justo el mismo año que Celestino, el mundo conoce Cien años de soledad. Arenas comienza a publicar cuando García Márquez ya estaba en una edad madura. Una de las novelas más experimentales de Arenas es paralela al texto que va a hacer famoso no sólo a Márquez, sino a todas nuestras letras. Este primer esfuerzo literario por parte de Arenas va a ser el único texto que publica legalmente dentro de la isla hasta nuestros días, a pesar de que fuera de ella pueden encontrarse por lo menos una decena de sus títulos. El peso estético de Celestino la hizo merecedora del Premio UNEAC 1964, entregado al joven Arenas directamente de las manos del monstruo de la literatura cubana: Alejo Carpentier.

“Soy amigo de Fidel y no soy enemigo de la revolución. Eso es todo”, llegó a decir García Márquez.

 La Habana se convirtió, en la época del LSD y el rock psicodélico, en la capital literaria de América Latina. La bomba que resquebraja el boom latinoamericano es la revolución cubana y particularmente El Caso Padilla. El apoyo que estos escritores dieron al gobierno de Fidel Castro trazó una frontera entre dos bandos. El poeta Heberto Padilla publicó el poemario Fuera de Juego (1971), en el que expone textos sutilmente nostálgicos con el inicio de la revolución cubana que le hicieron merecer persecución, encarcelamiento, tortura; obligado a redactar, memorizar y declarar 30 páginas retractándose de todos sus gestos antifidelistas.

 Casi todos los intelectuales cubanos fuimos invitados por la Seguridad del Estado a través de la UNEAC para escuchar a Padilla (…) Aquel hombre vital, que había escrito hermosos poemas, se arrepentía de todo lo que había hecho, de toda su obra anterior, renegando de sí mismo, autotildándose de cobarde, miserable y traidor. Decía que, durante el tiempo que había estado detenido por la Seguridad del Estado, había comprendido la belleza de la Revolución y había escrito unos poemas a la primera. Padilla no solamente se retractaba de toda su obra anterior, sino que delató públicamente a todos su amigos, que, según él, también habían tenido una actitud contrarrevolucionaria; incluso a su esposa.

— Reinaldo Arenas, 1992.

 Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa dejaron de apoyar a Castro a partir de esta polémica. Cortázar, también insultado por Arenas en el texto Cortázar ¿Senil o pueril?, va a seguir apoyando el fidelismo a pesar de lo sucedido. Como leal opositor a este régimen autoritario, Arenas, quien publica a la par que los mencionados escritores, se posicionó política y estéticamente al margen del boom. Esta decisión, que mantiene hasta su muerte, es a la vez su gran condena. Perdió la oportunidad de tener el apoyo que recibió su gran amigo José Lezama Lima, entre otros. Arenas, que sufrió las injusticias de ser un homosexual en un país duramente machista, fue perseguido y no pudo expresar jamás su opinión política, de manera que veía en la literatura un escape, un desahogo, por lo que fue una profunda decepción que escritores de talla tan grande no se percataran de las injusticias del socialismo cubano y se dedicaran a consagrar su creación literaria al régimen de un dictador.

Rostros del boom latinoamericano

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