Crónica: FIL Zócalo 2012 Parte 1

Por Hernán Flores

[Viernes 19 de Octubre 2012]

“¡Anda, maldito, metro! ¿Qué no puedes ir más a prisa?” pensé mientras el vagón se llenaba más y más de gente que ocupaba el espacio y no me dejaba leer con comodidad. Me estaba retrasando demasiado y debía llegar lo antes posible. Eran poco más de las 3:00 p.m. y no podía pensar mas que en dos cosas: 1) ¿Rosas y chocolates o cena romántica, vino y poesía? 2) Con un carajo, qué calor hace. Jamás voy a llegar. Después de una espera de varios minutos en cada estación -eran más de quince- y una fatiga insoportable después de comer más de ocho tacos de canasta y los apretujones, todos directos al estómago, que sufría de una señora gorda y rosada como un bombón, logré hacer mi camino hasta la FIL. Al fin -pensé-. Ahora sí, a trabajar.  Subí las escaleras del metro Zócalo tan rápido como pude. Fui corriendo a buscar entre todos los parajes que encontré, el primero que tuviera una silla libre para acomodar mi trasero dolorido y escribir con soltura.

 

3:30 p.m. Llegué al “Café Literario”, que da la espalda a 20 de Noviembre, como un niño haciendo un berrinche, un pequeño niño de brazos cruzados y sentado al borde de la banqueta. Era un escenario muy pequeño, pero bien dotado. Tenía sus tres pares de bocinas de tamaño considerable, una curiosa barra donde podías ordenar desde cafesitos desabridos hasta baguettes que parecían ser casi artesanales. En él leía Martha Gómez, una importante periodista española con un acento más que singular, algo exagerado. No conté más de treinta personas entre el público, de las cuales tres estaban roncando a pulmón tendido, sin embargo las que no lo estaban parecían fascinadas por lo que decía. Por eso y por tantas sillas disponibles para elegir, decidí sentarme a escuchar. “Aparte de la nota roja hay muchas cosas que contar”, decía Martha y explicaba muchísimos logros que Eufrosina Cruz había logrado hasta el momento. No entendía una palabra de lo que hablaban. Aunque a pocos minutos de haber estado sentado ahí me enteré de qué iba todo esto: la presentación de su primer libro Alas de Maguey, al cual dedicó más de cuatro años y trata de una indígena oaxaqueña, la famosa Eufrosina Cruz. Ella, decía Martha, a sus 34 años, había logrado cosas magníficas, como el voto para la mujer indígena o ser diputada para el PAN en su tierra natal. También habló del título original de la obra: La Lucha de Eufrosina por la Libertad Política de la Mujer, un título horrendo -pienso-. Eufrosina no pudo estar ahí por cuestiones de trabajo, sin embargo lo estaría en la FIL de Guadalajara. Leyó algunos fragmentos con un valor explícito en el campo de la narrativa periodística, si de esa manera puede llamársele. 3:55 p.m. Aplausos y más aplausos despertaron a los dormilones que seguían acurrucados en sus sillas y todos partimos en busca de algo mejor.

 

4:00 p.m. Merodeé unos minutos nada más, buscaba un lugar donde pudiera esconderme del Sol. La plancha del Zócalo más bien era un comal sobre el fuego y nuestras plantas ardían como pequeñas bolas de masa de harina cocinándose a una temperatura insoportable. Finalmente lo encontré. Era el lugar perfecto. Solitario y semidestruido, con basura por todas partes, como un corazón partido a la mitad. Me detuve a tentarme los pies ampollados y vi que estaban desplegados unos carteles a lo largo de toda la pequeña sala, eran diez y era una procesión de imágenes y textos donde explicaban el origen de la escritura, de la creación del papel, de la imprenta, de los libros, del libro electrónico, entre algunos otros. Creo que relucían mucho más los promocionales gigantes de las empresas que los imprimieron que lo que en verdad deseaban decir, una pena en verdad.

 

4:30 p.m. Caminé con paso vacilante y curioso por casi toda la feria, no buscaba libros, buscaba algo más que sólo eso, por estúpido que parezca. Caminé hasta que encontré algo curioso donde decidí detenerme a escuchar. Había un tipo con una guitarra eléctrica, una barbita envidiable y unas hojas recargadas en el atril que estaba justo en frente de él. Como en cada uno de los puestos y escenarios que había visitado hasta ese momento, no había mas que una que otra persona y la mayoría intentaban poner atención pero les costaba mucho trabajo. Éste escenario también estaba en excelentes condiciones, contaba con algo así como una escenografía, iluminación, también sus dos o tres pares de bocinas de buen tamaño y una tarima de más de un metro. Acomodé mi mochila, saqué mi pluma y mi cuaderno dispuesto a escribir con toda la comodidad que se siente cuando tienes una fila entera para ti solo, hasta que escuché a alguien decur algo así cómo: “Madera, madera, eco, eco, eco, eco” y “cobijarnos durante los temporales”, y pensé, rayos, -incrédulo- a ver qué tal la arma este ñor. Era poesía o bueno… sí, pues poesía podía ser tal vez, aunque el detalle de este intérprete, era que de su lomo colgaba una stratocaster hermosísima. Comenzó a cambiar las hojas, explicó finalmente que en definitiva era poesía y rock, y que por eso lo habían mandado ahí, al “Foro Multidisciplinario”. Leyó (¿Cantó?) un poco más de un par de poemas y su guitarra estaba forjada con todo el misticismo del reverb pero con una distorsión muy ligera, como de gruñido tímido. No estuvo mal, porque bueno respecto a eso de mal, mal, de lo que se dice mal, ¿Quién puede saberlo? Ya decía Rilke que no debes poner ni un poquito de interés en la crítica.

 

5:00 p.m. Comenzando con calma, caminando con cada vez menos sol a cuestas, decidí explorar la feria. Venga, ¿dónde te darán un programa para ver las actividades?- pensé ingenuamente. Después de intentar dar con un ayudante sin lograrlo por más de diez minutos me di por vencido hasta que volví al “Café Literario” y pregunté por un horario, programa o lo que fuera que dieran, pero me hicieron saber rápidamente y de una manera algo gruñona que este año no habría horarios mas que los colocados a la entrada de cada sede. Caminé y caminé mucho tiempo de la tarde, tanto que no me había percatado de haber perdido más de dos horas, pero en mis rondadas por la feria hubieron algunas cosas que me llamaron la atención: un androide, hecho de latas de aerosol de colores, tumbado en el piso tomando un descanso, con el cual todos se tomaban fotos, la nueva ubicación, ahora en el centro, debajo de una gran carpa, las editoriales independientes se resguardaban tímidamente del sol, a diferencia de los años anteriores que quedaban relegadas a un rincón como alumno castigado. Un foro hermosísimo llamado “Macondo” que hasta el momento, según yo, no había vislumbrado ni un sólo guitarrazo, ni un sólo timbre alto, una falla en los niveles de la mezcla, se mantenía expectante y ansioso por dar inicio a sus show diarios. Nada más que ver, esto parece Comala y yo no quiero estar entre fantasmas, mejor me largo.

 

7:30 p.m. Otra vez me veo reflejado en las puertas tambaleantes del metro y pienso ¿Cómo haré para entrar ahí? Se abren las puertas y empujo con fuerza. Espero no me roben la cartera.

 

 

Originally posted 2012-11-02 17:00:27. Republished by Blog Post Promoter

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