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Puesto un pie dentro de la tienda no hay marcha atrás. Y es algo que puedes saber con solo voltear al techo de la librería y ver como por toda la orilla se encuentran pequeños rostros enmarcados, unos sonrientes, otros más huraños, pero todos apuntándote con sus ojos, clavándote la flecha incesante que es su mirada.Todos desplegados alrededor del punto más alto de las paredes, antes de tocar el techo, como un ejército de gárgolas vigilan desde las alturas cada uno de los pasos que das entre los libreros y los estantes.

Después de que la puerta cierra rápidamente, el sopor es abatido por la frescura del aire condicionado y todo vuelve a la normalidad. Las gárgolas no eran gárgolas, sino águilas hermosas que observan a los clientes desde las alturas, volando en los cielos de la librería como un soneto leído al viento con un hálito de filigrana.

P1040391Espacio compartido junto a los peculiares habitantes de las cimas de los libreros. Cientos de pequeños adornos de todo tipo como medallas, pipas, soldados, búhos, rifles, bustos, dibujos, esculturas, copas, botellas, banderas, cruces y dragones; forman una civilización nómada que ha visto las montañas levantarse. Y son ellos los que le brindan la atmósfera adecuada a la librería como para ir a vivir una aventura trashumante entre sus dehesas literarias.

Sin embargo, a pesar de tanta hermosura viviente entre sus pasillos llenos de literatura panameña, enfrentan grandes problemas en estos días. Y es cierto que después de mas de cinco décadas, 59 años para ser precisos, y tres generaciones acunadas y mecidas al vaivén del pasar de las hojas de un libro, se han tenido que enfrentar a distintos problemas. Han habido épocas difíciles como el cierre de tres sucursales, una en la Séptima Avenida Central a un costado del café Coca Cola o de la que solía ser la matriz durante sus años más memorables, cuando se hacían exposiciones de arte y tertulias, en las que se presentó Juan Jesús Franco, por poner un ejemplo, ubicada en avenida Perú, frente al Ministerio de Hacienda, donde se erigió un banco después de su partida en 1960, además de otra ubicada en San Miguelito.

P1040380A pesar del tiempo transcurrido, sigue fresca la herida del cierre de las otras tres sucursales, sin embargo, no queda lugar para la nostalgia, pues en este momento se enfrentan a otros grandes problemas: ventas a la baja, alquileres a la alza y el internet. Situación que pone en peligro a la única librería cultural que sobrevive en Panamá.

La Librería Cultural Panameña cuenta con características desconocidas para la gran mayoría de sus usuarios, incluso, quienes le dan mucho más valor que cualquier otra librería panameña. Hay justo en el medio de la librería un anaquel dedicado exclusivamente a la literatura nacional donde se pueden contar, sin problemas, más de un centenar de títulos distintos y en el que todas las novelas están rebajadas en un 5%, cuenta también con un sello editorial propio, llamado Manfer, en el que se han editado espectaculares libros panameños como Luna Verde de Joaquín Beleño C.

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Finalmente, con un par de secciones especiales: la sección de libros antiguos y joyas literarias, ejemplares agotados y primeras ediciones, además, la sección del anticuario, en la cual llevan cuatro años de duro trabajo en un sitio web que expondrá todos los más de 10,000 títulos almacenados bajo un ambiente especial y condicionado para mantener la integridad de sus portadas y sus páginas frágiles.

Si deseas hacer patria, panameño, te aconsejo una sola cosa: rescata tu librería, rescata a tus poetas y novelistas, que ellos siempre tienen preparada para ti, con sus páginas abiertas, una segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta casa.

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