Especial Ghibli: Mis Vecinos los Yamada

noviembre 6, 2014

Por:

Arte, Cine

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Luego de algún tiempo sin sentarse en la silla del director, Isao Takahata volvió con un nuevo proyecto, el cual resultó ser definitivamente el más desafortunado y menos entendido de su filmografía. Una película de trama sencilla en apariencia aunque con mucha profundidad si nos ponemos a indagar en ella. Así mismo, resulta curioso el estilo de comic que se le quiso dar a esta producción, haciendo un lado el estilo anime que ha caracterizado al Studio Ghibli desde su creación.

 La película se titula Mis Vecinos los Yamada (Hohokekyo Tonari no Yamada Kun, 1999) y nos cuenta una serie de historias pequeñas de una familia común de Japón, con sus problemas y preocupaciones cotidianas, enfatizando la importancia de la unión familiar y de amistad en cada una de ellas. Es un tipo de cine diferente, en el cual hay que pensar mucho e incluso ver varias veces. Es entendible porque esta película es considerada por algunos como el primer gran fracaso de Ghibli, sin embargo, la película es muy buena.

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 En la cinta podemos ver claramente, de forma cómica, la idiosincrasia japonesa y la forma en que funciona la sociedad. Esta vez, Takahata quiso hacer una cinta de comedia que no tuviera un toque dramático en su desarrollo, de ahí la decisión de usar el estilo comic. Curiosamente en la película se plantean situaciones (aunque no muchas) bastante fuertes como la muerte. Es una película que se debe ver con calma y con la intención de analizar cada elemento que nos ofrece, una vez que se hace esto se vuelve una experiencia muy agradable e incluso relajante.

 La película, como dije, tuvo un recibimiento muy pobre en taquilla aunque su distribución fue sumamente aceptable. Actualmente los amantes del estudio la buscan mucho, pero se trata de una de esas obras que en su época no recibió el éxito que buscaba y merecía. Si bien es cierto que algunas secuencias son algo extrañas y hasta confusas de porque fueron agregadas a la película, la gran mayoría de la cinta es toda una clase no sólo de una cultura ajena a la nuestra, sino de la vida misma y la convivencia con los que nos rodean. Todo esto manejado en un estilo chusco y fársico que hace homenaje a otras obras del anime como el personaje del Capitán Centella.

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 También hay referencias a otros tipos de arte como a la pintura japonesa llamada “La Gran Ola” y la forma en que los niños (los hijos de la familia) nacen, hacen referencia a dos cuentas clásicos de Japón. El niño se representa como el cuento de Momotaro y la niña como el cuento de la Princesa Kaguya, lo cual nos hace pensar que Takahata tenía muy claro su siguiente proyecto desde que estaba trabajando en esta película.

 Es la cinta más lenta de Ghibli, la más surrealista quizá. No tiene héroes ni villanos, no tiene una trama fantástica, pero ahí es donde radica su encanto. Es un proyecto que nos demuestra que hasta en las situaciones más comunes y corrientes puede haber una historia bonita y/o divertida para ser contada. Tampoco es la máxima obra de Takahata, pero sí un digno proyecto de su autoría, uno que vale la pena ver no una, sino muchas veces.