Especial Ghibli: La Guerra de los Mapaches

octubre 16, 2014

Por:

Arte, Cine

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Si bien tanto Isao Takahata como Hayao Miyazaki han sido colegas desde hace varios años, así como ambos maestros de la creación de historias y de la animación, es cierto que cada uno tiene un estilo único y especial. Takahata es, sobre todo, un artista con una visión un tanto más centrada e incluso realista, misma que plasma en sus películas. Podría decirse que la filmografía de este hombre es en algunos aspectos la más madura del Studio Ghibli, aún así, su tercera película dentro del estudio verdaderamente dejó volar su imaginación y nos llevó a un mundo donde la fantasía y el surrealismo están al tope, pero eso sí, reflejado en un problema global muy real.

 La Guerra de los Mapaches (Pompoko, 1994) es una película muy peculiar, quizá pudiese resultar difícil de entender y disfrutar para ciertos sectores del público, algo confusa debido a la gran cantidad de elementos y estilos que maneja, pero esa misma extrañeza es la que la vuelve una obra maestra. La historia se centra en la tragedia de un grupo de mapaches (O Tanuki) que luchan contra el inmenso problema que el ser humano ha llevado a sus vidas: la expansión del hombre ha ido destruyendo los bosques y espacios naturales, y por consiguiente, elimina el hogar de estos animales. Afortunadamente, ellos no están del todo indefensos, ya que poseen la mágica habilidad de transformarse en todo tipo de objetos y animales (incluso humanos), misma habilidad de la cual hacen uso para combatir esta amenaza a su hábitat.

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 La historia tiene un evidente y muy importante mensaje de concientización que nos demuestra que el progreso es bueno e importante, pero que aunque nuestras intenciones sean positivas es vital darnos cuenta que a veces ese avance nuestro representa un gran daño para nuestro planeta y las criaturas que en el habitan. En ocasiones la película pudiera parecer un fábula infantil, sin embargo la cinta está llena de momentos dramáticos, trágicos, desgarradores y por supuesto, maduros. En la historia vemos la melancolía de la muerte, el horror y el daño que el odio desenfrenado produce. También temas como el crecimiento, la adolescencia e incluso la vida sexual son tratados en esta película.

 Es curioso el hecho de que los tanukis sufren múltiples cambios en su apariencia durante la película; en ocasiones tienen un diseño totalmente realista y como animales que son, pero luego se vuelven antropomorfos y finalmente adoptan apariencias totalmente caricaturescas. Estos cambios son justificados por la habilidad de transformación de los personajes, así como una manera de enfatizar sus estados de ánimo.

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 Visualmente la historia también es una maravilla y la música es simplemente hermosa. La dirección de Takahata la hacen un éxtasis a los sentidos cuando se está viendo, sin embargo, la película seguramente encontrará un sector del público que la amará y otro que podría no gustar de ella. La narrativa a veces se torna algo confusa, sobre todo por momentos en que se mantienen largas conversaciones filosóficas entre personajes que pudieran desorientar e incluso cansar al espectador.

 Así pues, no puedo evitar señalar el principal detalle en la cinta que seguramente nadie pasará por alto y que probablemente incomodará a algunas personas al grado de dejar de ver la película (aunque puede tornarse en un toque muy cómico para otros). Ignoro el motivo por que el director decidió manejar esto, simplemente puedo aventurarme a especular sobre alguna metáfora de los puntos especiales del cuerpo donde guardamos energía (díganse chacras). El punto al cual me refiero es la constante presentación y referencia a los órganos sexuales masculinos presentes en todo momento en los personajes de este género. Y no me refiero sólo a que siempre están visibles, sino que literalmente en varias escenas los testículos son presentados como un punto de poder en los tanukis, inclusive una parte del cuerpo que puede ser usada como arma.

Film Title: Pompoko

 A pesar de este punto tan peculiar, considero que la cinta es apta para toda la familia, requiriendo eso sí algunas explicaciones a los espectadores más pequeños. Al final, el sabor de boca es totalmente agradable, terminamos por sentirnos identificados con los tanukis e incluso quererlos. Como punto adicional, y para los seguidores del estudio, existe un pequeño cameo al personaje de Kiki, la brujita (creada por Miyazaki) durante la cinta. Se trata de una película de apariencia infantil pero que resulta una experiencia muy madura, una excelente cinta de animación que les recomiendo ampliamente.