Especial Ghibli: La Colina de las Amapolas

diciembre 8, 2014

Por:

Arte, Cine

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Finalmente hemos llegado a la última parte de este especial sobre las grandes obras del Studio Ghibli. En esta ocasión hablaré sobre la penúltima película que ha llegado a nuestro país, la última es una de la cual ya hablé con anterioridad y cuya nota pueden leer aquí.

 Volviendo al tema, en el 2011 Goro Miyazaki volvió a sentarse en la silla del director, esta vez con una película un tanto menos fantástica en tema, pero más grandiosa en profundidad. La cinta en cuestión es La Colina de las Amapolas (Kokuriko-zaka kar, 2011) , una cinta de romance que nos relata la travesía de un par de jóvenes. Por un lado tenemos a Umi, una jovencita que vive con su abuela y sus hermanos en una casa de huéspedes y cuyo padre falleció tiempo atrás en el mar. Por otro lado está Shun, un muchacho que vive en el puerto y que colabora en el periódico escolar.

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 Cuando Umi y Shun se conocen rápidamente da inicio una relación en un principio conflictiva, pero poco a poco se vuelve amistad y (adivinaron) amor al final. No obstante, la tierna historia romántica de ambos se ve nublada por la decisión de los adultos de destruir la adorada casa de los clubes donde Shun trabaja, por lo que deberán unir fuerzas con sus amigos para salvar ese recinto tan importante para todos los estudiantes. Así mismo, una desgarradora revelación pondrá el amor de estos chicos en una situación que podría arruinarlo totalmente.

 Quizá es la única película de Ghibli que no maneja temas de fantasía en ningún sentido, ni en forma de sueño, sin embargo es una de las películas más entrañables de estudio con una historia de amor que es lo suficientemente emotiva para aquellos románticos empedernidos, pero sin caer en el abismo de lo cursi o exagerado. La animación y el diseño de arte son igual de perfectos que todas las cintas anteriores y al terminar la cinta nos podemos dar cuenta del enorme avance que el hijo Miyazaki logró en su segundo trabajo como director.

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 Quizá el punto débil de la cinta es su parecido con otras películas de Ghibli (sí, hablamos de ti, Susurros del Corazón), lo que nos hace pensar que vimos la misma historia en otra versión y por definición terminamos comparándola. Y aunque efectivamente hay muchas similitudes y esta nueva cinta no llega al nivel de la antes mencionada, nadie puede negar que se trata de un producto no de gran, sino de enorme calidad en todo sentido.

 La magia en esta versión además de la maravillosa ambientación de un Japón en épocas pasadas, es el fuerte lazo que crea el espectador con los personajes. Todo está tan bien logrado que uno puede identificarse con ellos, sentirse parte del grupo de alumnos e incluso añorar visitar esa hermosa (aunque muy destartalada) casa de clubes. Pocas cintas logran este lazo con el público y Ghibli era un estudio que definitivamente podía hacerlo. De esta manera nos quedamos con enormes expectativas de lo que Goro puede aportar a la animación y nos mantiene expectantes a las dos películas hechas por Ghibli que faltan por llegar a México, y desde luego, la noticia de que el estudio ha vuelto a abrir sus puertas.

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 Luego de todo este especial de cine de animé, que en mi humilde opinión es arte puro, sólo me resta decirles que si no han visto por lo menos una película que tenga este nombre adornando su portada, se están perdiendo de mucho. Studio Ghibli, una verdadera fábrica de sueños para chicos y grandes, hombres y mujeres, orientales y occidentales.