Emmanuel Carballo y su crítica implacable

mayo 11, 2014

Por:

Arte, Literatura

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“Soy una figura molesta pero necesaria. Mi papel se presta más a la censura que al elogio. Y es natural, el crítico es el aguafiestas, el villano de película del Oeste, el resentido, el amargado, el ogro y la bruja de los cuentos de niños, el viejo sucio que viola a la chica indefensa, el maniático, el doctor Jekyll & Mister Hyde: en pocas palabras, el que exige a los demás que se arriesguen mientras él mira los toros desde la barrera”

Así se autodefinía el crítico literario, aunque también escritor, ensayista y periodista, Emmanuel Carballo. Nació en Guadalajara, Jalisco el 2 de junio de 1929 y  falleció el 20 de abril del 2014 en la Ciudad de México. Fue uno de los críticos más reconocidos del país y entre sus obras más importantes destacan: “Protagonistas de la literatura mexicana” (1965), “El cuento mexicano del siglo XX” (1964), “Gran estorbo la esperanza” (1954), “La narrativa mexicana de 1910 a 1969” (1979) y “Diccionario crítico de las letras mexicanas del siglo XIX” (2001).

 Carballo fundó la editorial Diógenes, la Revista Mexicana de Literatura (junto con Carlos Fuentes) y el suplemento La Cultura en México de la revista Siempre!. También en su natal Guadalajara fundó las revistas Ariel y Odiseo cuando aún era estudiante de la Universidad. En 1954 se muda a la Ciudad de México  y ya desde entonces se gana una reputación de joven crítico, contundente con lo que tenía que decir sin importar lo incómodo que fuera. Años después se convertiría en un personaje esencial en la vida de la literatura mexicana, y  al mismo tiempo alguien necesario para poder entenderla.

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 Su crítica siempre fue motivo de controversias y disputas. Tanto que hasta le decían “Carballo, el hombre sin amigos”, ya que “Cada semana perdía un amigo por mi quehacer, por comentar un libro”, dijo Carballo en entrevista.

Muchos han considerado que su crítica rayaba en la imprudencia y hasta descortesía. Dolorosamente honesto, comentó sobre todo tipo de autores con un filo demasiado punzante, pero siempre con bases bien estructuradas.

 Él mismo dijo: El crítico tiene el compromiso de probar que sus juicios son correctos, que no habla de memoria sino que, por el contrario, sus ideas están respaldadas por la realidad estética de la obra que analiza”.

 Una reciente muestra, fue la manera en que se refirió a los escritores mexicanos contemporáneos: Laura Esquivel y Xavier Velasco, a los que dice, “son escritores de segunda, tercera y cuarta categoría, facilones, para secretarias que mascan chicle y para muchachos que no tienen la menor cultura literaria”

 Entre los ejemplos que podemos apreciar acerca de la implacable “puntería” que tenía éste crítico (le llamaban el francotirador), están las críticas hacia los escritores Gabriel García Márquez, Octavio Paz y Carlos Fuentes, que forman parte de la historia de la literatura latinoamericana del siglo XX y son los más elogiados en todo el mundo.

 Contra García Márquez, Carballo argumentó que si bien había ponderado en la época de “Cien años de soledad”, después criticó por haber “dejado atrás la humildad y recorrer los retorcidos caminos de la soberbia, de la autocomplacencia”.

 Acusó que el García Márquez posterior a “Cien años de soledad” ya no era un descubridor de nuevos territorios para la literatura de nuestro tiempo, sino como “un escritor dueño de un poderoso estilo (que en sus numerosos seguidores se convierte en parodia), de una habilidad estructural notable y de un vasto y suculento repertorio de recetas de cocina que permiten al lector inexperto confundir el hallazgo con la repetición.”

 “El García Márquez de hoy escribe frente al espejo, da la impresión de que se detiene a mirarse y felicitarse cada que escribe una frase redonda, una metáfora afortunada, un párrafo irreprochable: ha dejado atrás la humildad y recorre los retorcidos caminos de la soberbia, de la autocomplacencia”, remataba el texto, ahora fechado en 1983.

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 Con Octavio Paz perdió la relación de amistad que tenían, ya que después de ser uno de los primeros en hacer una reseña de “El Laberinto de la Soledad” publica un texto bastante polémico donde demuestra que Octavio Paz “quitó muchas de las comillas” ya que las ideas que expresaba en el ensayo no eran propias, sino ajenas.

 A Carlos Fuentes le criticó haber deteriorado la calidad de su trabajo después de su primera novela “La Región más Transparente”, cuando comenzó a publicar cada 10 meses aproximadamente, nuevas novelas que no tenían el mismo brillo que su antecesora.

 De esta manera Carballo perdería muchísimas amistades, y hasta dinero, como alguna vez comentó, debido al fracaso de su editorial.  Lo curioso es que sus amigos siempre lo describieron como alguien muy alegre, confiable y ameno. Entre sus grandes cualidades, siempre se ha mencionado el apoyo que brindaba a los jóvenes escritores, al igual que su capacidad para enseñar.

 Pocos críticos en México han podido tener tanta presencia en el mundo de las letras y representar al mismo tiempo, a través de sus críticas, entrevistas y memorias, la llave para entender la literatura mexicana de casi todo un siglo. Por eso, lo recordamos con gran entusiasmo y recomendamos ampliamente sus obras, para cualquier persona que guste de las letras o esté interesado en aprender la fascinante cultura literaria de México en el último siglo.

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