El segundo grito de Independencia de Peña Nieto: de acarreos, manoseos y rechiflas

septiembre 19, 2014

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La noche del lunes 15 de septiembre del presente año, se llevó a cabo la ceremonia por el 204 Aniversario de la Independencia de México, encabezada por “elseñorpresidente” Enrique Peña Nieto y su familia. Sin embargo, como ya todos sabemos, a estas alturas del partido, los mexicanos no tenemos nada qué celebrar el 15 y el 16 de septiembre. Desde hace mucho tiempo, incluso desde antes de que el PRI regresara a los pinos.

 El “¡Viva México!” de Peña Nieto ya no retumba en nuestros corazones, ya no eriza la piel y ya no nos identifica como mexicanos. La ceremonia del grito de Independencia, hoy día, es un reflejo más de la amargura en que México se ha ido hundiendo.

 Y es que, particularmente desde la subida al poder de Enrique Peña Nieto, se respira un ambiente desolador, enrarecido. El gobierno no ha escatimado en destinar recursos para que la represión esté presente a cada momento, para que la violencia refute que permaneceremos así por mucho tiempo. Y la violencia no sólo se manifiesta a través de actos coercitivos por parte del Estado hacia quienes se muestran inconformes, sino que está y estuvo presente en los ojos de cada una de las personas que asistieron la noche del lunes 15 de septiembre a la plancha del Zócalo capitalino.

 El viva México (así, sin signos de admiración), fue opacado por mentadas de madre, por abucheos a la hijastra de Peña Nieto, por la protesta ciudadana ante el impedimento de libre tránsito por el Zócalo capitalino, secuestrado desde hace tiempo por la policía y el ejército, quienes el pasado 15 de septiembre hicieron gala de su poder protegiendo –por milésima vez- el cerco al Zócalo. Pareciera que lo protegen de algo peligroso, algo que inminentemente turbará la paz.

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El acarreo

Si bien Enrique Peña Nieto es un presidente, digamos “popular”, a juzgar por las cosas chistosas que hemos visto de él desde su campaña, hasta la actualidad (infraestrochtor), con el acarreo de personas para el grito de Independencia en el Zócalo el año pasado y el presente año, nos damos cuenta de que, al menos en la capital, la gente no reconoce a Peña Nieto como presidente. Y, por lo tanto, no son mayoría los que por su propio pie van a celebrar el grito al Zócalo. Es por ello que el gobierno toma medidas. Y estas medidas no son muy diferentes a las que se tomaron antes y durante las elecciones que hicieron llegar al poder a este sujeto: trayendo gente de otras entidades a los eventos públicos en la capital.

 Desde horas antes de la ceremonia, en las inmediaciones del Zócalo y gracias a las fotos que varios usuarios de las redes sociales hicieron circular, se pudieron observar los autobuses provenientes del Estado de México e Hidalgo. Se estima que al menos unas 30 mil personas se asentaron esa noche en la plancha del Zócalo, pero ni aún así lucía lleno, incluso menos que el año pasado.

 A cambio de dinero (100 pesos, como lo refirieron algunas personas entrevistadas), comida, transporte gratis de ida y vuelta, lunch de regreso y presenciar gratis el espectáculo de La Arrolladora Banda el Limón en el Zócalo capitalino, el grito de Independencia de este año lució un poco más desanimado, “aguado” e hipócrita que el primero del sexenio de Peña.

 La tradición priista de llevar acarreados a los eventos importantes de sus políticos puede que esté muriendo con nuestro actual presidente, sin embargo, mientras exista la necesidad y la ignorancia, los de arriba seguirán aprovechándose de ella para manipular e idiotizar a la gente que, a cambio de una torta, un refresco, un poco de diversión gratis y una limosna, son capaces hasta de vender su propia dignidad.

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https://www.youtube.com/watch?v=aWqDW9Y_WI0

El debut de la Gendarmería de Peña Nieto y la protesta del ciudadano

Gracias a las denuncias de algunos usuarios de Twitter y Facebook, a través de fotos y videos, muchos pudimos saber de qué manera se estaba resguardando la “seguridad” de nuestro querido presidente y su modesta familia. Y no sólo hablo de su seguridad personal, sino de la seguridad de que el evento fuera todo un éxito, y no se viera turbado por absolutamente nada.

 Todas y cada una de las personas asistentes al Zócalo fueron revisadas de pies a cabeza. En un evento de esta magnitud es, en cierta medida, normal que se revise por tacto (basculear) a hombres y mujeres, pero en este caso, el debut de la famosa Gendarmería Nacional quedará marcado especialmente por su revisión exhaustiva a los menores de edad asistentes a la ceremonia. Sí, se les revisó cual si fueran terroristas, como si los pequeños escondieran droga dentro de sus pañales, como si las ruedas de sus carriolas se transformaran en peligrosas armas que pudieran alterar el orden. Se ha dicho en algunos otros medios que les revisaban hasta dentro de su ropa interior.

 Y es que lo alarmante no es que un policía revise a un niño de manera invasiva e incómoda a su cuerpo, sino que los padres lo observan tranquilamente (o al menos eso es lo que se ve en las fotos difundidas) y no se inmutan ante semejante violación a los derechos de sus hijos.

 Así fue demandando en las redes sociales: una violación concreta a los derechos de los niños:

“Que cacheen a todo hombre o mujer que sea ingresar a la plancha del Zócalo es una grave violación a los derechos humanos. Pero que lo hagan con niños y bebés es una atrocidad mayor. En el caso de un niño su estado de indefensión es absoluta. Un joven o un adulto puede hacer valer el artículo 16 constitucional. Pero un niño carece de toda posibilidad de defensa. Quien haya dado esta orden absurda es una enfermo y un represor sin límites. No concibo que haya padres de familia que toleren semejante agravio, semejante infamia y tampoco concibo que haya policías que se presten a hacer una tarea tan deleznable”.

 Esta fue la demanda de Gerardo Fernández Noroña plasmada en su cuenta de Twitter, y no sólo él, sino activistas como Daniel Gershenson y Jesús Robles, al grado de considerar llevar el caso hasta la CNDH, cuyas líneas telefónicas los dejaban en espera y nunca atendieron el llamado.

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 Finalmente, ¿qué podemos entender con lo acontecido aquella tarde/noche?

 Yo creo que, desde el momento en que los ciudadanos no pueden caminar libremente por el Centro Histórico de la Ciudad y se le trate como a un delincuente (incluidos a sus hijos menores de edad), la primera dama vista un lujoso vestido diseñado por Oscar de La Renta, mientras los desastres naturales azotan cruelmente las playas del norte de la República y nuestro presidente tenga que valerse de acarreados para mostrar su legitimidad frente a las demás naciones, hay algo que está tremendamente mal.

 Celebrar el miedo, la violación, la represión y demás, sólo es una muestra de la terrible ignorancia que prevalece (y prevalecerá) en el grueso de los habitantes de nuestro país. Mostrar una sensibilidad nula ante la violación de nuestros derechos humanos es un acto despreciable, pero es más despreciable aún que, mientras haya dinero, comida y diversión de por medio, haya mexicanos dispuestos a celebrar su cruel realidad.

Cynthia García

Casi licenciada en Estudios Latinoamericanos, FFyL UNAM. Tauro. Amo a los gatos. Amo la pizza. Hip-Hop. ¡QUESO! En la escritura he encontrado lo que jamás imaginé: libertad.