El origen viene de las auroras boreales

julio 31, 2014

Por:

Arte, teatro, Vista

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 “La ciencia ha progresado hasta el punto de que las únicas preguntas atinadas que nos quedan son las ridículas. Las preguntas sensatas se han pensado, formulado y respondido hace tiempo”. 

ISAAC ASIMOV

Nunca he sido seguidor o asiduo del teatro infantil. Detesto aquellos espectáculos que vulgarmente son llamados “cuentos” y que se presentan en matinés de fin de semana en teatros pequeños y sin más publicidad que un cuadrito en la cartelera del periódico impreso (inserte aquí el que más le cuadre: Blancanieves con o sin enanos, cualquier versión del Mago de OZ o su remix favorito de Caperucita Roja).

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 Honestamente hasta el momento muy pocos artistas eran para mí capaces de crear una obra de este tipo sin tratar a los niños como pequeños seres sin raciocinio, Haydeé Boetto, Micaela Gramajo, Sofía Álvarez o la fallecida Perla Szuchmacher por ejemplo. Al día me topo con una vuelta refrescante al panorama, en el Foro Shakespeare, Asimov de Hiram Molina.

 Con un tenor futurista, la historia ubica al mundo como lo conocemos hundido en un invierno eterno, el sol no es más que una ideología vana y extinta, las tormentas de nieve son el pan de cada día, el frío cala hasta los huesos y las auroras boreales ya no son más que fantasía. En este paraje camina Imani, una joven inventora, diseñadora y constructora tecnológica junto a su pequeña hija Abba. La quietud del blanco perpetuo se interrumpe el día que Abba, en su caminata para conseguir leña que produzca un fuego, se topa con Asimov, un niño que no  recuerda de dónde vino o cómo llegó ahí, lo único que recuerda son 3 leyes, las leyes de la robótica.

 El teatro infantil debe de ser simple, digerible, con un lenguaje animado y agradable, pendiente de respuesta, interactivo y sobre todo tener una base sólida. Asimov cumple satisfactoriamente las necesidades básicas del género al entregar una puesta con ritmo constante y calidad dramatúrgica que invita a los espectadores a analizar los ideales sociales, valores familiares, conciencia ecológica y de paso hacer una crítica al pensamiento consumista postmoderno que eleva a necesidad vital a la inteligencia artificial para asegurar la existencia plena.

-“¿QUÉ ES UN DÍA SOLEADO EN LA PLAYA?”

Ante la incertidumbre y desolación de un futuro que no ve más que el ocaso de la compañía misma, Hiram Molina escribe un texto lleno de imágenes poéticas que se transforman en  un entrañable reflejo de la perspectiva inocente a la complejidad de los sistemas sociales. Cada línea busca captar la atención del niño que verá la obra, por supuesto, pero avanza para afectar aún más a los acompañantes adultos y les pide nunca dejar de enseñar a los niños a crear, creer y amar.

 La dirección de Molina y Anabel Domínguez genera cuadros de atracción visual importante, entre proyecciones de buena calidad, iluminación acertada y sonidos orgánicos (sin perder su contexto de tiempo y espacio), construyen un sensorial que se recibe de forma grata y evoluciona con la interacción.FOTO6_ASIMOV_

 Estos directores entienden a los niños, se preocupan por hacerlos sentir parte de la obra y que cada acción sea entendible al cien por ciento. Para contar la historia, los directores dotan de voz a las marionetas que serán Asimov y Abba, una fantástica elección que aparte de cautivar con la belleza de los títeres elaborados en Kuruma Ningyo (técnica de construcción japonesa que permite controlar al cien y con movimiento más libre a la marioneta) por Edwin Salas, integran agilidad y fuerza al trazo diseñado para cambiar de foco sin perder el hilo o ritmo.

 Molina y Domínguez se desplazan en camuflaje por el escenario con gran cautela, delicadamente se mueven para dar vida a los títeres que controlan y proyectar un resultado fascinante, algo que solo se puede comparar con la belleza coreográfica de Adiós Carlota, por poner un ejemplo de un símil mexicano dados los elementos base.

 Se acompañan de un único “humano” que es la madre de los personajes encarnada por Violeta Isfel, una actriz que no deja de sorprenderme con su versatilidad. Violeta conoce a los niños, sabe en qué tono y forma dirigírseles  consiguiendo empatía pero sin perder credibilidad actoral o dejar a un lado la psicología de su rol: una madre que debe de procurar a su hija en una circunstancia impredecible y que ahora ha decidido hacerlo por alguien más también, aun cuando en realidad no sabe mucho de ese alguien.

 En esta historia uno pasa por los zapatos de cada personaje, estacionándonos detenidamente en Asimov para permitirnos conocer su pensamiento, permearnos de la debilidad interior al descubrirse solo aun estando en compañía, podemos apreciar a un frágil individuo enfrentándose a en una corta edad a cuestiones existencialistas inexplicables para su corta trayectoria. Empero de la situación, tiene una conexión a este mundo igualmente inentendible: las auroras boreales (sí, esas que según la historia ya no existen). Todos, pese a la adversidad tenemos un sentido y dirección en la vidaFOTO5_ASIMOV_

 Con Abba uno asimila la dificultad de tener que abrir el ya tan desquebrajado mundo en el que vive a alguien al que agradece su presencia, pero en cierta medida preocupa por la atención que pueda restarle de la única persona con la que ha compartido su existir. Es una niña pequeña claro, pero ¿Cuántos nos hemos sentido de la misma forma aun siendo adultos ante la amenaza de lo nuevo y desconocido?

 La obra es enteramente disfrutable, enternecedora y amigable para chicos y grandes. Sin duda una viva muestra de que el teatro mexicano infantil inteligente existe y combate la adversidad de la cartelera. Si tiene pequeños en casa o cercanos permítase inducirlos a este teatro de calidad que necesita ser pilar para crear una cultura teatral desde temprano, además de permitirse usted mismo de disfrutar como ellos lo hacen.

Amén del homenaje a Isaac Asimov.

Saúl Campos

Comunicólogo, apasionado del arte y la información. Adicto al teatro.