El mundo sin despegarse del sofá: dos grandes narraciones actuales

febrero 12, 2015

Por:

Arte, Cine, Literatura, Vista

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La sociedad del siglo XIX conoció el mundo sin pararse del sofá gracias a la narrativa literaria. Debido a la inexistencia del lenguaje audiovisual, las novelas de aquella época son gruesos mamotretos que abundan en descripciones geográficas y espaciales sin escatimar en el más ínfimo detalle. En el siglo XXI, esa función la cumple el cine.

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Hace un par de meses llegó a México el largometraje Leviathan (2014) de Andrey Zvyaginstev, con el peso y la seriedad de cualquier novela de Dostoyevski. Densa en los diálogos, de un ritmo lento pero firme, avasallador; va entretejiendo situaciones y personajes alrededor de la corrupción de una manera contundente. Encuadrada en una fotografía cuidada, Zvyaginstev le hace gala a inviernos australes con los que los latinoamericanos podemos hacer poco para tan siquiera imaginarlos.

 Recientemente se estrenó también Winter Sleep (2014) de Nuri Bilge Ceylan, una película paralela a Leviathán, en la que podemos ver una maravillosa adaptación de Chejov. Conversaciones profundamente existenciales, amén de pesimistas, advierten una profunda apreciación del cine de Bergman, conforman un drama contemporáneo que permite asomarnos a la vida en Turquía y hundirnos en un matizado fragmento de las complejas emociones de los personajes en pantalla.

 Ambas cintas tienen en común ser densas, largas, cuidadosas en la fotografía y formar parte de la selección de las películas en lengua extranjera de la academia. América Latina forma honrosa parte de la lista con Relatos Salvajes de Damián Szifrón (Argentina) imprescindible comedia negra que está causando revuelo; y Mommy, el cuarto largometraje del joven y talentoso canadiense Xavier Dolan.

 Las narrativas extranjeras, o mejor dicho, no eurocéntricas, dejan apreciar el arte cinematográfico mundial en los últimos meses, como lo hizo la literatura latinoamericana hace medio siglo. Hoy, en gran parte de los casos a través de apoyos públicos, el cine latinoamericano se yergue con títulos que no vale la pena perderse, como Conducta de Ernesto Daranas (Cuba) y La distancia más larga de Claudia Pinto (Venezuela).

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 No es casual la pertenencia de Leviathan y Winter Sleep a esta selección. No sólo es la lengua extranjera lo que las distancia de Hollywood. Ambos largometrajes nos ofrecen una mirada seria y detallista de problemáticas periféricas. Son narrativas que corren las cortinas y nos permiten ver por la ventana la sensibilidad de países que reciben poca iluminación occidental.

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 En gran medida se puede defender que la televisión también cumple la función de entretenimiento y enseñanza que ejercía la novela hace 150 años. Con series como True Detective y Breaking Bad existen pocos argumentos en contra de esto. Pero el cine, con películas como Leviathán y Winter Sleep, a pesar de demostrar un avance técnico abismal en comparación con las novelas de Alexandro Dumas que llegaban a México por entregas en tiras que la gente recortaba de los periódicos y coleccionaba hasta completarlas, recogen en minutos cinematográficos las decenas de páginas decimonónicas de las grandes narrativas de nuestro tiempo.