El laberinto de la soledad: Semejanza y olvido

octubre 2, 2014

Por:

Arte, Ilustración, Notas, Objetos, Reseñas, Tacto, Vista

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Somos la copia de lo moderno, fungimos como los portavoces de lo que nos ha dejado de pertenecer, nos identificamos con un quebrantamiento de nuestros anhelos y hemos crecido con el consuelo de ideales ajenos a nosotros. ¿Qué es lo que realmente nos motiva a ser? Porque pretendemos ser alguien, y ése imperativo transmite ideas y retos ante la vida, pero esos objetivos no nos pertenecen , desde el momento en que hacemos todo con opacidad y mediocridad.

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Crédito:Tumblr.

“A todos, en algún momento, se nos ha revelado nuestra existencia como algo particular, intransferible y precioso. Casi siempre esta revelación se sitúa en la adolescencia. El descubrimiento de nosotros mismos se manifiesta como un sabernos solos; entre el mundo y nosotros se abre una impalpable, transparente muralla: La de nuestra conciencia.”

 Ese sentido de identidad, de confrontación consigo mismo,nace del cuestionamiento de nuestra vida, del ritmo al que estamos sujetos día a día. La transmisión de ideas, objetivos y cumplimientos se lleva bajo una tutela externa, que ni siquiera nos corresponde a nosotros mismos como personas reflexivas y críticas. El fin de asimilar –el dónde, el ahora y por qué– corresponde a cada uno de nosotros, el fin es corroborar nuestra identidad que tanto buscamos al pasar de los años.

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Crédito:Tumblr.

 Entre lo vintage, lo retro y demás tendencias, olvidamos el trasfondo de nuestro abandono como sociedad mexicana. ¿Cuál es el muro que nos impide tener una autonomía simple y certera? El muro es la imitación. El modelo de la semejanza, rompe con los límites, enmascara una incongruencia colectiva y filosófica también. Y, no es que la semejanza sea un enemigo acteal, sino se trata de vincular la manera de adopción con el conocimiento de nuestras raíces y orígenes. Somos el pueblo que olvida y que deambula, que encuentra su asiento más cómodo y pertinente en la actualidad, porque una nación que relega su creación, supone un estado vegetativo e inerte.

 Tanto que tememos a la muerte, y pareciese que estamos cobrando un estado de confort y de aislamiento ante los sueños que no son arrebatados día a día. La muerte parece vencernos y sale airosa de cualquier problema ante la vida, así es el mexicano, olvida su propio oxígeno, su vida misma.

 Disimulamos nuestro miedo, nuestra renuencia a lo indomable, renunciamos a lo inaudito. ¿No se supone que la historia la historia la construimos nosotros? Somos el principio del tabique, y a la vez pertenecemos a la obra construida. La fortaleza de esta, se ve enriquecida en nuestra transparencia y solidaridad con las raíces de nacimiento, con ese vínculo cautivo y potencial ante la vida y el sueño.

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Crédito:Tumblr.

 El principio de la semejanza, nace debajo del de soledad. El laberinto de la soledad, sombrío quieto y desorbitante, que envuelve la agonía con la magia de los días, se muestran las máscaras y parece, que ya todo lo hemos visto, y cuando alguien  se quita el antifaz, queda expuesta su desnudez y no aceptamos ese hecho. Entonces, ¿Preferimos vivir en la mentira? La historia lo ha demostrado y nos gusta vivir en las tinieblas, donde nadie nos vea, porque si nos reconocen bajo nuestra autonomía, parece ser que tendremos que vivir en el exilio para siempre.

 Los excesos y escapes, parecen ser la combinación perfecta para olvidar la pena de lidiar con el olvido de un pueblo que clama lucha y reivindicación y no sólo dependencia. La sumisión hacia otro estilo de vida, nos lleva a la perdición misma de nuestra cultura; déjame de ser para volvernos parte de –contradicción fuerte y real–.

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Crédito:Tumblr.

“Oscilamos entre la entrega y la reserva, entre el grito y el silencio, entre la fiesta y el velorio, sin entregarnos jamás. Nuestra impasibilidad recubre la vida con la máscara de la muerte; nuestro grito desgarra esa máscara y sube al cielo hasta distenderse, romperse y caer como derrota y silencio.Por ambos caminos el mexicano se cierra al mundo: A la vida y a la muerte.”

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Crédito:Tumblr.

 Estamos muertos en vida, somos testigos de nuestra masacre y lo seguimos permitiendo desde que se nos impongan estereotipos que sólo degradan la imagen del ser humano. Se nos unen tabúes, prejuicios y juicios de valor, que no nos permiten tener un objetivo claro sobre lo que somos como mexicanos, no como vínculo entre naciones.

 Somos la descendencia de un pueblo aguerrido, que luchó hasta el último momento con un sinfín de impedimentos por querer quebrar el mundo de hostilidad.

Alma Torres

El viaje es entre letras y utopías. Estudiante de Economía del IPN. Hagamos de la escritura, la revolución del amor mismo.