El joven Orozco y aquella niña

julio 28, 2014

Por:

Arte, Extras, Literatura, Tacto

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"El mejor modo de mantener un sueño intacto, es jamas realizarlo"

“El mejor modo de mantener un sueño perfecto, es no realizarlo jamás”

De José Clemente Orozco conocemos la obra, conocemos el muralismo, conocemos al Prometeo , la relación con Rivera y Alfaro Siqueiros, le hemos visto en San Ildefonso de pasada, en el sanborns de los azulejos o en Bellas Artes, le sabemos Jalisco y el compromiso con las causas sociales, la portentosa necesidad de que su arte generara confrontaciones positivas con el pueblo y de una representación de los valores universales sin insistir en los nacionales, le conocemos la pasión, la entrega y la tendencia a los rojos.

 Insertémonos entonces en lo humano, en uno de sus amores. Y es que Orozco, frisando los veintiséis años, con residencia en una vecindad del centro histórico de la capital, cae enamorado de una niña de 12, empieza una relación que por siempre tendría el estigma de idílica. El joven Orozco la sigue por las calles, a unos pasos, se sienta en la banca cercana a ella en las iglesias, y es que si hubiera de ponerse el tiempo en que platicaron todo junto, ni siquiera se abarcan los veinte minutos, nunca tocó nada más allá que su mano de niña.

 Empieza entonces una relación de lejos, de marcados idealismos, Orozco comienza a escribir cartas a esa niña en 1909, A ella se la llevan sus padres a vivir a Sombrerete, y damos comienzo a la escritura de 465 cartas dedicadas a Refugio Castillo, la “Fugito” del rojo Orozco. Con el paso del tiempo por justicia, su muralismo encuentra el camino; va entonces a lugares remotos, lejanos, pero nunca puede ir a encontrarse con el idealismo, el amante no cumple, nunca llega a Sombrerete, la razón es sencilla, argumenta que “El mejor modo de mantener un sueño perfecto, es no realizarlo jamás”.

 Fugito recibe cartas en que se le reclama, en que se le acusa de injusta, de indolente, de culpable de las amarguras, y de musa única y constante de las mejores pinturas y murales, se le pide que no salga con otros, que no cruce palabra con nadie más, le pide que vaya a donde él se encuentra, que le sane, que de sus demonios le cure; hubo varias en que le exigía incluso una imágen, una fotografía de Refugio, hacía años que Orozco no la veía y era de esperarse que se impactara con la imagen cuando Refugio accede, le dice que él nunca supo si era bella o fea, que a el solo le importaba su alma, prueba exacta del idilio.

 Hace años que “Fugito”, cuando conoció a Orozco, le dijo: “Desde hoy, por siempre suya” y cumplido: “Fugito” el refugio de los sueños enfermos de José Clemente por años, lo cumple, y muere ya vieja en Sombrerete, enterada años atrás del matrimonio del pintor que le jurara amor eterno.

 La letra y pintura de Orozco es poderosa, y Refugio Castillo sin duda sirvió de musa, por lo menos su fantasma, la imagen falsa de una mujer que para Orozco no fue carne, sino un dechado de virtudes, una diosa trazada, muy lejana de la original fuente de inspiración.

 Las cartas se hicieron llegar a Adriana Malvido Arriaga quien hace por dar orden a cartas no fechadas valiéndose de la narrativa para dar origen al libro “El joven Orozco, cartas de amor a una niña” Editorial Lumen, en que puedes ser testigo.

Brenda Mitchelle

Licenciada en mercadotecnia, actriz, productora, directora de teatro y escritora con frecuentes vaivenes de fe en la humanidad y miedos portentosos de ella. Convencida de ser hombre desde los ocho años.