El fotoperiodista y la invasión de la realidad

diciembre 22, 2014

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Fotografía

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El trabajo de un fotoperiodista consiste en estar en el lugar y momento correcto, donde fortuitamente se es parte de un instante significativo al registrar una situación clave en la historia. Si bien podemos nombrar varios ejemplos donde la casualidad y el ingenio de los fotógrafos han servido para capturar las imágenes más memorables, no está de más el preguntarnos sobre aquella delgada línea que éstos cruzan al fotografiar tales sucesos, donde se invade la privacidad entre la entidad y su contexto.

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Masacre en el centro comercial de Westgate. Fotografía tomada por Tyler Hicks, para The New York Times, en Nairobi Kenya.

 En una situación tan delicada donde los actores se encuentran en el momento más vulnerable de sus vidas y se toma la decisión de exponerlos al escrutinio publico, el fotógrafo toma la decisión de no intervenir mientras el suceso transcurre. ¿Es acaso el no intervenir considerado una falta? ¿Cómo te separas de ti mismo para llegar a cumplir este importante trabajo? Es uno de las labores más difíciles; cubriendo guerras ajenas y luchando por causas perdidas. El fotoperiodismo nos ha brindado fotografías memorables que nos han transportado a los lugares más sorprendentes sin olvidar lo más trascendental, ellas han hecho que nos invadan recónditas emociones, al poder identificarnos con situaciones las cuales culturalmente seria imposible el poder experimentar, son las emociones humanas como la desesperanza, la indignación o el sufrimiento, las cuales nos hacen conectarnos con personajes tan opuestos a nosotros.

Víctimas del crimen organizado. Fotografía tomada en Saltillo Coahuila por Christopher Vanegas, ganador en World Press Photo 2014.

Víctimas del crimen organizado. Fotografía tomada en Saltillo Coahuila por el mexicano Christopher Vanegas, ganador en World Press Photo 2014.

 El fotoperiodista siente una gran obligación al cubrir eventos fundamentales, es con su cámara con la que hará publica la historia en desarrollo. La arbitrariedad de la situación no recae en si el fotógrafo interviene o no para evitar que algún acto atroz siga en marcha, todo depende del cristal donde se mira. Lo que el fotoperiodista padece es una identificación con los sujetos que viven tales circunstancias, al experimentar las inmoralidades que ellos coexisten. Las mismas injusticias lo llaman a que formen parte de ellas y se unan en una batalla por la búsqueda de los derechos humanos. Sin embargo, hay que rescatar la imparcialidad en el cual el fotoperiodista debe de regirse. La objetividad ayudará a que con las imágenes se creen historias, las cuales el espectador descifrara e interpretará según las opiniones y objeciones personales. Es así como no hay ningún desperfecto en el ejercicio, solo cabe destacar el ingenio visual el cual nos hará ser participes culturales gracias a la valiente labor periodística, un impulso en la defensa de la verdad al exponer la divergencia social y cultural actual.

Víctimas del colapso de fábrica de prendas. Fotografía tomada por Taslima Akhter en Dhaka, Bangladesh.

Víctimas del colapso de fábrica de prendas. Fotografía tomada por Taslima Akhter en Dhaka, Bangladesh.

Chicos albinos ciegos. Fotografía tomada por Brent Stirton.

Chicos albinos ciegos. Fotografía tomada por Brent Stirton.