El flamenco: Historia de una lucha social

noviembre 3, 2014

Por:

Arte, danza, Música, Oido, Reseñas, Vista

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Misterio del flamenco.

“Haz sólo lo que amas y serás feliz. El que hace lo que ama está benditamente condenado al éxito, que llegará cuando deba de llegar, porque todo lo que debe ser, será, y llega naturalmente”

— Facundo Cabral.

La elegancia del movimiento de las manos, el peculiar sonido de una guitarra acompañada del golpeteo de las castuañuelas y una voz grave, incitan que el escucha tenga tenga el placer por percibir una de las corrientes musicales típicas de España: el flamenco, tipo de música y baile originario de la provincia de Andalucía. El sabor de sus raíces se remonta a otras ciudades no menos importantes como Sevilla y Cádiz. Con el aroma de la libertad, el baile típico español hace su aparición –según datos históricos a partir del siglo XV aproximadamente, impulsado por un pueblo gitano.

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La gitanería de Triana.

 El flamenco es el extracto de la protesta, del significado de la pertenencia hacia una cultura que padeció durante mucho tiempo el afán de exterminio, esa lógica de expresión se llena de características increíbles; no sólo es una voz o un acompañamiento, también se envuelve de la sensualidad del baile que se manifiesta en cada paso, en el  vaivén de las faldas y zapatos con tacón que deletrean las palabras pertinentes.

“El flamenco es la cultura más importante que tenemos en España y me atrevo a decir que en Europa. Es una música increíble, tiene una gran fuerza emotiva y un ritmo y una emoción que muy pocos folclores europeos poseen.”

Paco De Lucía.

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Palmas, pasión y guitarras.

 A partir del siglo XVIII el flamenco empieza a cobrar mayor importancia dentro de la cultura española, y el sentido de éste empieza a propagarse por todo el país. En primera instancia, no fue aceptado del todo, ya que la población estaba sometida a un tipo de normatividad tan a la mirada burguesa, que era considerado algo degradante el hecho de que éste formará parte de los vínculos de identidad del español, siendo que dicha expresión artística se manifestó dentro de los barrios más marginados de España. No fue un movimiento incitado por la oligarquía acomodada, nació también de un proceso de protesta. Y aunque en esos momentos no había precursores reconocidos como tal, a principios del siglo XIX se empezaron a vislumbrar festines en los que se daban a conocer a los talentos de aquél país lleno de emblema cultural.

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Puerto real.

 Desde 1920 el folclore que define a la magia del flamenco se trasladaría hacia los lugares más acaudalados del país como fue en su momento Granada tierra llena de un sentimiento nacionalista; cuando parecía estar en un auge imprescindible para su difusión, la Guerra Civil de 1936 ejecuta el declive de la cultura en general, por lo cual esto impactó de sobremanera en el desenvolvimiento del arte escénico que tanto tiempo tardó en ser aceptado por la población en general. Y aunque parezca incongruente, el flamenco sirvió para aligerar las cargas de la gente que yacía arruinada ante los estragos de la guerra; se preparó para dar consuelo ante el olvido y se puso en escena al aire libre y en teatros callejeros, desde entonces el vínculo entre música y reconocimiento de la sociedad se hizo más importante.

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De baile en baile.

 A partir del escenario anterior, el flamenco se adopta por la clase más acaudalada del país y ahora ya se presentaba en funciones de recinto, con un portentoso escenario que aclamaba pulcritud y sincronía en los pasos y en los acompañamientos musicales. Surgen cantantes de la talla de José Monje Cruz conocido como “Camarón de la isla”, Fernando Fernández “Terremoto de Jerez”, Antonio Fernández Díaz “Fosforito”, Paco de Lucía – por considerar a algunos de los más importantes-. En cuanto a baile se refiere destacan  Adela Fernández “La gitana”, Adrián Galia, Agustina López Pavón “Tina Pavón”, Alfonso Salmerón, Ana Parrilla y la lista sigue cobrando vida al pasar de los años.

 El flamenco nace de una lucha social, del florecimiento de los sentimientos humanos, surge la tragedia de un pueblo olvidado, de una fatalidad hacia su integridad. Una frase que describe este suceso se precisa en el amor como vínculo de libertad e infortunio a través de lo siguiente:

“El flamenco siempre es una pena, el amor es una pena también. En el fondo todo es una pena y una alegría”

– José Monje Cruz.

 La alegría del reflejo de esta tradición radica en sus orígenes, en los vínculos con la vida y con el sentimiento puesto a flor de piel en cada puesta en escena que va desde una presentación en uno de los sitios más bohemios de la ciudad o en un lugar triste y desolado. Esa es la magia del flamenco, que da sentimiento al pueblo y que abre las puertas para que la emoción siga fluyendo a través del baile y de la música.

Alma Torres

El viaje es entre letras y utopías. Estudiante de Economía del IPN. Hagamos de la escritura, la revolución del amor mismo.