El Diosero

abril 28, 2014

Por:

Arte, Literatura

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“Y ya tenemos ante nosotros al nuevo dios que ha brotado de sus manos mágicas. Es más basto éste que el anterior, pero menos hermoso. El lacandón lo eleva hasta la altura de sus ojos y lo contempla unos instantes; parece estar muy engreído con su creación.”

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No me atrevería a afirmar y decir que son pocas las veces en que se trabajan las letras de maneras tan profundas y, sobre todo tan mexicanas.Puede mencionarles algunos autores mexicanos que han sobresalido y marcado la literatura tanto en México como en América.

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Por ejemplo: Juan Rulfo, el mejor narrador que se nos ha ofrecido, tanto así, que se asegura que al escucharlo, parecía que se estaba leyendo uno de sus relatos; Octavio Paz, un “mexicanólogo” distinguido por la precisión de sus letras y su irrefutable erudición; Alfonso Reyes, uno de los intelectuales fundadores junto con José Vasconcelos del Ateneo de la Juventud, responsable de grandísimas labores en la difusión cultural; Fernández de Lizardi, escritor y periodista considerado el iniciador de la novela en América; Jaime Sabines, que sin lugar a duda es uno de los mejores poetas del siglo XX; Rosario Castellanos, Edmundo O’Gorman, Alí Chumacero, Carlos Monsiváis, Daniel Cosío Villegas, Francisco Rojas González…

 Éste último, gran escritor, cuentista y etnólogo galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 1944. Entre sus múltiples obras –“La negra Angustias”, etcétera- la más pasional y aguda lleva por nombre El Diosero.

 El Diosero está conformado por 12 cuentos (“Hículi Hualula”, “Las vacas de Quiviquinta”, “La triste historia del pascola Cenobio”, por nombrar algunos) en los cuales se aprecia el remarcable ejercicio antropológico sobre aspectos sociales, políticos, religiosos -o quizá mágicos- dentro de ciertas poblaciones indígenas en nuestro país.

 Durante la lectura, se descubre el inquietante y complejo mundo de los otomíes, yoremes, huicholes, chinantecos, mazahuas; recorriendo grandes y pequeñas regiones, desde San Marcos Yólox, hasta Bataconcica, Tezompan o Nequetejé.

 La creación de escenas y detalles ligados a las raíces indígenas más puras y sinceras proporcionan una excelente forma para conocer y valorar culturas que se extienden desde el norte al sur.

 El gran problema al enfrentarnos a este tipo de lectura, atañe prejuicios y falta de conocimiento por nuestra parte. Sentimos que no pertenecemos ni tenemos algo que ver con aquellos indígenas que de alguna u otra forma, han participado en la historia y han moldeado el presente de nuestra tierra.

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 Anteriormente mencioné el descubrimiento de un mundo complejo. A decir verdad, más que complejo, bien podría ser desconocido.

 En uno de los cuentos, Rojas González escribe en la voz de un indígena huichol: “Nos es más fácil nosotros comprender el mundo de ustedes, que a los hombres de la ciudad conocer el sencillo cerebro de nosotros”. El autor nos permite entrever las dificultades que atraviesan los foráneos para introducirse al mundo indígena pero, ¿no será acaso que las dificultades se las ponen ellos mismos, los hombres de ciudad, justificando su egoísmo en la supuesta civilización?

 El Diosero es uno de los pocos libros que representan una fiel observación e investigación, inmersa de historia, fantasía y cultura mexicana. Los relatos presentan tramas que bien podrían ser situaciones reales, lo cual refleja que el autor conocía y abundaba bien sobre el tema.