El almacén de la imagen: una reflexión en torno a los selfies

octubre 8, 2014

Por:

Arte, Críticas, Extras, Imagenes, Random, Reseñas

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En la actualidad hay mucha controversia en torno al fenómeno del selfie y probablemente la mayoría de nosotros ha debatido sobre el tema en reuniones de café, en el bar, con los amigos o con la familia. Que si se trata de una muestra del más puro narcisismo, que si refleja inseguridad, necesidad de aceptación de los demás o, que si los estudios del holandés Christyntje Gallagher dicen que quienes se hacen selfies son personas con poca actividad sexual.

 Si hacemos una búsqueda en internet nos encontraremos con artículos que tratan principalmente sobre las motivaciones de las personas no sólo para hacerse selfies, sino también para compartirlos en sus redes sociales. También nos encontraremos con páginas de internet que muestran listas absurdas de los selfies más inoportunos, selfies en los peores lugares o en las peores situaciones. Abundan los textos-queja en los que se enlistan –porque ahora todo viene dosificado en listas– las razones por las cuales hacerse autorretratos y compartirlos es incomodo para los demás. En realidad son pocas las páginas que aportan algo importante con respecto al fenómeno del autorretrato en nuestra época.

 Debo admitir que algunas veces hasta yo he perdido los estribos cuando mis redes sociales se llenan de selfies de los otros, me vuelvo intolerante, hater y me dan ganas hacerle saber a todos aquellos que comparten sus fotos que ni a mí ni al resto de sus contactos nos interesa ver una imagen con su cara. Pero, de la misma manera he de admitir que de vez en cuando me hago selfies de manera privada, por supuesto, en casa, en donde nadie me juzgue por hacerme un autorretrato. Muchas veces me he tomado fotos que se quedan guardadas unos días en mi carpeta de imágenes en mi teléfono celular y luego desaparecen al margen de un solo “delete”. Otras veces también he llegado a compartir esas fotografías hechas por mí y de mí en mis redes sociales. ¿Reafirmación de mi identidad a través de la imagen de mi misma? sí. ¿Inseguridad de mi apariencia? no (probablemente todo lo contrario). ¿Inseguridad de mi persona? seguro que sí.

Autorretrato hecho por el astronauta Aki Hoshide en la International Space Station. Hasta ahora es la fotografía más representativa del selfie mejor logrado.

Autorretrato hecho por el astronauta Aki Hoshide en la International Space Station. Hasta ahora es la fotografía más representativa del selfie mejor logrado.

 En cuanto a la producción de autorretratos pareciera más que obvio que lo que los especialistas analizan, y lo que los usuarios de las redes sociales critican, son las motivaciones que tiene el retratado para retratarse a sí mismo. ¿Qué nos está queriendo decir esta persona al hacerse selfies y compartirlos? ¿Cómo se está presentando a sí mismo? ¿Cuál es su pose? ¿Qué gestos hace? ¿Por qué y para qué lo hace? En todo caso tendemos a cuestionarnos o a criticar lo más obvio. No por ello no debemos observar y cuestionar las motivaciones de las personas para hacerse autorretratos y “vender” una imagen de sí mismos en las redes sociales. Por supuesto que el comportamiento que conlleva hacerse un autorretrato responde a necesidades de un mundo que promueve el hiper individualismo y la constante reafirmación del yo a través de la imagen.

 La fotografía de uno mismo es el fenómeno por el cual podemos entender no sólo un mundo que alimenta la idea del hiper individualismo, como ya lo mencione antes, sino de un mundo que, en palabras de Fernando Aguayo y de Lourdes Roca, es hipervisual. Según los autores mencionados, las imágenes han tenido diferentes significados dependiendo de su modo de creación, pero también han tenido diversas funciones según cada periodo y cada cultura. El selfie, afirma Elizabeth Day para The Guardian, es el autorretrato de la era digital. Se puede entender entonces que el autorretrato compartido en las redes sociales es resultado de un mundo global, digital, hipervisual, capitalista en el que todo se basa en la oferta y la demanda. La fotografía de uno mismo muestra el producto que hay que vender, nuestra apariencia física (porque en nuestra época al parecer es lo que más importa), las redes sociales son ese medio de difusión masiva del cual nos servimos para vender nuestra imagen. Es importante, claro está, observar cómo se efectúa el acto de autorretratarse, las motivaciones que lo llevan a uno a posar frente a la cámara de un dispositivo móvil, pero también es necesario observar cómo se hace uso de las imágenes y cómo es la recepción de éstas.

Fragmento de cómic Sweetie, no one likes selfies, The oatmeal.

Fragmento de cómic Sweetie, no one likes selfies, The oatmeal.

 En cuanto a la recepción de los selfies, la opinión generalizada apunta al mal acogimiento de estas fotografías, esto pues basándome en el tipo de publicaciones que circulan en internet a modo de queja o burla en contra del selfie. Al parecer a la gente le gusta “producir” selfies, más no le gusta “consumirlos”. La actitud, la pose y la venta de la imagen es lo que molesta. Sin embargo, pienso que lo “molesto” de ver selfies no radica tanto en la fotografía misma, tal como lo creemos, sino que más bien lo que fastidia es la incoherencia que encontramos entre lo que la fotografía muestra y lo que el fotografiado expresa de manera escrita sobre ella.

 Resulta muy peculiar encontrarnos con autorretratos con descripciones que hacen referencia a los estados anímicos del retratado, al lugar en el que se encuentra (aunque en la foto no aparezca el lugar), el clima o la temperatura en un día en particular en el que fue tomada la fotografía. El selfie nos muestra a la persona con el brazo extendido haciéndose una fotografía de sí misma, mientras que la descripción dice si es domingo, si hace frío, si hace calor, si está nublado, si está soleado, si se está en el trabajo, si se está atrapado en el tránsito, si se está feliz (aunque en la fotografía se muestre a la persona sonriendo) o si ha sido un buen o un mal día. La incongruencia está en que no existe una relación entre texto e imagen. El hecho de que no sepamos, incluyéndome a mí, describir una fotografía de nosotros mismos es un reflejo de que no sabemos leer la imagen y mucho menos venderla.

 Vivimos en un mundo hipervisual en el que es más fácil expresarse en imágenes, pero al mismo tiempo nos vemos imposibilitados de poder leer y contextualizar las fotografías que nos hacemos a nosotros mismos. En ese sentido, el historiador John Mraz tiene razón cuando dice que, en contraposición al mundo visual en el que vivimos, nos encontramos ante una situación de analfabetismo visual.

 Entonces cada vez que nos hagamos un autorretrato con nuestro teléfono móvil no sólo debemos preguntarnos por qué y para qué lo hacemos, sino también cómo vamos a crear coherencia entre la fotografía y el texto con que lo describimos. Pero más importante que ello es observar cómo consumimos los selfies ajenos, a cuántos autorretratos le damos like en un día y si en realidad nos molestan, por qué nos molestan. El punto está en no criticar a la persona que se autorretrata, sino en ser más críticos al momento de consumir este tipo de imágenes.

Vera Castillo

(DF, 1991) Egresada de la licenciatura en Historia por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Durante la carrera enfocó gran parte de su estudio en la historia de la fotografía en México, específicamente de la segunda mitad del siglo XIX a la primera década del siglo XX. Fotógrafa aficionada con cursos y talleres de fotografía en la Escuela Activa de Fotografía y en la Facultad de Artes de la UAEM.