El almacén de la imagen: reflexiones en torno al arte y la historia

marzo 16, 2015

Por:

Arte, Extras, Fotografía, Vista

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Recientemente comencé a trabajar dando clases en una universidad, impartiendo la materia de Arte y cultura contemporánea con la cual se pretende hacer una revisión de, como su nombre lo indica, el arte contemporáneo. El temario del plan de estudios debe iniciar desde la época del postimpresionismo, haciendo de igual manera una breve revisión del arte moderno para así pasar por fin a lo que compete, que es el arte contemporáneo, es decir, aquel que vino después de las vanguardias o que más bien parte de ellas. El reto de impartir una materia como estas radica en el hecho de que no sólo se trata de hablar sobre pintores y sus grandes obras, sino más bien de hablar de varias épocas en función del arte que se produjo durante el periodo que va de finales del siglo XIX a finales del siglo XX. El arte no debe ser estudiado de manera superficial, como si sólo se tratara de creaciones fortuitas realizadas por algún personaje con una vida anecdótica. Hablar de los padres del autor, del seno de la familia de la cual proviene, de los amigos o las relaciones amorosas que tenía, así como de su personalidad, son cuestiones apropiadas que deben conocerse para poder acercarse a una obra de arte y comprenderla más a fondo, pero no es suficiente quedarse en ese plano. El nivel de conocimiento sobre una obra es mucho más profundo, y en ese sentido puede resultar una labor titánica poder analizar un siglo de producciones artísticas en un solo semestre.

 Todo esto me llevó a reflexionar una vez más en torno al arte,  a la historia y a la imagen. Hablar de arte es invariablemente hablar de historia. Esto significa que para poder acercarse al arte es necesario contextualizar ya sea una obra, un autor o una corriente artística. Sin contexto la obra en sí misma carece de sentido. Es importante por ello, que cuando se observe una obra de arte, ya sea pintura, escultura o música, la  pensemos en función del contexto histórico en el cual se enmarca, esto es, que la pensemos como la creación de un humano influido por la sociedad de su época, por el entorno histórico en el que le tocó vivir y las condiciones en las que creó su obra.

 Uno de los primeros estudiosos de la imagen con los cuales tuve acercamiento hace casi cinco años fue el historiador inglés Peter Burke, con quien comencé a entender que la imagen tenía mucha importancia para la comprensión de la vida del pasado. De él había leído que “Las imágenes son traicioneras porque el arte tiene su propias convenciones, porque sigue una línea de desarrollo interno y al mismo tiempo reacciona frente al mundo exterior.” Tardé algunos años en entender que para analizar una imagen debía entender justamente ese “mundo exterior” del que Burke hablaba en su libro Visto o no visto. El uso de la imagen como documento histórico. Se trata sobre todo de observar las imágenes y luego estudiar el mundo frente al cual está reaccionando. De ahí que debe estudiarse el contexto histórico para comprender una obra de arte no tanto desde la forma, que claramente es importante, pero también para analizarla desde el fondo. Estudiar el arte no sólo tiene que ver con hacer una revisión de la historia política o económica de una época, sino también puede entenderse desde la historia de las ideas, desde la historia cultural o la historia de las mentalidades. Así pues, acercarse al arte o a los medios visuales del pasado sirve para ayudar a entender cómo pensaban los hombres en cierta época y en un espacio determinado.

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 Una materia que gira en torno al arte invariablemente tendrá que relacionarse con historia, sin embargo el gran reto es hacer que ambas disciplinas puedan ser provechosas y útiles para estudiantes de una carrera como Ciencias de la comunicación. ¿Cómo hacer que el arte y la historia puedan servir de algo a un egresado de dicha licenciatura y que, mejor aún, pueda llevar ese conocimiento a la práctica a la hora de ejercer su profesión? Gran pregunta que tarde un tiempo pensando. La respuesta estaba en las imágenes, debía enfocarme en las imágenes. Lo que necesitaba hacer era mostrar que las imágenes se inscriben en ciertas corrientes artísticas de cierto momento histórico y que los creadores que hacen uso de algunos medios como la fotografía y el cine indiscutiblemente se sirven de corrientes del pasado para realizar su obra.

 El ojo de pintores, escultores, fotógrafos y cineastas es un ojo bien educado, capaz de entender y hacer imágenes con el poder  de transmitir ideas y emociones. Sin embargo, para poder crear imágenes y comunicar ideas a través de ellas se necesita educar el ojo, pues a pesar de que vivimos en un mundo muy visual, también es cierto que existe un alto nivel de analfabetismo visual en nuestra sociedad. Se trata más de estudiar el arte moderno y contemporáneo desde su forma y desde su fondo con el objetivo de entrenar el ojo y la mente para saber ser observadores y creadores de imágenes. El estudio de la imagen visual, ya sea desde el arte pictórico y escultórico o desde medios como la fotografía y el cine, resultan una forma eficaz de estudiar al hombre del pasado, sino una manera de comprenderlo en el presente, y entendernos a nosotros mismos a través de este.

Vera Castillo

(DF, 1991) Egresada de la licenciatura en Historia por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Durante la carrera enfocó gran parte de su estudio en la historia de la fotografía en México, específicamente de la segunda mitad del siglo XIX a la primera década del siglo XX. Fotógrafa aficionada con cursos y talleres de fotografía en la Escuela Activa de Fotografía y en la Facultad de Artes de la UAEM.