El almacén de la imagen: lo grotesco en la fotografía de Witkin

octubre 15, 2014

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Arte, Críticas, Exposiciones, Extras, Fotografía, Imagenes, Notas, Objetos, Oido, Random, Reseñas, Tacto, Vista

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Este fin de semana, la ciudad de Cuernavaca será sede de la primera edición del Festival Grotesco: jornada de cultura horrible, en el que disciplinas como la literatura, la música, el cine y la gráfica convergen en un mismo género: el horror.

 El horror está asociado al sentimiento de miedo  causado por aquello que es desconocido, por un ser que transgrede los parámetros de la normalidad, de lo natural, de lo conocido y aceptado, aquello que nos parece monstruoso. En este punto hace su entrada triunfal lo grotesco, es decir, todo eso que es extraño, que está fuera del orden y que puede ser grosero. La conexión está en el hecho de que aquello que nos parece grotesco puede resultarnos de igual modo horroroso.

Joel Peter Witkin, Leda.

Joel Peter Witkin, Leda.

 Por ello mismo, y en un intento por unirme a la celebración del Festival Grotesco, he decidido dedicar este texto a un fotógrafo que, a pesar de que aun no ha sido encasillado en algún género con el que se pueda definir su trabajo, desenvuelve la temática de su obra en torno a lo grotesco y al horror que éste nos produce: Joel Peter Witkin.

 Este fotógrafo neoyorkino, nacido en 1939, define perfectamente lo grotesco a través de la captura de imágenes, pues normalmente sus fotos se desenvuelven en temas que retoman la transgresión de las normas en torno al erotismo, a la belleza y a aquello que consideramos “normal”. Peter Witkin retrata a personas deformes, enanos, hermafroditas, transexuales, así como también expone parafilias tales como la necrofilia y zoofilia. La muerte también aparece como un tema en la obra de este fotógrafo.

Joel Peter Witkin, The kiss, 1982. Se dice que Witkin tuvo que esperar dos años de trámites burocráticos para poder realizar esta fotografía, pues no fue fácil acceder al depósito de cadáveres de la Ciudad de México. La fotografía muestra un cadaver diseccionado por la mitad que Witkin uso para crear la escena del beso.

Joel Peter Witkin, The kiss, 1982. Se dice que Witkin tuvo que esperar dos años de trámites burocráticos para poder realizar esta fotografía, pues no fue fácil acceder al depósito de cadáveres de la Ciudad de México. La fotografía muestra un cadaver diseccionado por la mitad que Witkin uso para crear la escena del beso.

 El hecho de que Peter Witkin retrate temas transgresores hace que su fotografía sea, en cierto modo, horrible. Por supuesto que no se trata de encontrar lo horrible en la estética fotográfica de Witkin, sino más bien de encontrar lo horrible en aquello que nos produce su obra al momento de observarla. En ese mismo sentido, podría definirse el trabajo del fotógrafo como algo grotesco.

  En el número 30 de la revista Luna Córnea, el crítico de la fotografía estadounidense A. Douglas Coleman define lo grotesco como aquello relacionado a las conductas inapropiadas, a lo desagradable y extraño. La fotografía  se muestra grotesca, según menciona, cuando hay una violación intencional del artista por sobre las leyes naturales, es decir, cuando aparecen conductas que son divergentes de la norma.

 La teatralización de las escenas es importante a la hora de buscar transmitir la sensación de miedo y rechazo que produce lo grotesco. Vemos desnudos, en su mayoría femeninos, o que parten de lo femenino (pose, vestuario, escenografía) para descubrir incoherencia al momento de encontrar el elemento masculino en quienes pensábamos mujeres. Los penes flácidos se muestran ante la lente del fotógrafo, vemos enanos disfrazados de personajes circenses, así como también aparecen personas con gestos serios o gestos que expresan miedo.

 La belleza femenina es transgredida con los cuerpos obesos y flácidos de las mujeres tumbadas mostrando su desnudez que nos recuerdan a las Venus del Renacimiento. Y es que el canon de belleza establecido se puede transgredir fácilmente con cuerpos voluptuosos, grandes y flácidos pues, en palabras de Coleman, hemos sido entrenados para ver desde la perspectiva del arte del Renacimiento, pues una cultura como la occidental, adicta a la razón y al método científico, basa su imaginería en fotografías confiables y precisas.

 La zoofilia también se hace presente en algunas fotografías. En ellas aparece una mujer desnuda tocándole el miembro a un caballo que ha sido dispuesto en la posición perfecta, por medio de arneses, para penetrarla. Por otra parte está la fotografía del hombre que simula ser mujer y que se encuentra a punto de ser penetrado por un perro. En definitiva Joel Peter Witkin hace visible lo grotesco en el erotismo, lo grotesco que resultan los cuerpos deformes, la diversidad de preferencias sexuales, las personas transgénero, el propio cuerpo en su desnudez, los cadáveres y otros elementos que se salen de la norma y que por lo mismo horrorizan.

 El horror puede encontrarse en el arte fotográfico, pero también puede encontrarse belleza en lo inusual, en aquello que nos causa repulsión, en la aceptación de los desordenes ocultos y mundanos. Demos paso a lo anormal, abramos las puertas de nuestra mente a las disciplinas que nos explican y nos muestran lo extraño, lo que, parafraseando al literato alemán Wolfgan Kayser, invoca y somete los aspectos demoníacos del mundo.

Joel Peter Witkin

Joel Peter Witkin

Peter Witkin, Sanatorium.

Peter Witkin, Sanatorium.

Joel Peter Witkin, Hombre sin cabeza, 1993.

Joel Peter Witkin, Hombre sin cabeza, 1993.

Vera Castillo

(DF, 1991) Egresada de la licenciatura en Historia por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Durante la carrera enfocó gran parte de su estudio en la historia de la fotografía en México, específicamente de la segunda mitad del siglo XIX a la primera década del siglo XX. Fotógrafa aficionada con cursos y talleres de fotografía en la Escuela Activa de Fotografía y en la Facultad de Artes de la UAEM.