El almacén de la imagen: ¿la curaduría limita o facilita?

agosto 20, 2014

Por:

Arte, Extras, Oido, Tacto, Vista

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Siempre es grato conocer personas que te dejan pensando sobre cualquier tema, ya sea político, social, cultural, artístico, entre otros muchos temas que pueden ser materia de debate tanto en una conferencia, como en una mesa redonda, en una galería de arte o en algún bar al calorcito de un trago. Sin embargo, la semana pasada tuve la oportunidad de escuchar a Aline Hernández en el conversatorio organizado en torno a la exposición Floresta que Quebra o Asfalto, realizada en un centro cultural de Cuernavaca. Aline fue la encargada de la curaduría de dicha exposición, por lo que en el conversatorio tocó varios temas, entre ellos uno concerniente a la producción artística de algunos países latinoamericanos como Colombia, Perú, Brasil, México, entre otros.

Aline Hernández en el conversatorio de la exposición Floresta que Quebra o Asfalto.

Aline Hernández en el conversatorio de la exposición Floresta que Quebra o Asfalto.

 Otro de los asuntos tratados por Aline fue la forma en la que las personas contemplamos el arte, de las expectativas que podemos tener al momento de entrar a un museo o a una galería, de la forma en la que en el mundo de lo artístico la obra se ve sujeta a lo discursivo más que a la experiencia que ésta puede dejar en el espectador. En ese sentido, el texto curatorial puede dejar poco espacio para la interpretación y la apropiación de la obra por parte del espectador.

 Sin embargo, nosotros como público podemos llegar a ser “analfabetas visuales” e incluso “ineptos sensitivos” si nos topamos con la ausencia de un texto curatorial en alguna galería. De pronto nos olvidamos de observar, sentir y hacernos parte de las obras que nos rodean, nos olvidamos del aprendizaje a través de la experiencia, de aquello que puede ser empírico. Esta ausencia del discurso en la curaduría de una exposición puede hacer explícito el papel de lo que Fernando Bayón llama “el persuadido”,  quien intenta seguir lo que la obra de arte dice, no tanto por una pobreza de imaginación, sino como una condición sin la que cual no se desarrolla la fuga que nos permite el arte.

La exposición "México a través de la fotografía" que estuvo en el MUNAL el año pasado fue curada por  el historiador Sergio Raúl Arroyo.

La exposición “México a través de la fotografía” que estuvo en el MUNAL el año pasado es un ejemplo de un excelente trabajo de curaduría, realizada por el historiador Sergio Raúl Arroyo.

 La curaduría y la museografía fungen el papel del “tope crítico” que expone Bayón en su artículo “Las retóricas del público. El espacio de consumo del arte como institución política”, en el que la imaginación puede llegar a perturbar el orden del significado y las convenciones que se encuentran en las imágenes. Así pues, es necesario cuestionarnos cómo consumimos el arte siendo espectadores, cómo lo entendemos, cómo lo experimentamos, cómo es nuestro acercamiento como público a una sala en la que se muestra obra de cualquier artista. La forma en la que cada persona experimenta el arte varía dependiendo del tipo de espectador que sea, pero también es importante no perder de vista que la manera en la que el público puede interpretar una obra es distinta.

 El texto curatorial sirve para homogeneizar el análisis y aterrizar la lectura que se puede hacer de una serie; es decir, para que no se pierda el discurso conceptual que enmarca una colección dentro de una galería o un museo. Es en este punto en el que también entra a debate el hecho de identificar quienes son los que consumen el arte, quien forma parte del público que asiste a museos y galerías, quienes comprenden en realidad el qué y el para qué sirve una obra de arte. Pero por otro lado se asoma la cuestión de qué arte es el que nos ofrecen los museos y las galerías.

La exposición "Revisiones IV: el cuerpo en la fotografía" que estuvo presente en Patiricia Galería Conde hace unos meses fue curada por el historiador José Antonio Rodriguez.

La exposición “Revisiones IV: el cuerpo en la fotografía” que estuvo presente en Patiricia Galería Conde hace unos meses fue curada por el historiador José Antonio Rodriguez.

 Así, es importante que cada vez que nos paremos en un espacio, entiéndase galería o museo, hagamos una lectura un poco más amplia de lo que se está mostrando, en qué tipo de espacio artístico estamos parados, qué obra nos ofrecen (tanto el museo o la galería, así como los artistas que exponen su obra) y cómo estamos consumiendo el trabajo artístico que se nos presenta. El punto está en intentar desmenuzar la información visual y discursiva que se nos sirve en la mesa y en observar cómo nos comemos el platillo artístico que se nos presenta. Entonces queda preguntarnos si realmente es necesario para nosotros como público leer la descripción del discurso visual y conceptual  de lo que observamos a partir del texto curatorial y si esta descripción funge como una limitante a la interpretación propia de lo que se nos muestra.

Vera Castillo

(DF, 1991) Egresada de la licenciatura en Historia por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Durante la carrera enfocó gran parte de su estudio en la historia de la fotografía en México, específicamente de la segunda mitad del siglo XIX a la primera década del siglo XX. Fotógrafa aficionada con cursos y talleres de fotografía en la Escuela Activa de Fotografía y en la Facultad de Artes de la UAEM.