El almacén de la imagen: la crítica social de Ricardo Modi

febrero 13, 2015

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El año pasado el fotógrafo morelense Ricardo Modi inauguró su exposición Las tres Miradas, en la que intentaba mostrar la manera en la que la fotografía se compone de la mirada del fotógrafo, la mirada del retratado que se presta a una teatralización para representar una realidad sin tiempo, y la mirada del espectador que se apropia de la imagen al momento de ver la fotografía y de interpretarla desde su experiencia. Sin duda alguna, el trabajo de Modi se caracteriza por mostrar escenas ficticias cargadas de simbolismo, de espacios en los que la figura femenina siempre destaca, haciendo expresión de la belleza física y emocional de las mujeres. Las mujeres que Ricardo Modi retrata son féminas que expresan sentimientos a través de la mirada, de los gestos, del movimiento del cuerpo casi siempre delicado y sutil.

Arriba. Fotografía de Muray usada para el suplemento de Vogue en noviembre de 2012. Abajo. Ricardo Modi, Frida, 2014.

Arriba. Fotografía de Muray usada para el suplemento de Vogue en noviembre de 2012. Abajo. Ricardo Modi, Frida, 2014.

 Sin embargo, en esta ocasión apostó por más y sacó a la luz una serie, todavía sin nombre, de ocho imágenes en las que hace crítica social con el medio que mejor domina: la fotografía. Esta serie sigue la línea conceptual de “Si mi país tuviera mirada”, en la que muestra imágenes que, en palabras de Miguel Ángel Izquierdo, Subsecretario de Educación Media superior de Morelos, “[…]corresponden a esa voluntad de Modi por expresar su perspectiva del México contemporáneo, con su dolor y llanto, esta vez mediante mujeres jóvenes.” La nueva serie muestra a algunos íconos femeninos que han sido importantes en la historia y que forman parte de nuestra identidad nacional: Frida Kahlo, Josefa Ortiz de Domínguez, Sor Juana Inés de la Cruz, Rosario Castellanos, la emperatriz Carlota, la virgen de Guadalupe, María Félix y una adelita. Es interesante observar que los íconos que selecciona Modi son personajes femeninos muy fuertes que la historia ha exaltado y con las cuales se ha definido un arquetipo de la mujer mexicana luchona, esa que deja de lado a la madre abnegada y a la mujer sumisa.

 Ricardo Modi inició la serie con la fotografía del personaje de Frida Kahlo. La idea nace a partir de la emblemática fotografía icónica que el fotógrafo húngaro Nickolas Muray haría de Kahlo en 1939 y que sería usada por primera vez en la portada de un suplemento de la revista Vogue México “Frida Kahlo. Las apariencias engañan” en noviembre del 2012. Frida Kahlo es una figura emblemática en nuestro país, no sólo por haber sido esposa del muralista mexicano Diego Rivera, sino por su pintura en la que retrata su propia realidad, así como por la historia personal que constantemente impregna en su obra. La figura de Frida inspira a Ricardo Modi, no tanto por su obra en sí, sino por su pensamiento, por la forma en la que ella ve y entiende la vida. Modi se identifica con el pensamiento de Frida cuando se trata de describir y de incluir su trabajo a un género fotográfico.  Frida Kahlo alguna vez mencionó No sé si mis pinturas son o no surrealistas, pero de lo que sí estoy segura es que son la expresión más franca de mi ser”. Por su parte, Ricardo Modi afirma que se identifica con Frida porque a ella “La catalogaban como una surrealista cuando ella mencionaba que no lo era. A mí me pasa lo mismo que a ella. Siempre me he sentido con mucha empatía con la forma en la que ella pensaba, entonces esta foto fue una especie de autorretrato”. La Frida Kahlo que Modi retrata se adapta a la cultura de nuestra época, deja de lado el vestido tehuano y se pone una chaqueta de piel con estoperoles, un collar de picos y unas botas rojas al más puro estilo punk. Las rosas y el cabello trenzado es lo único que todavía queda de esa Frida que exaltaba lo mexicano en los años cuarenta del siglo pasado.

Ricardo Modi, Virgen de Guadalupe, 2014.

Ricardo Modi, Virgen de Guadalupe, 2014.

 En esa misma serie llamó mucho mi atención la fotografía de la Virgen de Guadalupe por dos razones principales: la primera de ella por la carga simbólica de la figura materna que la Virgen de Guadalupe representa para el pueblo mexicano. La historiadora Alicia Meyer menciona que “Para los habitantes de Nueva España, la Virgen resultó ser símbolo de luz que ilumina, que revela la verdad, manifiesta la pureza y cohesiona en su maternidad simbólica”.[1] En este sentido, Ricardo elige una figura femenina con una presencia fuerte en la cultura mexicana. La Virgen de Guadalupe, menciona Octavio Paz en El laberinto de la soledad, es madre cuyo principal objetivo es velar a los desamparados.

 La segunda razón es que la Virgen de Guadalupe de Ricardo Modi tiene poco de maternal, pues está desnuda, su figura ha sido expuesta y su cuerpo, al mismo tiempo que sus secretos, queda al descubierto. Sin embargo, esta virgen, a pesar de estar desnuda, se muestra fuerte, imponente, sin miedo a dejar de lado su parte espiritual para enseñar su parte más carnal y humana, por ello sigue rezando. Las rosas rojas aluden a la pasión y su santidad queda transgredida desde el momento en el que las flores nacen de su sexo. Al mismo tiempo, la aureola nos recuerda que la Virgen de Guadalupe sigue siendo una santa, sigue siendo un personaje iluminado. Modi habla de esta fotografía en términos de composición y menciona: “Cuando tomé la fotografía yo quería que estuviera completamente equilibrada, por eso ahí la aureola amarilla. Sin ella la atención se dirige más hacia la parte de abajo”.

Ricardo Modi, Sor Juana, 2014.

Ricardo Modi, Sor Juana, 2014.

 Sor Juana Inés de la Cruz deja atrás su pluma y la remplaza por un mangual, así como también deja su poesía barroca para aparecer como sadomasoquista. En la figura de Sor Juana, así como en la de la Virgen vemos una fuerte crítica a las instituciones religiosas. “En esta fotografía quería arriesgarme un poquito más y que fuera más controversial. Quería jugar con esta cuestión de la religión que básicamente es como una especie de máscara. Quería tomarla desde un lado más íntimo, verlo todo como un juego, como estas parejas sadomasoquistas que juegan al sumiso y al dominante.”

 Así, Ricardo Modi juega con la figura de las mujeres más representativas de la historia mexicana, en un intento de apropiarse de ellas, traerlas al presente y crear cierta actitud rebelde en ellas. El fotógrafo revive al fantasma de cada una de ellas y les muestra el presente quebradizo y doloroso de un México del cual ellas formaron parte y por el cual probablemente no sentirían aprecio. Josefa Ortiz de Domínguez regresa de la conspiración insurgente de la primera década del siglo XIX para encontrarse con un México ensangrentado, accidentado, políticamente corrupto y sufre por las penas que nos azotan a los mexicanos. La Adelita se trenza el cabello, se desnuda y desenfunda sus pistolas tatuadas porque está lista para irse a hacer la revolución virtual, en su caballo de juguete que lanza luces de colores por los ojos. La Adelita es la nueva revolucionaria de las redes sociales, pertenece a esa gran masa de mexicanos que tienen sólo la facha de revolucionarios, pero que solo se quejan y no hacen nada: activistas de Twitter. Ricardo Modi, reflexiona en torno a la política, la sociedad y la cultura de nuestros tiempos y hace esta serie con un tono irónico, pues su visión sobre el presente queda cada vez más nublada por un cúmulo de ideales que se presentan en una especie de sinsentido.

Ricardo Modi, Josefa Ortiz, 2014.

Ricardo Modi, Josefa Ortiz, 2014.

Ricardo Modi, Adelita, 2014.

Ricardo Modi, Adelita, 2014.

 

[1] Alicia Meyer, “Flor de primavera mexicana. La virgen de Guadalupe en los sermones novohispános”, pag. 177

Vera Castillo

(DF, 1991) Egresada de la licenciatura en Historia por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Durante la carrera enfocó gran parte de su estudio en la historia de la fotografía en México, específicamente de la segunda mitad del siglo XIX a la primera década del siglo XX. Fotógrafa aficionada con cursos y talleres de fotografía en la Escuela Activa de Fotografía y en la Facultad de Artes de la UAEM.