El almacén de la imagen: la belleza femenina

agosto 1, 2014

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El estudio del arte sirve para entender la representación de los ideales, la cultura y el pensamiento de distintas épocas. Es decir, estudiar el arte ayuda a comprender mejor la forma en la que se vivía y se pensaba en el pasado y con ello entender mejor algunas ideas, conceptos y actitudes que tenemos los humanos en el presente.

 El ideal de la belleza, del amor y de lo femenino ha sido un tema ampliamente revisado por artistas, historiadores, antropólogos, sociólogos, entre otros tantos estudiosos de las humanidades y de las ciencias sociales. Sería casi imposible escribir los métodos con los cuales se ha analizado específicamente el tema de la belleza a lo largo de nuestra historia. Sin embargo, es muy importante observar cómo se ha estudiado este tema, es decir, más que hacer énfasis en la belleza misma se trata de observar cómo es que los estudiosos han investigado la belleza a través del arte como fuente para desmenuzar el pensamiento de una época.

 Puede sonar complicado, sobre todo si se introducen conceptos como arte, belleza y pensamiento. Se trata de métodos de análisis de la imagen. Las maneras en las cuales puede ser leída (entiéndase interpretada) una imagen son cuantiosas. En esta ocasión pondré a discusión una obra que es conocida para la mayoría: El nacimiento de Venus del pintor florentino Sandro Botticelli. Daré una muestra pequeña de cómo ha sido interpretada esta obra por historiadores del arte del siglo XX y por el sociólogo francés Gilles Lipovetsky.

 El nacimiento de Venus es una de las obras más representativas de Botticelli junto con La Primavera, en las que muestra temas mitológicos. A pesar de que Botticelli también hizo pinturas con temas religiosos (pues incluso trabajó algunos frescos dentro de la Capilla Sixtina en Roma), su trabajo más representativo es aquel que trata precisamente temas profanos. El nacimiento de Venus es la obra por excelencia con la cual se puede explicar el Renacimiento, en el cual “renacen” los valores de la antigüedad clásica. Los temas religiosos siguieron siendo tema recurrente en la pintura, sin embargo podemos decir que durante esta época se hace una pausa, no total, del tema religioso en el arte para luego volver con más fuerza en el Barroco.

Sandro Botticelli, El nacimiento de Venus, 1485. Actualmente en Galleria degli Uffizi, Florencia.

Sandro Botticelli, El nacimiento de Venus, 1485. Actualmente en Galleria degli Uffizi, Florencia.

 En cuanto a la técnica pictórica se puede decir que en Quattrocento (siglos XV y XVI) las representaciones humanas se vuelven más realistas, sobre todo si las pensamos en comparación con las figuras humanas del Trecento (siglo XIV) que son más planas. Además en el Quattrocento se empieza a dejar de lado el laminado dorado y la espiritualidad característica de la época.

 En el Renacimiento la figura humana cobra importancia, el cuerpo como creación divina, por lo que tanto en pintura como en escultura vuelve la mirada al arte griego y romano. La perspectiva se hace presente, el cuerpo tiene más movimiento y las escenas representadas son en torno a lo mitológico. ¿Pero qué nos dice el arte renacentista con respecto al pensamiento humano de la época? ¿Qué nos dice del concepto de belleza?

(Izquierda) Cimabue, Virgen con el niño en majestad,  c. 1280- 1290. (Derecha) Botticelli, Virgen con niño y San Juan Butista, 1470- 1475.

(Izquierda) Cimabue, Virgen con el niño en majestad, c. 1280- 1290. (Derecha) Botticelli, Virgen con niño y San Juan Butista, 1470- 1475.

 Las ideas neoplátonicas se hacen presentes en la pintura del Renacimiento. La pintura se acerca a la música lo cual hace que haya un motor filosófico. Para el historiador del arte Erwin Panofsky, la Venus de Botticelli representaba la expansión de la sabiduría, como menciona Alejandra Val Cubero en su artículo “Imágenes en contexto: genealogía, representación social e imaginario pictórico del cuerpo femenino”. Marsilio Ficino, el principal pensador neoplatonico de la Academia de Carreggi, hacía énfasis en el hecho de que la belleza  y el deseo conducían al amor y que este era la forma por la cual se llegaba a Dios.

 Es entonces durante el Renacimiento que se empieza a concebir la belleza como algo agradable y se relaciona ampliamente con la bondad, con la divinidad. En este sentido se rompe la concepción medieval que se tenía de la belleza, en la que aquello que era bello, sobre todo si se trataba de la belleza femenina, conducía al mal. La belleza femenina como provocadora de pecados. En este sentido, las representaciones renacentistas de Venus son importantes para entender el concepto que se tenía de la belleza, del amor, de los valores humanistas.

 El nacimiento de Venus en la historia del arte representa a la Venus Celeste, es decir la belleza celestial que nació por la caída de los testículos de Urano al mar. Por otro lado, La Primavera muestra a la Venus vulgar, aquella que tiene más contacto terrenal por haber nacido de la unión entre Jupiter y Juno. Sea cual sea la representación de Venus, ya sea la celestial o la vulgar, la figura de Venus en el Renacimiento abarca la humanitas. Para Panofsky la humanitas es la reafirmación de la racionalidad y de la libertad, valores humanos. Sin embargo para Gombrich El nacimiento de Venus reafirma la unión del espíritu con la materia a través de la presencia de los elementos: el aire, el agua, el fuego y la tierra. Es decir, para la cultura del siglo XV, la figura de Venus significaba mucho más que una mera representación del cuerpo femenino, según afirma Val Cubero.

(Arriba) Botticelli, El Nacimiento de Venus, 1485. (Abajo) LA primavera, 1482. Ambas pinturas se encuentran en Galleria degli Uffizi.

(Arriba) Botticelli, El Nacimiento de Venus, 1485. (Abajo) La primavera, 1482. Ambas pinturas se encuentran en Galleria degli Uffizi.

Por otra parte, el sociólogo francés Gilles Lipovetsky expone una interpretación de El nacimiento de Venus en su obra La Tercera mujer. Lipovetsky analiza la manera en la que la belleza femenina se empoderó durante el Renacimiento en tanto una nueva significación y la ruptura con la diabolización tradicional.

“A partir del Quattrocento, en los medios florentinos marcados por el humanismo neoplatónico la belleza femenina se libera de su antigua asociación con el pecado.” Giles Lipovetsky.

El nacimiento de Venus es entonces una muestra de esta ruptura, una imagen que, según el sociólogo francés, se acerca más a la figura de María. El Renacimiento invirtió el modelo de belleza en el arte griego en el que normalmente se expresaba por medio de la figura masculina. La mujer aparece como algo “que hay que ver”, afirma Lipovetsky.  Pero al mismo tiempo la figura de la fémina en el Renacimiento, sobre todo en las figuras de Venus tendidas de artistas venecianos, como la Venus dormida de Giorgione, afirma el rol social de la mujer de papel decorativo, ausente de toda acción enérgica, excluida de toda actividad útil.

 El desnudo masculino de Miguel Ángel, por ejemplo, es enérgico, lleno de actividad, dinámico. Las Venus del Renacimientos son mujeres bellas en reposo. Entonces puede observarse la lectura sociológica en la teoría de Lipovetsky, a diferencia de los historiadores del arte, quienes se fijan más en los aspectos estéticos e histórico- culturales de época Renacentista.

Giorgione, Venus dormida, c. 1507- 1510.

Giorgione, Venus dormida, c. 1507- 1510.

Todo esto puede llevar a preguntarnos cómo concebimos la belleza en nuestra época. ¿Sirve este tipo de análisis para el estudio de la fotografía contemporánea? ¿Cómo se muestra la figura de la mujer en la actualidad? Habrá que observar a nuestro alrededor la figura femenina, tanto en las revistas, como en el periódico, como en la publicidad, e incluso en las redes sociales y en proyectos de fotografía artística. Se muestra a la mujer como símbolo de qué, se la concibe en actitudes pasivas o dinámicas, si se resalta la belleza física o sus valores.

Vera Castillo

(DF, 1991) Egresada de la licenciatura en Historia por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Durante la carrera enfocó gran parte de su estudio en la historia de la fotografía en México, específicamente de la segunda mitad del siglo XIX a la primera década del siglo XX. Fotógrafa aficionada con cursos y talleres de fotografía en la Escuela Activa de Fotografía y en la Facultad de Artes de la UAEM.